La montaña

La montaña

Desde abajo la observó, era muy alta y no sabía si sería capaz pero si no lo intentaba no llegaría a saberlo nunca, así que ella mismo se animó «vamos, tú puedes» y se dispuso a ello.

Avanzaba a un paso más bien corto, así quizás se cansaría menos y conseguiría su propósito. A cada paso que daba iba recordando momentos vividos, desde que tenía uso de razón. Sus primeros años en el colegio, no recordaba la mayoría de nombres de sus compañeros, si situaciones vividas incluyendo los ojos de un amiguito que siempre le miraban directos y a ella eso le gustaba mucho y sonreía, ese primer amigo especial que recuerdas aunque sea su mirada.

Recordó cuando sus padres se tuvieron que ir durante unas semanas a trabajar fuera del país, lo mal que lo pasó, lo que les echó de menos, las noches que lloraba en silencio esperando que regresaran pronto y ese día que al salir del colegio allí estaba su padre en la puerta, nunca iba a recogerlas a ella y su hermana, pero ese día allí estaba y ella lloró, esta vez de felicidad.

También su mejor época, la del instituto, donde empezó a descubrir el amor, ese que a veces era correspondido y otras no, y también el valor de la amistad.

Miró hacia abajo y se dio cuenta que ya llevaba bastante avanzado, casi sin darse cuenta estaba a mitad de montaña y lo mejor de todo es que apenas notaba cansancio, se paró, dio un trago a su botella de agua y continuó avanzando.

Mientras continuaba subiendo ese segundo tramo empezó a recordar cuando conoció a su pareja, esa tarde en aquel lugar, ese que no era habitual en su pandilla pero empezó a serlo. Recordó aquella tarde en que él le robó ese primer beso, ese que después recordarían siempre (quizás ella se lo dejó robar). Y junto a esto recordó el día de su boda, ese día tan feliz y celebrándolo con toda la gente que ellos quisieron a su lado, algunos quedaron en el olvido después, otros desgraciadamente ahora ya no estaban, unas lágrimas se le escaparon, cuanto les echaba de menos.

Con tristeza se acordó todo lo pasado hasta llegar a ser madre, aunque finalmente lo consiguió, pero esos momentos de pérdidas también seguían doliendo cuando se recordaban. Recordó felizmente el nacimiento de esos dos pilares de su vida, esos que siempre estarían con ella, su corazón siempre les pertenecería a ellos y daría la vida por su felicidad.

Recordó a todas esas amistades que seguían con ella y aquellos que se habían unido en ese siguiente tramo, cada uno de ellos parecía que ahora le daba un empujoncito para seguir subiendo esa montaña, esa gran montaña que es la vida, que nos cuesta subirla, que nos cuesta cada día ese nuevo paso, que de repente pegas un resbalón y caes un tramo y lo tienes que comenzar de nuevo, ya sea solo o en compañía, pero siempre habrá quien si te pierdes, si se acaban las fuerzas, cuando crees que será imposible llegar arriba.

Siempre habrá una mano amiga que te ayude a llegar a la cima.

Aquí tienes la mía siempre que la necesites.

B.D.E.B.

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