Citas…

Citas…

Hace varias semanas que no he podido acudir a esa cita con el amanecer en el mar. He acudido alguna tarde, pero ese momento del día en que a mí me gusta no ha sido posible.

Hoy justo al salir de casa, era temprano aún, me encontré con unos vecinos que venían justo de allí, de dar ese paseo al amanecer y sentí esa punzadita de envidia sana y casi diría de arrepentimiento por no haber ido yo y pospuesto unas horas los otros planes, porque comenzamos un mes bastante ajetreado con las fiestas y va a estar complicado hacerlo el resto de fines de semana.

Es curioso como nos acostumbramos a hacer algo, a tener como «una cita» y en el momento en que no podemos acudir nos sentimos mal, parece que estemos fallando, puede ser que no a otras personas pero sí a nosotros mismos.

Y es que para mí esas citas son importantes, son una de las terapias que me están haciendo sanar y ahora que a la vuelta de la esquina, está uno de esos momentos que sé que, por mucho que me mentalice, que intente no pensar en ello, y que crea necesario tomarlo con tranquilidad, ya empiezo a pensar en ello más de la cuenta, a tenerlo presente y a no poder evitar que aparezca esa ansiedad y nerviosismo de vez en cuando.

Ahora mientras descansaba de un día un poco intenso, mientras observaba esas imágenes tomadas en muchas de esas citas, con el mar, con el amanecer y conmigo misma, he sentido la necesidad de volver pronto, no sé si llegará a ser en un amanecer o en un atardecer, pero estoy deseando volver a tener una de esas citas para recolocar todo aquello que se descoloca, para dejar la mente en blanco y no sobrepensar, para perder la mirada en el horizonte y soñar con una paz necesaria para poder seguir caminando.

B.D.E.B.

Kany García – Aunque sea un momento.
Consejos vendo…

Consejos vendo…

¿Cuál es el consejo más profundo que te han dado? ¿Lo seguiste?

No sé si será el más profundo pero sí el que más me ha calado y me ha hecho comenzar a ver las cosas de otra manera  «no te sientas culpable de algo que no has provocado tú». Esas fueron sus palabras y me las recuerda una y otra vez para que no lo olvide.

Anteriormente otras personas, aunque con distintas palabras, también me lo habían dicho, pero creo que fue a partir de ese día, necesitaba que fuese alguien de fuera de mi entorno quien me lo dijera y fue la única forma de que siguiera ese consejo.

A veces cargamos con culpas y eso es lo que nos impide avanzar, levantarnos y seguir nuestro camino porque nos pesa demasiado. Pero ¿somos realmente culpables? En ocasiones nos creemos que sí y ahí es cuando pesa, pero puede ser que lo creamos porque algunos nos lo hacen sentir pero en ocasiones es necesario que nos paremos a analizar todo, cuando empezó, quien empezó, porque lo hizo y quizás tú también tienes parte de culpa, de no haberte puesto en tu sitio en aquel momento, de no haberte plantado antes, de no haber dicho «no»…

Soy persona de dejarme aconsejar, pero en ocasiones quizás no contamos todo para no recibir esos consejos y cuando cuentas las cosas los consejos llegan a veces pero ya es tarde porque tú ya hiciste las cosas.

Hay un refrán que dice «consejos vendo y para mí no tengo», pues esa sería yo, se me da muy bien aconsejar (que no quiero decir que sean buenos, pero si con la mejor de las intenciones), pero sin embargo me cuesta pedir consejos.

Así que el que más me ha calado ha sido ese, porque lo seguí y me quité un gran peso de encima, algo que me estaba quitando la tranquilidad y diría que incluso la salud.

B.D.E.B.

Paul Alone – Me olvidé de lo bueno.
Aquellos maravillosos años…

Aquellos maravillosos años…

Mientras aclaraba las piedras decorativas del bambú me llegó un recuerdo de la infancia, estar sentada en  el bordillo de la acera con mis amigas jugando con unas piedras, creo recordar que eran cinco, y se iban lanzando una a una hacia arriba y después se recogían de distinta forma intentando que no se te cayera ninguna, es un vago recuerdo que no termino de recordar tan bien como me gustaría, ni como se llamaba el juego ni siquiera si se me daba bien, aunque seguramente sea que no, porque ese tipo de juegos de habilidades y los deportivos nunca se me dieron bien.

Si recuerdo las risas con mis amigas y el sentirme feliz con poca cosa, esa infancia que viví era así, con poca cosa pero lo suficiente para ser feliz, a veces no se necesita tanto.

Justo no hace mucho lo comentaba en el blog de un amigo, quizás vivir en la periferia nos privó de lujos, pero puede ser que en aquel momento no se necesitaran.

Crecí en un ambiente humilde pero con una educación y valores que mis padres siempre me enseñaron, eso junto al amor que nos daban a mí y a mis hermanas, creo que fue suficiente para tener una bonita infancia.

Creo que el peor momento que recuerdo de aquellos años fue el día que tuvieron que salir del país por unas semanas para trabajar en Francia en la vendimia, él se había quedado sin trabajo y algo tenían que hacer para sacarnos adelante, pero para mí fue duro separarme de ellos. El mejor día (lo he escrito en varias ocasiones) su regreso. Si cierro los ojos aún puedo verlo a la perfección, salir de clase y verlo a él esperando tras la valla del colegio, creo que fue el único día que nos recogió del cole (siempre iba mi madre) y si fue alguno más, ese es el único que recuerdo, y salir corriendo hacia él mientras mis lágrimas rodaban por las mejillas.

Con que poco nos conformábamos ¿verdad? Y que poquito necesitábamos para ser felices, a veces unas piedras eran suficientes, otras un regreso, una mirada, una sonrisa y unas lágrimas de felicidad…

B.D.E.B.

Kany García – A la niña que fui
Momentos que regresan

Momentos que regresan

Esta mañana, mientras trabajaba desde casa, he observado una escena de esas que hacen regresar un momento vivido y te dejan con una punzada en el corazón.

Bajaba por la calle un vecino con su hijo joven (de unos veintitantos) y este llevaba en brazos a su perro, un peludo bastante grande y mayor, que ya llevaba un tiempo bastante mal.

Recordé enseguida esa escena del 8 de enero del 2024, cuando otro padre con su hijo joven y el perro en sus brazos, cruzaron la puerta de casa para volver sin él, para que por fin descansara, mientras yo ahogaba mis lágrimas y no podía dejar de mirar el lugar donde me despedí de él.

Esta mañana imaginé el dolor de esa familia recordando el mío propio, recordé cada una de las escenas, cuando supe que había llegado el momento, sus ojos mirando fijamente los míos, yo tumbada en el suelo a su lado y diciéndome a mí misma que hacíamos lo correcto, que no podíamos hacerlo sufrir.

Mientras imaginaba todo lo que llega después, retirar comederos, comida, su juguete favorito, su cama…recordé como mi hijo mayor y yo recogimos cada una de sus  cosas, aparté muebles para que no quedara nada escondido, nada que me lo hiciera recordar, ingenua de mí…no necesité ningún objeto, en todo momento me acordaba de él, a cada segundo lo echaba de menos, lo sigo echando…

Hoy ellos pasarán esa primera noche, yo recuerdo la mía, despertarme de madrugada y encontrar a mi hijo llorando en el sofá, abrazarme a él y acompañar sus lágrimas con las mías.

Es curioso como lo que les ocurre a otros  nos puedan traer de vuelta esos momentos vividos, y como sin apenas conocer, sabemos o intuimos lo que sentirán en cada momento, porque nosotros ya lo hemos sentido…

B.D.E.B.

Leon Leiden & Franco Rey – El Mejor Amigo
Miedos

Miedos

¿Cómo manejas el miedo y la inseguridad?

Si hablamos de inseguridad, no es una cosa que me pare. Es cierto que en ocasiones aparece en diferentes situaciones pero creo que más o menos puedo con ella y cada vez más a menudo suelo enfrentarme a ella, si sale bien estupendo y si sale mal no me quedaré con la duda de no haberlo intentado.

El miedo es otra historia. Es una emoción que desde bien niña me persigue y me cuesta deshacerme de ella o enfrentarme a aquello que lo provoca.

De niña eran pesadillas nocturnas, en ocasiones he hablado de ello, de recordar que me medicaban para «supongo» descansar mejor, pero no cesaban. La mayoría de veces terminaba durmiendo en la cama con mi hermana pequeña porque no podía estar sola y eso me marcó bastante. Siempre que me quedaba sola escuchaba ruidos y no podía conciliar el sueño, incluso cuando crecí y me convertí en adulta, ese miedo a estar sola en la noche era terrible, las pesadillas ya no estaban pero el miedo seguía ahí.

Pero con los años supongo que eso va desapareciendo y llegan otros miedos, otras cosas que tememos más que a un «fantasma» o monstruo o pesadillas. Tememos quizás a cosas más reales, nos da miedo enfrentarnos a situaciones, incluso a personas, y ese miedo creo que es peor.

A ese miedo aún no lo manejo y no consigo enfrentarme. He pedido ayuda y me he dejado ayudar, pero aún así, hay algunas situaciones que temo y que no sé manejarlas, llámese ansiedad, nerviosismo, miedo…o un conjunto de todo, recorre mi cuerpo y lo paraliza.

No sé si algún día todo pasará como  con esas pesadillas de niña, sé que aquello duró muchos años y me dejó tocada por muchos más, así que armada de paciencia esperaré y trabajaré por conseguir enfrentarme a esos miedos y algún día ganarles la partida.

B.D.E.B.

Miedo -M-Clan con Enrique Bunbury y Carlos Raya