Diferencias…

Diferencias…

El paso de los años es el que en muchas ocasiones nos hace buscar (o encontrar) las diferencias entre las cosas. Lo que parecía igual, lo que siempre has intentado equiparar y pensabas que realmente era así, y al final descubres que estabas equivocada, que hay muchas diferencias que quizá no veías y ahora sí, o quizás las ocultaban y ahora se dejan ver.

Siempre intento pensar que era yo quien no veía las cosas, quien miraba siempre lo «bonito», creo que es menos doloroso que pensar que te han estado ocultando como eran realmente, y es que a veces nos cegamos y no vemos más allá, como cuando miras al sol y después vuelves a mirar cualquier otro objeto, paisaje, sólo ves esa lucecitas y lo demás está borroso…

Pero hablaba de diferencias, de como siempre has intentado ver todo igual y al final descubres que no lo es.

Y es entonces cuando comienzas a ver que nunca lo fue, que en un lugar pedías y en el otro te ofrecían. En uno reían contigo, en el otro se reían de ti. Donde tú confiabas abusaban de tu confianza, en el otro lugar siempre confiaron en ti, lo siguen haciendo. En ambos lugares te conocieron vulnerable, conocieron tus puntos débiles, unos los ultilizaron para protegerte, otros para saber donde herir.

Habían muchas diferencias, no las supiste ver, o quizás no las creíste o quizás estaban ocultas como en esos pasatiempos que consisten en encontrarlas. Al final salieron a la luz, no porque tú estuvieras buscando, porque al final no se puede fingir todo el tiempo.

Hoy al menos tienes algo claro, quienes están, quienes te apoyan, a quienes les gusta reír contigo o se esfuerzan por verte sonreír. Sabes quienes confían en ti y en quien puedes confiar, sabes con quienes te puedes mostrar vulnerable y contarles tus peores pesadillas, porque crearan una coraza a tu alrededor para que no puedan herirte, y si no consiguen evitarlo, estarán los primeros para curar las heridas.

B.D.E.B.

Manuel García y Mon Laferte -La danza de las libélulas.
En color

En color

Entré al mismo despacho que hace algo más de un año atrás, y hoy me fijé en ese cuadro de una fotografía en la pared. Era muy parecido a esa fotografía que yo tomé un día, esa arboleda alrededor del camino, un camino que se ve casi sin fin, en el cuadro estaba en blanco y negro, así como yo siempre la había compartido, en blanco y negro, no sé muy bien si por el dolor del día en que la tomé o porque era un camino del cual no veía el final.

La primera vez que entré a ese despacho era solo un principio, uno de esos que sabes que va a ser largo, un camino a recorrer en el que ya anticipabas que habrían muchas lágrimas, muchos momentos de querer tirar la toalla, muchas decepciones (llegaron aún más de las que imaginabas), me atrevería a decir que una enfermedad sí, porque la salud mental también cuenta, y eso era el principio ¿qué sería el final?…

Hoy observé el cuadro, encontré la similitud con mi imagen, y aunque llegué con los nervios a flor de piel, supe que era un camino con final, que puede ser que hoy sea de nuevo otro inicio pero ya más cerca del final. Hoy se acabó una de las grandes incertidumbres aunque no sea del todo, pero quizás aporta un poco de tranquilidad dentro de ese gran caos.

Hoy toca ponerle color a esa foto, hoy ya no está en blanco y negro, Hace poco alguien me decía que era curioso que transformara una imagen al blanco y negro en señal de tristeza, como de duelo, pero es algo que suelo hacer a menudo. Quizás por eso hoy he querido transformarla y ponerla en color, porque aunque queda aún mucho camino por recorrer, muchas lágrimas por derramar y muchos momentos en los que desee de nuevo tirar la toalla, hay mucho más detrás de todo eso…

Hay uniones que no conseguiran romper.

Hay apoyos que siempre están, que no decepcionan.

Hay sueños por cumplir, ilusiones que se mantienen intactas.

Hay un esfuerzo que se tiene que ver compensado.

Hay distancias que ya son insalvables pero quizás porque era necesario.

Lo único que siento de todo esto es que me hizo cambiar como persona, aunque solo sea para algunos…

B.D.E.B.

Luz Casal – Volver a comenzar.
¿Fuimos felices…?

¿Fuimos felices…?

Hoy alguien me decía que era inútil regresar a los lugares en los que creímos ser felices (me lo ha dicho en un sentido diferente, pero como siempre me ha dejado pensando). Si esa frase hubiese llegado en otro momento quizás no la hubiera relacionado con un lugar en concreto, pero justo hoy… enseguida me ha venido un lugar y he pensado en eso de «creer ser felices» porque quizás en alguna ocasión creí serlo pero si realmente lo fui hace ya muchos, muchísimos años de aquello.

En estos días en qué está muy presente los planes para ese puente de octubre, aquí son cuatro días en lugar de tres porque el viernes es el día de la comunidad, y mientras lo más probable es que todos se marchen fuera, a ese lugar, yo me quedaré en casa disfrutando de otra manera.

Cuando hablas con quienes te conocen, saben y entienden tu decisión, otras personas se quedan extrañadas sin entender muy bien, pero no das pie a que pregunten, enseguida sale una excusa para evitar preguntas incómodas, aunque quizás lo incómodo sería la respuesta…

Pero volvamos al principio, a esos lugares donde creímos ser felices y hoy, miramos atrás y nos hacemos esa pregunta, ¿lo fuimos? Si ponemos en una balanza lo bueno y lo malo que vivimos allí, quizás podríamos saber si lo fuimos o no, hoy creo que hubo momentos, algunos quizás buscaría repetirlos, otros me gustaría borrarlos de mi vida, y otros… otros son los que creímos ser felices, creímos que recibíamos lo que dábamos, que todo era recíproco y que duro es descubrir que detrás de una bonita fachada hay un interior oscuro y en ruinas que nada tiene que ver con lo que se deja ver.

Hace unos meses tomé la decisión (o me hicieron tomarla) de no regresar a ese lugar, de momento me mantengo firme en mi decisión, me duele el no volver a donde sí sé que fui feliz, pero momentos parecidos los puedo vivir de otra manera, pero no echo de menos ni quiero volver a donde me hicieron creer que fui feliz, a donde creí serlo y solamente era una fantasía…

B.D.E.B.

Conchita y Nach – Incendios.
Volver a su sitio

Volver a su sitio

Me gusta observar las olas cuando se acercan a la orilla, como dejan esa arena lisa,con una superficie que parece un espejo, donde se refleja el sol,las nubes, o  cualquier persona que pasee por allí en ese momento.

Después vuelven hacia atrás, regresan a ese mar para volver quizás con más fuerza y llegando un poquito más lejos, pero siempre regresan a él, siempre…

En nuestras vidas también se revuelven «las aguas» a veces como un mar furioso, otras como ese mar en calma. Pero ya sea de una forma o de otra, también vuelven a su cauce y esto nos da tranquilidad, de saber que ya todo está como debía de estar.

Intento mantenerlas así pero al igual que no podemos controlar el mar, que el decide cuando estar revuelto o en calma, tampoco nosotros podemos tener las situaciones bajo control, aunque lo que si podemos llegar a conseguir es que vuelvan a su sitio, intentar reorganizar y que cada cosa ocupe su lugar.

Mi problema es que a veces anticipo estos antes de que lleguen, imagino que va a llegar una tormenta solo por haber visto una nube y quizás remuevo el mar que de momento está en calma. Y ahí es cuando me obligo a respirar profundo y visualizar lo que tengo delante en ese momento, intentar no llegar a donde la vista aún no alcanza.

Las olas cuando regresan ya no son las mismas, parte de lo que llevaban se ha quedado en el camino y ya no regresa, en nuestro caso pasa algo parecido, aunque todo vuelva a su sitio, algunas cosas se pierden por el camino y ya no regresan, quizás estas sean las que provocan algunos cambios en nosotros, quizás por ello no siempre se puede volver a ser los mismos, aunque regresemos a nuestro sitio.

B.D.E.B.

Leiva – Tu respiración.