«Hola vida mía,
Esta será la última carta que te escriba, no te asustes, es por algo bueno, en unos días regreso a casa. Ya he terminado todo el trabajo que tenía aquí y me mandan de nuevo para casa y esta vez es para quedarme definitivamente.
Ahora que ya regreso te puedo decir que estos meses aquí han sido un tormento, porque ya no sé vivir si no te tengo a mi lado.
Necesito que tu rostro sea lo primero que vea cuando despierto por las mañanas, echo de menos esas largas tardes de domingo acurrucados en el sofá, debajo de una manta viendo una película, daba igual si buena o mala, lo importante era estar juntos.
Quiero tenerte de nuevo cara a cara y perderme en esos ojos negros, en esa mirada profunda, necesito acariciarte de nuevo, abrazarte, besarte y tantas cosas más…
Quedan apenas unos días que me consta se harán eternos, pero después nos tendremos para siempre.
Te quiero vida mía. «
Dobló la carta y la metió de nuevo en el sobre y este a su vez lo guardó en el cajón del aparador. Se secó las lágrimas y se dirigió a la habitación, se metió en la cama con mucho cuidado de no despertarlo y se abrazó a él.
Habían pasado ya diez años desde que recibiera la carta y cómo cada uno que pasaba se levantaba de madrugada a leerla para emocionarse tanto o más que la primera vez que la recibió.
B.D.E.B.





