Hay días de esos que uno amanece sin ganas de nada, que te levantas por obligación y desde el primer momento sabes que no va a ser un buen día. Pero seguimos nuestra rutina, desayuno, ducha, te arreglas y al trabajo y después de vuelta a casa. Parece un día normal, pero en el fondo sabes que no, no es normal, no te sientes bien. Aprovechas la tarde libre para dar un paseo por la playa, te entretienes mirando a la gente, unos bañándose, otros fotografiando a los niños (deben ser turistas porque parece cómo que sea la primera vez que van al mar), curiosamente un señor haciendo un castillo de arena, pero no uno normal, uno enorme con un montón de herramientas al lado y esculpiendo cada detalle. Las gaviotas revoloteando por encima tuya y al fondo alguien haciendo parapente o algo parecido. Te distraes un poco. Aún así sigues caminando con la misma sensación que comenzaste, no te sientes bien, si te preguntan en ese momento no sabrías explicar que es lo que te pasa, pero sientes que algo no va bien. Posiblemente varias cosas que tienes en mente, que le das vueltas varias veces al día, seguramente sea eso que te preocupa más de lo que crees, pero no lo tienes claro. Terminas el paseo y llegas a casa, de nuevo la rutina, ducha, cena, algo de televisión y redes sociales y después a dormir, mañana seguro que el ánimo será distinto, ¿o no? Quien sabe.
HOY DÍA INTERNACIONAL DEL ALZHEIMER, QUERÍA RECORDAR ESTAS LÍNEAS QUE ESCRIBÍ HACE UNOS MESES, AUNQUE ELLOS SE OLVIDEN DE NOSOTROS, NOSOTROS NO LO HAGAMOS DE ELLOS
Hoy fui a visitarte, allí estabas cómo a cada día que voy sentada en el sofá. Me acerqué a saludarte y tú repuesta:
-Hola cariño, ¿Quién eres?
-Soy yo mamá, Desi
-Ah, es que te veo muy cambiada, ¿te hiciste algo en el pelo?
-No mamá, lo tengo cómo siempre, hace años que lo llevo así
-Ah pues no sé, te veo distinta.
Después me siento a tú lado y conversamos un rato, me cuentas las cosas una y otra vez, pero no importa, allí estoy escuchándote. Al principio se me hacía duro me resistía a ver la realidad y no podía enfrentarme a ella, me superaba cuando te veía o hablaba contigo por teléfono y las conversaciones se repetían una y otra vez. El ver cómo se deterioraba tú memoria podía conmigo no podía soportarlo me dolía demasiado. Ahora ya me voy habituando a ello y aunque siga siendo duro creo que al final te acostumbras y pesa más el poder disfrutar de estos momentos juntas que todo lo demás.
Mientras me hablas recuerdo cómo no hace tanto tiempo, me hablabas de todo, me contabas tanto cosas de ahora cómo de antaño sin ninguna dificultad. Me preguntabas por los «niños» (aunque ya no lo fueran tanto), por el trabajo, por todo y ahora… Preparabas comida para todos, te daba igual que fuéramos diez o quince personas, tú te lo veías todo hecho, tan fácil…
Recuerdo la primera visita a la neuróloga contigo y cómo me aferré a qué me dijera que esto era normal, que a tu edad una de cada tres personas nos pasaría esto pero en ningún momento pensé que avanzaría tan rápido. Quizás porque no lo queremos ver, porque es muy duro ver cómo vas decayendo y cada vez recordando menos cosas y duele, mucho, no te imaginas cuanto.
El único consuelo que queda es que al menos estás aún aquí con todos nosotros, que todavía te puedo ver, besar, abrazar o sentarme a tú lado a conversar un rato, no importa que la conversación no tenga sentido, sólo importa que te tengo a mi lado.
*Para ti mamá, aunque no vayas a leerlo y para cada uno de nuestros familiares o amigos que sufren esta terrible enfermedad, tan dura para ellos, y para las personas que tienen a su alrededor.
-Está bien. Dijo el resignado y comenzó a caminar al lado de su amiga.
El camino por el que andaban, era completamente nuevo para él, nunca había estado en ese lugar. Era un camino empedrado y a su alrededor montañas, sin árboles, sin nada de vegetación, sólo tierra y piedra por todos lados.
De repente el chico se fijó que su amiga llevaba una mochila, era algo grande y se veía pesada.
-¿Qué llevas ahí? ¿Tiene pinta de pesar?
-No hagas preguntas y no te preocupes, es necesario que la lleve, tú sólo sígueme que ya falta poco y pronto entenderás todo.
Y así continuaron por el camino, andando uno al lado del otro en silencio, sin más preguntas, aunque al chico la curiosidad le estaba comiendo por dentro pero hizo caso a su amiga, confiaba en ella.
Un rato más tarde, se comenzaron a ver a los lados del camino algunas plantas,
– por fin algo de verde, pensó el chico .
Conforme seguían caminando cada vez cambiaba más el paisaje, se hacía más agradable con un camino menos empedrado, más plantas e incluso algún árbol se dejaba ver. A la chica se le notaba cansada, pero continuaba caminando sin permitir que el peso y el cansancio le impedieran hacerlo.
El camino comenzó a ir hacia abajo, no se observaba aún lo que había y ellos comenzaron a descender, a los pocos minutos llegaron al lugar.
-¡Que maravilla de lugar! Dijo él asombrado
-Ven sígueme, vamos a sentarnos junto al lago. Le dijo ella
Era un paisaje maravilloso, un lago en el centro, césped a todo alrededor, todo lleno de flores, de vegetación, de árboles de todo tipo. Un lugar donde se respiraba paz, donde uno era capaz de llegar y no te daban ganas de irte nunca.
La siguió hasta que llegaron justo al borde del lago, ella se sentó y cuidadosamente él hizo lo mismo, justo al lado de ella, entonces ella se quitó la mochila que había cargado durante todo el camino. La dejó a su lado y la abrió y su amigo se quedó atónito con lo que había en el interior, estaba llena de piedras! Ella fué cogiendo una a una y lanzándolas al lago, su amigo no terminaba de entender la situación y ella le explicó. Esta mochila la llevo a diario y poco a poco la voy cargando de piedras, cuando ya no puedo con el peso, vengo aquí, a este lugar tan especial y las voy lanzando todas, de manera que cuando salga de aquí la mochila ya no pesa nada, no lleva ninguna carga y el dolor de llevarla a cuestas ha desaparecido.
-Este es mi sitio y te invito a que si alguna vez eres tú quien lleva esa mochila cargada, puedas descargarla aquí, yo estaré a tú lado.
Él le dió un abrazo y emprendieron el camino de vuelta a casa, libres de peso y con una increíble sensación de paz.
*Bienvenido/a a mi sitio, hace casi un año que lo creé y cada día estoy más feliz de haberlo hecho.
Hoy de nuevo acudí a ti, varias semanas sin verte pero eso sí echándote mucho de menos. Hoy volví a refugiarme en tus brazos, lo necesitaba tanto.
Necesitaba venir a verte, a contarte como me ha ido en este tiempo que no nos hemos visto y sobre todo a contarte cómo me siento.
No estás tan bonito cómo otras veces, el tiempo ha hecho estragos, aunque para mí serás siempre el mejor de los paisajes, el más bello.
Bueno, he de decirte que yo tampoco estoy en mi mejor momento, llega esa época del año que sin saber el porqué, tan mal me hace sentir (espero algún día encontrarle explicación, o quizás nunca llegue a saberlo). Y aunque esta vez hay ideas, proyectos en mente, nuevas ilusiones, no me siento mejor. Cada día me parece un nuevo reto que superar y con un montón de obstáculos en el camino, a ratos se me agotan las fuerzas y otros cómo si fuera una batería me voy recargando quizás por eso estoy aquí, en mi lugar preferido, porque a tú lado me siento segura es cómo si nada ni nadie pudiera hacerme daño, tus rocas son esos brazos fuertes que me abrazan para protegerme del mundo. El sonido de tus olas al romper contra las rocas es la melodía que más me tranquiliza. Aquí apartada de todo sin gente alrededor que pueda enturbiar esta paz que siento.
Esta sensación es difícil de explicar, una lágrima que cae tímidamente en la libreta donde estoy escribiendo estas palabras, porque aquí a tu lado los sentimientos fluyen de otra forma y consigo sacar todo lo que llevo dentro de una manera distinta, serena sin necesidad de explotar sólo dejando que todo fluya.
Se qué de nuevo estas visitas van a ser más continuadas, porque lo necesito, necesito estar a tú lado. Volveremos a vernos todas las semanas, volveré a tener mis lecturas aquí entre tus brazos, y porqué no algún escrito. Volveré a contarte todo lo que me inquieta pero también lo que me hace feliz.
Volveré una y otra vez a verte, a refugiarme en ti porqué eres y serás siempre «mi lugar preferido».
Algo que parece tan sencillo ¿verdad? Pues no lo es.
Hay veces que necesitas eso, que te escuchen, pero no estás pidiendo opinión, no pides consejo, sólo quieres que te escuchen. Quieres desahogarte, sacar todo lo que llevas dentro porque es necesario, porque te falta hasta el aire y no puedes más, necesitas soltarlo pero sólo quieres hablar y que la otra persona te escuche. Sin aconsejar, sin opinar sin que te dé una regañina en el caso de que no estés haciendo bien las cosas (al menos para ellos), porque en ese momento es lo que menos necesitas.
Lo que necesitas es a alguien que esté a tu lado, simplemente escuchando como te sientes, que es lo que te está pasando, lo que te hace llorar en silencio, y cuando termines de sacar todo lo que llevas dentro te dé un abrazo de esos que curan el alma y permanezca en silencio allí junto a ti. Seguro que más adelante, cuando pase ese momento tuyo, serás tú quien le pidas opinión, quien le pida que te aconseje sobre que hacer y entonces serás tú quien escuche, te guste más o menos lo que te vayan a decir.
Si amigos, en la teoría parece muy sencillo pero no lo es tanto la mayoría de veces es complicado que las personas nos escuchen, en silencio, sin interrupciones porque si no lo hacen así no seremos capaces de sacar todo lo que llevamos dentro.