Dicen que la vida te da una de cal y otra de arena, no sé cual de las dos es la mala, pero creo que con esa ya se está pasando.
Si hace un par de días, un pequeño detalle (para mi muy grande) de una niña, conseguía alegrarme el día, ayer me tenía preparado un nuevo «zasca» y es que esto últimamente es un no parar, pero lo vamos aguantando de la mejor manera, así que decidí que mientras el pequeño estaba en karate pues dar un paseo por la playa y despejarme. Mientras caminaba iba pensando en todo lo que estaba pasando y lo que sabía que estaba por pasar, desde el día de hoy que me iba a atormentar un poco más, hasta las consecuencias de esto. Pero a la vez pensaba también en cosas bonitas que van a pasar en este mes (al menos eso espero, que no se estropeen también) y volví a la misma conclusión, una de cal y otra de arena, no conseguía despejarme cómo otras veces. Así en un momento me detuve a mirar el cielo estrellado y me adentre, por una de las pasarelas de madera que hay en la arena, a sacar unas fotos, creo que fue lo único que me hizo olvidar todo, recordé de nuevo mi época estudiantil y cuando los profesores en los campamentos nos enseñaban algunas constelaciones.
Al menos saqué algo positivo del día, algo que me hiciera sonreír, bonitos recuerdos y un bonito cielo estrellado.
B.D.E.B.
No sé si se aprecia bien, parte de la constelación de Orión
Ayer, último día de enero y que ganas de que terminara este fatídico mes, visité a la pareja de uno de mis sobrinos en su negocio y me encontré por sorpresa con mi sobrinita (es hija de ella pero para mí es mi sobrina igual). La niña es muy tímida y me recuerda mucho a mí cuando era pequeña porque siempre tiene una sonrisa «tímida» con la que recibirte y le cuesta dar besos y abrazos porque no tiene todavía mucha confianza con nosotros, viven un poco alejados y no nos vemos todas las semanas pero poco a poco va cogiendo confianza.
El caso es que llevaba un regalito para ella que le habían dejado los «reyes magos» en mi casa y aún no había tenido oportunidad de verla y ayer aunque pensaba entregárselo a su madre pues me encontré con ella allí también. La niña lo aceptó y me dio las gracias (también un abrazo y un beso porque su madre le dijo, cosa que no hacemos bien, deberíamos dejarlos a su aire y que ellos decidan, pero somos muchas las que cometemos ese error). El caso es que estuvo enseñándome unas velas que hacía su madre y ella le ayudaba a ponerlas en cajitas (todo esto me lo iba explicando) y después se fue detrás del mostrador a dibujar, algo que le encanta y se le da muy bien para los seis años que tiene.
Bueno pues al momento se acerca con un recorte de papel y me dice «toma, me gustaría que tuvieras este arte que he hecho para ti», así con esas palabras, que os voy a decir, ese corazón de piedra que hablábamos el otro día pues creo que es de chocolate o algo por el estilo, se derritió ante las palabras de la pequeña y su diminuto regalo, que tardé nada en ponerlo en mi cartera en uno de esos bolsillitos transparentes para colocar el DNI o carnet de conducir, para que al abrirlo esté a la vista.
Siempre he dicho que el regalo no es importante, lo importante es el detalle, el saber que esa persona piensa en ti, se acuerda de ti, a veces es por algún cumpleaños, fiesta, santo… otras simplemente porque han visto algo que les ha hecho acordarse de ti y te lo han comprado, o simplemente han dibujado un conejito de papel para ti, de corazón y esos detalles siempre hay que agradecerlos cómo el regalo más valioso que te puedan dar, en ellos va todo el cariño de esa persona hacía ti.
Pues de allí me vine con esa agradable sensación de cuando alguien hace las cosas para ti porque te aprecian y con unas velas para tres amigas de las que me acordé nada más verlas.
Vamos a por el mes de febrero a ver si se nos da mejor y recordar, no dejéis de sorprender a aquellos que queréis con un mínimo detalle, aunque sea un mensaje, una llamada, un dibujito en un papel…