
El paso de los años es el que en muchas ocasiones nos hace buscar (o encontrar) las diferencias entre las cosas. Lo que parecía igual, lo que siempre has intentado equiparar y pensabas que realmente era así, y al final descubres que estabas equivocada, que hay muchas diferencias que quizá no veías y ahora sí, o quizás las ocultaban y ahora se dejan ver.
Siempre intento pensar que era yo quien no veía las cosas, quien miraba siempre lo «bonito», creo que es menos doloroso que pensar que te han estado ocultando como eran realmente, y es que a veces nos cegamos y no vemos más allá, como cuando miras al sol y después vuelves a mirar cualquier otro objeto, paisaje, sólo ves esa lucecitas y lo demás está borroso…
Pero hablaba de diferencias, de como siempre has intentado ver todo igual y al final descubres que no lo es.
Y es entonces cuando comienzas a ver que nunca lo fue, que en un lugar pedías y en el otro te ofrecían. En uno reían contigo, en el otro se reían de ti. Donde tú confiabas abusaban de tu confianza, en el otro lugar siempre confiaron en ti, lo siguen haciendo. En ambos lugares te conocieron vulnerable, conocieron tus puntos débiles, unos los ultilizaron para protegerte, otros para saber donde herir.
Habían muchas diferencias, no las supiste ver, o quizás no las creíste o quizás estaban ocultas como en esos pasatiempos que consisten en encontrarlas. Al final salieron a la luz, no porque tú estuvieras buscando, porque al final no se puede fingir todo el tiempo.
Hoy al menos tienes algo claro, quienes están, quienes te apoyan, a quienes les gusta reír contigo o se esfuerzan por verte sonreír. Sabes quienes confían en ti y en quien puedes confiar, sabes con quienes te puedes mostrar vulnerable y contarles tus peores pesadillas, porque crearan una coraza a tu alrededor para que no puedan herirte, y si no consiguen evitarlo, estarán los primeros para curar las heridas.
B.D.E.B.




