Romería

Romería

Hay cosas que repetimos a través de los años y, aunque parezca que siempre es lo mismo, cada año nos trae algo nuevo, algo que recordar más adelante, porque no hay dos días iguales, ni siquiera dos momentos iguales, siempre hay algo, por pequeño que sea, que hace que sea diferente a lo vivido.

Hoy de nuevo blusón, gorro, zapatillas cómodas y mochila a la espalda, todo listo para hacer la romería. A primera hora ya estábamos listos en el punto de partida, caña en mano y muchas ganas de hacer una vez más ese camino y de pasarlo bien en la mejor compañía.

La romería (ya lo he comentado en alguna ocasión) la hacemos creyentes y no creyentes, algunos con alguna petición en modo de promesa, otros por tradición y otros con el único fin de compartir el día y pasarlo bien.

Y, como decía antes, hoy ha sido diferente. Salir más tarde esperando a los más rezagados, que cada año parece que la gente «aumente» y que por primera vez la realizo junto a dos personas que se han vuelto bastante importantes para mí, un apoyo fundamental en esos momentos pasados y sé que en lo que esté por llegar.

Además ha sido un día de esos en los que ves que todo está tranquilo, que parece que se hayan limado asperezas y que no ha habido ni una mala cara, solo sonrisas, risas y momentos de compartir.

Pensaréis que es lo normal, pero en ocasiones, cuando los grupos son bastante grandes, esto es todo un logro.

Un buen día, una romería mejor aún y un cansancio al final del día que nos demuestra que los años no pasan en balde, pero mientras se pueda y la salud lo permita, repetiré año tras año ese camino que me inculcaron desde niña y que es una tradición bonita de seguir.

B.D.E.B.

Viva Suecia y Zahara – Días amables
Lo que hay detrás…

Lo que hay detrás…

Un café y mucho más, detrás de ese café hay confesiones, risas, conversaciones largas, complicidad…

No importa el lugar, puede ser más sofisticado o en mitad del campo,acogedor o en primera línea de playa, importa con quien estés, con quien lo compartas. Mirar a esa persona a los ojos, saber que sujeta tu mano, saber que no te soltará.

A veces nos quedamos con ese primer gesto pero detrás es mucho más, no es el líquido ni la taza, es el resto, es a lo que lleva después de ese primer sorbo, a veces incluso esa mirada sobre la parte superior de la taza, porque te escuchan con atención y no desvían sus ojos de los tuyos.

Siempre hay algo detrás  siempre hay algo en el interior y en muchas ocasiones merece la pena asomarse y descubrirlo.

B.D.E.B.

Pablo Ochoa Cordero – Gratitud
Alguien…

Alguien…

Al cruzar de nuevo el arco del torreón, en uno de los árboles que bordeaban el camino, un pájaro negro (estornino o mirlo, no sabría decir) posaba en una rama.

Alguien (que podías ser tú) con mucho cuidado, silencioso, enfocaba su cámara hacia él, disparaba sigilosamente y yo diría que el pájaro hasta posaba.

Mientras nosotros permanecimos un poco alejados, ese «alguien» capturó varias imágenes y después prosiguió su marcha cámara en mano, imagino que buscando una nueva oportunidad, algo interesante que se volviera a cruzar en su camino y se prestara a ser inmortalizado.

Nosotros nos acercamos con cuidado, pero antes de llegar, el pájaro voló hacia el muro de enfrente, me dispuse a fotografiarlo pero de nuevo echó a volar, se cansó de ser retratado o quizás no fui lo bastante sigilosa como ese alguien (que podrías haber sido tú).

No me quedé con pena de no haberlo fotografiado, me quedé con ganas de haber visto las imágenes que alguien capturó de él.

B.D.E.B.

Pedro Guerra – La delicadeza
Cambios necesarios…

Cambios necesarios…

A veces me sorprende como vamos cambiando y como aquello que antes nos importaba tanto cada día importa menos porque nos hemos dado cuenta de que ya no es importante.

Vamos perdiendo por el camino ese sentimiento de culpabilidad que un día pesaba más que nosotros, esas opiniones o ese «qué dirán» que aumentaba ese sentimiento mencionado y que ahora mismo no importa, incluso me siento molesta conmigo misma porque en algún momento haya importado.

Sé que el mérito no ha sido mío solo, que he necesitado ayuda y la sigo necesitando, pero hoy cuando alguien me preguntó ese «¿cómo estás?», pude decir bien, sin culpa, sin sentirme justo al contrario, sin mentiras, sin mentirme…

Voy con pies de plomo, sigo teniendo un poco de «miedo» por aquello que llegará, pero no permito que eso me impida ser un poquito feliz, disfrutar mientras se pueda e ignorar y no dejar que aquello(s) que llega para hacer daño, se salga con la suya.

Hoy noté ese cambio, hoy salí un poquito más feliz y con esperanza que si he conseguido liberarme de parte de ese peso que cargaba, quizás en algún momento lo consiga del todo.

Hay cambios que son muy necesarios para poder seguir adelante, en ese camino de búsqueda de la tranquilidad.

B.D.E.B.

Enrique Bunbury y Carla Morrison  – Porque las cosas cambian

*Cuando hablo de cambios no puedo evitar que venga esta canción a mi mente.

Lo mejor de todo…

Lo mejor de todo…

Esta mañana decía que era «un domingo que comenzaba con un final» y esta es la última imagen capturada allí, antes del regreso a casa.

Unos días intensos y a la vez de relax, una escapada sin prisas y sin planes primero y dos días de apurar hasta el último segundo, más estresados pero a la vez bonitos y divertidos.

Como digo siempre, al final son las personas con las que los vives las que hacen que esos días se conviertan en especiales.

El miércoles por ejemplo me iba a quedar un par de días sola en Madrid, alguien se apuntó conmigo para acompañarme y a partir de ahí todo fue distinto. Pasamos dos días geniales y tuve que reconocer que de haberlos pasado sola habrían sido seguramente deprimentes, los paseos no habrían sido iguales, ni los cafés, ni habría tenido a quien confesar aquello que sentía. No habría tenido quien me hiciera sonreír ni con quien compartir locuras.

Y después llegaron esos otros dos días en Toledo, ya más acompañadas y que, aunque hayan sido de correr arriba y abajo (aunque casi siempre arriba, porque parecía que las cuestas nunca fueran hacia abajo) hemos vuelto a compartir esa pasión por la fiesta que tenemos en común, aparte de muchas más cosas. De nuevo hemos reído, conversado, compartido y hasta nos hemos emocionado porque no hay nada mejor que disfrutar de las cosas con la gente que apreciamos y queremos.

Ahora ya en casa, hecha un trapo (porque lo malo de esto es que termina una así, los años pesan), hago resumen de esos días geniales y pienso en que tenemos que disfrutar de estas oportunidades que nos brinda la vida, agarrarse a esas personas que ofrecieron su brazo para disfrutar juntos pero que mañana, cuando se necesite su hombro para justo lo contrario, también estará a nuestra disposición.

Una vez más, gracias por tanto…

B.D.E.B.

En el camino aprendí… – AmoPaula