No es el lugar, es la gente.

No es el lugar, es la gente.

Hace años, bastantes ya, en este pueblecito donde estoy pasando estos días nos vinimos a pasar un puente de diciembre tres parejas, mi cuñado y su novia, una pareja de amigos y mi pareja y yo. Quizás porque confiaba, como siempre hacía, en la amistad, en los lazos familiares y todas esas cosas en las que cuando somos jóvenes nos dejamos llevar pero conforme la vida te va dando palos ya empiezas a construir una coraza y es poca gente a la que vas a dejar entrar.

Pues aquellos días confié en ellos y lo dicho, me dejé llevar, me mostré cómo soy cuando estoy con mi gente, menos tímida de lo normal, risueña y hasta capaz de hacer alguna gracia o soltar algo que haga reír a los demás. Pues bien, pasamos un día agradable, entre risas y buenos ratos, yo confiaba en ellos y pensé que reían conmigo, pero después me di cuenta al cabo de los días, que quizás era de mí.

Después de pasar ese maravilloso día llegamos a la casa y yo, aunque era un poco tarde para eso, me acosté un ratito la siesta, es algo que hago siempre que puedo, me encanta.

La casa por aquel entonces no tenía calefacción, la chimenea en la cocina y en las habitaciones algún radiador de aceite y donde yo dormía, una estufa de tubos. Me tumbé y una de las almohadas que tenía la dejé en los pies, con tan mala suerte que mientras dormía le di una patada y terminó encima de la estufa. Imaginaos al cabo de un ratito, por el olor desperté, tosiendo sin parar abrí la puerta de la habitación y toda la planta superior de la casa se llenó de humo, subieron todos, sacaron la almohada a la terraza y apagaron las brasas que habían en ella, se estaba quemando sin llamas, y rápidamente abrieron todo para ventilar, bajé a la planta baja de la casa y me senté en la cocina a pasar el susto y a recuperar la respiración, imagino que tendría que haber ido al hospital pero nadie dijo nada y yo en lo único que pensaba era que podía haberme quedado allí en esa cama para siempre porque nadie se había dado cuenta de lo que estaba pasando en la planta de arriba, demasiado ocupados bebiendo, riendo…

Terminaron esos días y volvimos a Alicante y allí fue donde terminé de darme cuenta que, a excepción de mi pareja, el resto no era mi gente, esos ratos en los que yo simplemente era yo misma, cómo soy cuando me encuentro rodeada de mi gente, ellos lo achacaban a qué me había tomado dos chupitos de algún licor y me había «colocado»… no había sido así, pero si lo hubiese sido ¿Qué?

Me di cuenta que no merecían la pena, hasta el momento del incidente de la almohada parecía gracioso, así que al final te das cuenta de que esa gente no merece la pena tenerla entre «los tuyos».

Seguí manteniendo el contacto, como es normal porque había lazos familiares, trabajo, bastantes cosas por medio, pero nunca más en una reunión con ellos me comporté como soy entre amigos, siempre fui de nuevo la chica tímida, callada y de pocas risas que al parecer les gustaba más.

Siempre que vengo de nuevo a esta casa recuerdo aquellas vacaciones, aunque ahora si que puedo volver a ser yo en algunas ocasiones cómo en estos días.

Siempre diré que no es el lugar, es la gente.

B.D.E.B.

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