Puesta de sol

Puesta de sol

Recuerdos que aparecen de pronto, situaciones vividas que llegan a la mente y te gustaría volver a vivir, a sentir aquellas emociones.

Aquella puesta de sol que te pareció la más maravillosa que hubieras vivido hasta el momento, más tarde llegaron algunas más, pero esa siempre será especial.

En mitad de la nada, sentados en la arena del desierto, con mucha gente alrededor y sin embargo parece que estéis solos, los dos, todo desaparece salvo vosotros.

Te acurrucas en sus brazos y observas la puesta de sol y pides que se pare el tiempo en ese momento, es demasiado bonito, te sientes tan bien que no quieres que termine.

Habrán más momentos, también especiales, parecidos, no iguales.

Cada momento vivido es único, es por ello que tenemos que disfrutarlo, ya sea una puesta de sol, un beso, un amanecer, un abrazo, un despertar,  una caricia, una tarde cualquiera en la que pronuncias el primer «te quiero»

B.D.E.B.

Renacer en la fiesta

Renacer en la fiesta

Ese año era distinto, estaba disfrutando de la fiesta pero no cómo años atrás, ese año sería el último, cuando terminase la fiesta, cuando se quemara el monumento, no se volvería a plantar otro en su barrio, la comisión se deshacía, su padre se había cansado de estar al frente y ningún otro miembro quería hacerse cargo.

Ella estaba enfadada con su padre, lo culpaba de que la fiesta no siguiera, era pequeña para entender el esfuerzo que aquello suponía y que su padre con su trabajo ya tenía suficiente, el cansancio hacía mella en él y estaba agotado.

Cómo cada 24 de junio esperaron que el reloj marcara las 12 y minutos más tarde llegaron los bomberos, cuando todo estuvo preparado, una bengala y a prender la traca que en segundos llegaría al monumento para quemarlo. Pero no fue cómo otros años, parecía que no quería prender la hoguera, siempre se quemaba bien, pero ese año no, le costaba, tanto que algunos miembros de la comisión junto a los bomberos, entraron para acercar los ninots (figuras)  y que prendiera todo, y ella mientras los observaba no podía parar de llorar, nunca había llorado ese día porque era el fin de un año pero otro comenzaba, ahora ya no, todo terminaba ahí…

Pasaron muchos años y la niña se hizo mayor y al igual que ella creció, también creció su amor por la fiesta  un poco reacia al principio de formar parte de una comisión por su recuerdo de niña, pero pudo más el sentimiento.

Se metió de lleno de nuevo y más tarde inculcó a sus hijos el mismo amor que ella sentía por esa fiesta que desde bien pequeña la llevaba dentro, y al pequeño le caló, casi que más que a ella, disfruta con cada acto, cada desfile, cada actividad y cada noche de hogueras, este año desde la posición más privilegiada de un niño «presidente infantil » disfrutará de cada momento, incluyendo las fiestas hermanas de fallas.

Y ella, cómo es lógico, lo acompañará orgullosa a cada acto, feliz de ver que comparten ese mismo sentimiento por la fiesta.
Ese que de pequeña creyó que perdería pero con el tiempo volvió a disfrutar cómo si fuera niña y no puede evitar que cada noche de San Juan, cuando a partir de las 12 se queman las hogueras, las lágrimas vuelvan a aparecer en sus ojos.

B.D.E.B.

13 de marzo del 2020

13 de marzo del 2020

13 de marzo del 2020, salieron los niños del colegio y recibimos una circular, al día siguiente iban a declarar el estado de alarma y de momento no habrían clases presenciales hasta nuevo aviso, recibiríamos instrucciones para realizar las clases online mediante «zoom». Hasta entonces no había oído hablar nunca de esa plataforma y que familiar se hizo a partir de aquel día…

Asustados nos fuimos a casa y ahí comenzó todo, aunque ya semanas atrás se oían cosas y hasta el día siguiente 14 de marzo, no se decretó el estado de alarma, para mí el confinamiento comenzó ese día.

Días de tristeza, lo principal de ver en las noticias cómo avanzaba todo, la cantidad de enfermos, de personas en la UCI, el agotamiento e impotencia de los sanitarios, tantas cosas… El miedo a que se contagiaran nuestros mayores, nuestros hijos, nosotros, muchos miedos.

Se me hizo muy difícil el no poder ver a la familia, a los amigos, el no poder despedirme de mi tía favorita, de no poder estar con mi prima en esos momentos tan duros, más que a través del teléfono.

¿Hubo algo bueno? Pues dicen que al mal tiempo buena cara, y todas las tardes a las ocho hacíamos una videollamada por el famoso «zoom» con las tres parejas de amigos que formábamos el grupo,  para tomar algo y contar cómo «había ido el día «

Ahí empecé a teletrabajar (una de las cosas buenas que me trajo aquello) y mientras, controlaba las clases que hacían los niños por la plataforma.

Fueron meses muy duros, recuerdo el primer día que nos juntamos la familia después de meses, fue en la terraza de un bar y mi hijo pequeño tenía hasta miedo de besar y abrazar a sus abuelos porque no quería «contagiarles» nada, a pesar de estar bien de salud, puesto que no había salido de casa.

Y el primer encuentro con los amigos, ese abrazo con mi amiga con lágrimas en los ojos, no debíamos, pero tampoco podíamos contenernos, era muy necesario.

Nunca llegué a pensar que aquello durase tanto, perdimos un año de vida, pero no me quejo, hay muchísima gente que la perdió toda o perdió a quien le daba significado a la suya.

Decían que de esa experiencia saldríamos convertidos en mejores personas, el tiempo ha demostrado que no…quien era bueno lo sigue siendo y quien no lo era pues así sigue.

Cuatro años después miro hacía atrás y me quedo con lo poco bueno que hubo y lo malo lo dejo en el recuerdo, nunca en el olvido.

B.D.E.B.

La montaña

La montaña

Desde abajo la observó, era muy alta y no sabía si sería capaz pero si no lo intentaba no llegaría a saberlo nunca, así que ella mismo se animó «vamos, tú puedes» y se dispuso a ello.

Avanzaba a un paso más bien corto, así quizás se cansaría menos y conseguiría su propósito. A cada paso que daba iba recordando momentos vividos, desde que tenía uso de razón. Sus primeros años en el colegio, no recordaba la mayoría de nombres de sus compañeros, si situaciones vividas incluyendo los ojos de un amiguito que siempre le miraban directos y a ella eso le gustaba mucho y sonreía, ese primer amigo especial que recuerdas aunque sea su mirada.

Recordó cuando sus padres se tuvieron que ir durante unas semanas a trabajar fuera del país, lo mal que lo pasó, lo que les echó de menos, las noches que lloraba en silencio esperando que regresaran pronto y ese día que al salir del colegio allí estaba su padre en la puerta, nunca iba a recogerlas a ella y su hermana, pero ese día allí estaba y ella lloró, esta vez de felicidad.

También su mejor época, la del instituto, donde empezó a descubrir el amor, ese que a veces era correspondido y otras no, y también el valor de la amistad.

Miró hacia abajo y se dio cuenta que ya llevaba bastante avanzado, casi sin darse cuenta estaba a mitad de montaña y lo mejor de todo es que apenas notaba cansancio, se paró, dio un trago a su botella de agua y continuó avanzando.

Mientras continuaba subiendo ese segundo tramo empezó a recordar cuando conoció a su pareja, esa tarde en aquel lugar, ese que no era habitual en su pandilla pero empezó a serlo. Recordó aquella tarde en que él le robó ese primer beso, ese que después recordarían siempre (quizás ella se lo dejó robar). Y junto a esto recordó el día de su boda, ese día tan feliz y celebrándolo con toda la gente que ellos quisieron a su lado, algunos quedaron en el olvido después, otros desgraciadamente ahora ya no estaban, unas lágrimas se le escaparon, cuanto les echaba de menos.

Con tristeza se acordó todo lo pasado hasta llegar a ser madre, aunque finalmente lo consiguió, pero esos momentos de pérdidas también seguían doliendo cuando se recordaban. Recordó felizmente el nacimiento de esos dos pilares de su vida, esos que siempre estarían con ella, su corazón siempre les pertenecería a ellos y daría la vida por su felicidad.

Recordó a todas esas amistades que seguían con ella y aquellos que se habían unido en ese siguiente tramo, cada uno de ellos parecía que ahora le daba un empujoncito para seguir subiendo esa montaña, esa gran montaña que es la vida, que nos cuesta subirla, que nos cuesta cada día ese nuevo paso, que de repente pegas un resbalón y caes un tramo y lo tienes que comenzar de nuevo, ya sea solo o en compañía, pero siempre habrá quien si te pierdes, si se acaban las fuerzas, cuando crees que será imposible llegar arriba.

Siempre habrá una mano amiga que te ayude a llegar a la cima.

Aquí tienes la mía siempre que la necesites.

B.D.E.B.

Nuevas ilusiones

Nuevas ilusiones

El domingo me llevaron a dar un paseo por la playa (aún no puedo conducir con mi pierna, aunque mejora poco a poco), llevaba ya un mes al menos sin pisarla, primero por compromisos y después con lo de la pierna… Las ganas que tenía de sentir de nuevo la brisa no os hacéis una idea, el paseo no fue muy largo, ni siquiera por la arena de la orilla cómo me gusta a mí, pero bueno algo es algo, poco a poco.

El caso es que mientras paseábamos, cómo siempre, nos fuimos encontrando con un montón de gente paseando a sus perros y salió el tema. En mi casa lo primero que dijeron cuando falleció mi bichejo, es que no entrarían más perros ni animales en casa, yo desde el primer momento sabía que por mi parte eso no iba a ser así, que aunque ningún perro fuese a remplazar al mío, porque el amor que le tenía era demasiado grande cómo para borrarlo así sin más, en cuanto me sintiera preparada otro perrete entraría en casa, porque aunque cuando uno los pierde se pasa mal, muy mal, mientras ellos viven, mientras los tienes a tu lado, el cariño que te dan, la compañía, es todo y yo necesito volver a sentir todo eso.

Pues después del paseo estuvimos hablando con los vecinos, uno de ellos acababa de adoptar a uno y bueno, la cosa se fue calentando. A la hora de la comida pregunté a mi pequeño que le parecía la idea de volver a tener un perrito en casa. Casi se pone a llorar porque para él era un poco temprano, pensaba que nos habíamos olvidado de nuestro «Naky», le hicimos comprender que no era así y se quedó un poco más convencido, al mayor le pasó algo parecido, dijo que a él le daba igual porque no pensaba hacerse cargo para nada…

Esto fue hasta que un amigo nos envió unas fotos, ahí cambió la cosa, tanto, que ayer por la tarde fuimos todos a ver un perrito y cuando lo vimos ya supimos que no había marcha atrás, que en breve se vendría a casa con nosotros. Y si por mis dos hijos hubiese sido se lo hubieran traído ayer tarde mismo, los que no querían más animales, y sólo había que verles la cara de felicidad.

Desde que mi amigo me lo dio para que lo cogiera al brazo, estuvo conmigo, al principio asustado pero poco a poco cogió confianza, se acurrucaba en mi cuello y no os puedo explicar la ternura que sentí en ese momento, el volver a sentir ese calor, acariciar ese pelito suave, esos pequeños ojitos negros… mil sensaciones. Me costó un mundo devolvérselo de nuevo aún sabiendo que pronto estará con nosotros.

Me vine feliz, muy feliz, porque se que en pocos días estará aquí correteando por la casa, mis mañanas de teletrabajo estarán de nuevo acompañadas por un peludo que vendrá a pedir mi atención, quien me hará compañía en los momentos complicados que pasamos muchas veces y quien volverá a darme ese amor incondicional que te ofrecen ellos.

Algo está claro, a ti pequeño no te podrá sustituir nunca, porque fuiste demasiado especial y te llevaré siempre en mi corazón.

B.D.E.B.