Excusas…

Excusas…

Siempre se encuentra un momento para aquello que nos llena…

¿Cuál es la mejor excusa que has escuchado últimamente?

Llega un momento en la vida en el que cuando algo suena a excusa, desconectamos y no hacemos caso, hacemos «oídos sordos» y no nos molestamos en decir a la otra persona que se está excusando, al menos eso es lo que me ha sucedido a mí.

No sabría decir cuál es la mejor excusa, hay mucha gente que las usa, o las usamos (no creo que nadie se libre de ello), pero como en todo, te puedes excusar por alguna tontería, algo que no te diste cuenta, o hay quienes repiten las acciones una y otra vez y después se escudan en esas falsas excusas que, por buenas que puedan parecer, ya no las creemos.

Desgraciadamente he tenido que escuchar más excusas de las que me hubiera gustado, y más veces de las que debería. He tenido aguante, al principio de creerlas, después de «aguantarlas» y de última ya de que la otra persona se creyera que me servía esa excusa, hasta que al final digamos «te resbala», haces como decía antes «oídos sordos» y a otra cosa, ahí es cuando realmente se dan cuenta de que su excusa no es «la mejor del mundo» ya no le creen.

Dicen que «las excusas sobran cuando las ganas faltan», creo que esa frase dice mucho, pero sí, también hay excusas sinceras cuando uno intenta y no consigue, más que excusa es un «lo siento»…

B.D.E.B.

Joaquín Sabina – Nos sobran los motivos
De lo que estamos hechos…

De lo que estamos hechos…

Sugerencia de escritura del día
¿Crees que nos moldean más las experiencias o nuestra forma de ser?

Me gusta la pregunta de hoy y no me podía resistir a no contestarla.

De una gran piedra se toma una porción, un prisma y ese sería nuestra forma de ser, la pieza principal. De ahí nos vamos moldeando con las experiencias, con las lecciones que vamos aprendiendo y con todo aquello(s) que nos sucede(n) en la vida.

La pieza principal siempre estará, aquello que nos moldea también le da forma a ella, aunque esa esencia, esa piedra que se va a moldear siempre conservará los materiales de los que está hecha, eso nunca se pierde.

El material de esa pieza es lo suficientemente fuerte para mantenerse, no intacto, si no permitiendo que se moldee con todo aquello que nos va sucediendo, dependiendo de su dureza y de las manos de los escultores, terminará siendo una bonita escultura, una abstracta u otra quizás menos agradable a la vista, las posibilidades son muchas, al igual que esas experiencias que se viven a lo largo de nuestra vida.

Pero en ocasiones es un material más, no diría frágil, más «modelable» y si cae en manos que no son adecuadas puede terminar o en algo feo que no guste o lo que es peor, que no nos guste ni a nosotros mismos.

Creo que sí, que son las experiencias las que nos modelan pero la materia prima de la que estamos compuestos tiene un gran papel para que termine siendo una escultura de esas que nos gusta observar e incluso admirar.

B.D.E.B.

Antonio Orozco – Estoy hecho de pedacitos de ti.
Mi vecino

Mi vecino

Tengo un nuevo vecino, es noruego. Yo le regalé una botella de agua fresca, él a cambio me regala cada día una sonrisa.

Llegó hace un par de tardes  sus pertenencias cabían en una flamante moto, incluida esa tienda de campaña y la pequeña silla.

Él es grandote pero se apaña bien con tan poquita cosa, creo que a veces no es necesario muchas cosas para disfrutar con lo que nos gusta.

A él le encanta Benidorm, a sus amigos no, quizás por eso viaja solo. Dice que le gusta mucho esos grandes edificios tan cercanos al mar, se defiende bien en español.

Creo que no es la primera vez que visita esta zona, aún no tengo muy claro cómo ha viajado desde tan lejos y con la moto, quizás se lo pregunte, aunque conociéndome sé que me quedaré con la duda.

Al día siguiente de llegar, al pasar al lado de su parcela me llamó «eh vecino» (el género de algunas palabras se le escapa) quería saber si el agua de los bloques de baño y lavaderos era potable, le recomendé que mejor no bebiera, aparte de que el agua de por aquí no es muy buena, está calentuja de tanto darle el sol, le ofrecí una botella bien fresca y a partir de ahí todos los días, aparte de su saludo, me regala una sonrisa.

A veces un pequeño gesto marca la diferencia, el camping tiene bar y supermercado, pero creo que cuesta muy poquito ser amable.

B.D.E.B.

Macaco – Mensajes del agua
Cuando los planes cambian…

Cuando los planes cambian…

Hoy la imagen que encabeza la entrada tenía que ser otra, de hecho salí a «cazarla» pero no pudo ser, hubo un trastorno en mis planes y regresé cámara en mano y algo más.

Al poquito de llegar aquí tomé una foto del atardecer pero no era lo que yo buscaba. Lo comenté con alguien, tenía que buscar un buen punto cercano para pillar ese atardecer maravilloso en el Puig Campana, digamos que es esa «asignatura pendiente» que tengo cada vez que vengo aquí.

En estos días he estado buscando y conseguí un mirador no muy lejos (a una media hora en coche) donde supuestamente se observa muy bien y se puede fotografiar.

Y hoy decidí ir. No recordaba el partido de esta noche hasta que a la hora de comer me lo han recordado las noticias. He pensado si cancelar el plan y quedarme aquí, pero no soy futbolera y he creído que sería buen momento porque habría menos movimiento (estarían todos viendo el partido).

Así que esta tarde, preparé un bocata, algo de fruta, bebidas frescas y todo lo necesario de los perretes, todo listo en el coche, ellos conmigo y rumbo hacia el mirador.

Conozco algunas zonas de por aquí pero esa era nueva para mí, el gps se ha encargado de llevarme al sitio. Me adentré en el centro del pueblecito y la última indicación ha sido «gire a la izquierda y habrá llegado a su destino». Era una callecita más bien estrecha  y ponía esa famosa «P» de parking (lo cual me ha alegrado por si acaso no encontraba aparcamiento) y cuando he girado, había una cuestecita y justo debajo una plaza llena de gente frente a una pantalla gigante, «mi gozo en un pozo»…

Supongo que no estaba en mi destino ver ese atardecer hoy, así he cogido la carretera a la que salía la calle y me he despedido del atardecer hasta una nueva oportunidad.

He llegado a la parcela, he sacado todo lo del coche, he encendido el televisor y me comí el bocata viendo la primera parte del partido.

Supongo que era lo que tocaba…

B.D.E.B.

Vanesa Martín – La huella.

*La canción simplemente ha salido como sugerencia y puesto que hoy toca lo que va llegando, pues ahí está.

Noches de verano.

Noches de verano.

Me estoy dando cuenta que el mes de julio aquí es bastante más tranquilo. Cuando cae la noche apenas hay movimiento, algunas noches, si hay fiesta en la zona del chiringuito, se escucha la música, o si hay partido y lo ponen en la pantalla gigante, se oyen los goles marcados, principalmente si juega España o Inglaterra (casi diría que aún más esta segunda)  pero a excepción de esos días no hay a malas penas ruido.

Así, tumbada en la tumbona, con el ventilador (hoy no corre nada de aire) sólo se escucha su zumbido y algún niño de vez en cuando, o mis bichejos que en cuanto ven algo en movimiento, ya sea humano, felino o perruno, se ponen alerta y algún ladrido se les escapa aunque yo intente que callen.

Es esa tranquilidad que te invita a escribir, a leer, a dejar la mente en blanco o hacer un resumen del día. Una tranquilidad que no siempre se tiene, en  casa estaría la televisión puesta y quizás se escucharía a alguno de los chicos si están jugando online, aquí la tele la enciendo mientras como o ceno y en el canal veinticuatro horas, para ver las noticias o casi diría las desgracias del día, porque llevamos una rachita que es un no parar.

Pero es cierto que, por muy a gusto que esté y por mucha tranquilidad que haya y que necesite, parece que falta algo, ese movimiento de las noches de verano, ese jaleo de los niños con las bicicletas o jugando a cualquier juego de correr de un lado a otro, sin fijarse a veces si entran en una parcela que no es la suya.

Faltan esas barbacoas de noche (aunque sean de gas) con el bullicio de las familias que se juntan a prepararlas, incluso quizás con un poquito de música sin subir demasiado el volumen.

Faltan también las parcelas bien iluminadas, con mesas largas y un popurri de aperitivos que cada uno trae de casa. No importa que sea de noche, aquí se come casi igual que de día.

Faltan esos chavales, perfumados y medio arreglados, solo irán detrás de recepción, a escuchar música y conversar, pero se ponen sus «mejores galas» como si se fueran de fiesta.

Se echa de menos y a la vez agradezco esta tranquilidad, raro ¿verdad? Creo que a veces necesitamos un poquito de todo, cada cosa en su justa medida, un poco de bullicio, un poquito de tranquilidad, unos días de estar sola, otros de estar acompañada y por supuesto esos días de compartir cuando llega el resto.

Y mientras llegan y no llegan esas noches de verano que son las que siempre he conocido aquí, tengo tiempo de entrar un ratito por aquí, ponerme al día y también de leer algún libro, aprovechando esos momentos solitarios de tranquilidad, siempre que estos dos bichejos que me acompañan se «porten bien».

B.D.E.B.

Amaral – Días de verano