¿Sabes…?

¿Sabes…?

No sé si en alguna ocasión os ha pasado, que notas que una persona no está pasando por un buen momento y te ves con la necesidad de ayudar, algo que te nace, que no puedes evitar, aún sin que te hayan pedido ayuda, sin saber si quieren tu ayuda, pero no puedes remediarlo, ese instinto va contigo, no lo puedes cambiar, ni siquiera las malas experiencias te han hecho cambiar y borrarlo de tu vida.

Pero no siempre, aunque nos veamos en la necesidad, podemos ayudar, a veces no queremos molestar, nos quedamos a un lado, para que esa persona sepa que estamos ahí, cerquita, sin hacer ruido, pero que si nos necesita sólo tiene que decir un «hola» y enseguida tendrá quien le escuche, o quien le hable. Mientras en silencio y esperando que le llegue, tú piensas:

¿Sabes? Puedes hablarme siempre que necesites, cai mil veces y aprendí a levantarme, a impulsarme, muchas veces con ayuda, muchas más yo sola, si lo necesitas puedo ayudarte.

¿Sabes? Aprendí a escuchar, a dejar que otros hablen, a abrazar en silencio, a llorar por dentro porque lo que te duele a mí también lo hace, pero sé disimular, porque no quiero verte triste, no quiero verte llorar.

¿Sabes? Hoy me faltó algo por decir, la mayor satisfacción es conseguir una sonrisa en alguien que está triste, que por un momento se olvide de los problemas, hacer de «payaso» aunque estés muriendo por dentro, porque la felicidad de ellos es la tuya también.

¿Sabes? Si no quieres hablar, o no puedes hacerlo, te puedo aburrir con mis historias, puede que no sean divertidas pero quizás por un momento te olvidarás de aquello que te preocupa.

Sabes que me tienes, que puedes contar conmigo, que quiero verte alegre, que yo también metería la cabeza debajo de la manta, pero la vida sigue y tenemos que vivirla y si se viene cuesta arriba, una mano amiga siempre nos ayuda a subirla.

B.D.E.B.

La canción no tiene mucho que ver pero mientras pensaba en esto la iba escuchando en el coche

Día 12: Satisfacción

Día 12: Satisfacción

Estamos ya en el Ecuador de este calendario y le toca el turno a la «satisfacción», esta es una de sus definiciones: «La satisfacción puede entenderse como el cumplimiento de un deseo o la resolución de una necesidad, de manera tal que se produce sosiego y tranquilidad. Las personas se sienten satisfechas, pues, cuando logran cumplir un deseo o alcanzar una meta trazada de antemano, por lo que se alcanza un estado de bienestar«.

El cumplimiento de un deseo… como si fuera tan fácil ¿verdad? Sigo pidiendo deseos cuando soplo las velas de cumpleaños, cuando veo una estrella fugaz, cuando brindo por el año nuevo, cuando tiro una moneda a una fuente. La respuesta es «no», no se cumplen.

Con el tiempo aprendí que si algo quieres, hay que luchar por ello, sacrificarse, trabajar duro y ser persistente, no rendirse, y así, sólo así, conseguiremos lo que tanto anhelamos.

Cuando esto pasa, cuando llega, la satisfacción es enorme, por haberlo conseguido con nuestro propio esfuerzo.

B.D.E.B.

Día 11: Envidia

Día 11: Envidia

Cuando os veo siento envidia,

envidia de ver cada amanecer

y cada atardecer,

ahí al lado de aquello que adoro

Ver los mil colores, reflejados en el mar

observar todo desde arriba,

diminuto,

así como yo os veo.

Diminutas pero llenas de libertad,

ajenas a lo que ocurre en el mundo,

disfrutando de las vistas,

huyendo del mal.

Siento envidia,

de no poder volar lejos,

de escapar cuando es necesario,

de observar desde arriba

sin nada que me dañe

sin nada que me atrape.

Quizás un día

vuele tan alto como vosotras

pueda observar todo desde el cielo

pueda ver cada amanecer

cada atardecer

sentir la calma

y no mirar hacia atrás.

B.D.E.B.

La noche

La noche

Cae la noche y miro al cielo

La luna, las estrellas

Mi pensamiento es para ti

Para aquellos días de paseo bajo la luna

Aquellas noches sentados en la arena

Notando la suave brisa de las noches de verano

El sonido de las olas, única melodía

Tu brazo acogiéndome,

tus dedos acariciando mi hombro

Mi cabeza reposando en tu pecho

Tu corazón a mil por hora

El mío quería salirse del pecho

El brillo de la mirada, a pesar de la oscuridad

Una caricia en la mejilla

Mi cara se inclina,

la tuya se aproxima

Nuestros labios se juntan por primera vez

¿Fueron segundos?

Durarán para siempre

En el recuerdo,

En la memoria,

En cada playa,

En cada noche de verano…

B.D.E.B.

*Entrada publicada en febrero de 2024, hoy le ponemos voz.

Día 10: Ansiedad

Día 10: Ansiedad

Era un domingo más, de esos en los que toda la familia (por parte de mi madre) nos reuníamos en la casa de campo de mis abuelos, en esa ocasión estaban casi todos los hijos y un buen puñado de nietos.

Los niños correteábamos por toda la finca, entrábamos a nuestro lugar preferido, la cuadra, y allí le dábamos comida a los animales sin que nos viera el abuelo, cariñosamente le llamábamos «tata» nunca llegué a saber el porqué.

Más tarde nos sentamos a comer, mientras nosotros, los niños, estábamos con nuestras risas, los mayores hablaban de sus cosas, y entonces ocurrió. Mi abuelo y su segundo hijo siempre tenían sus diferencias de opiniones, no era la primera vez que discutían, pero nunca como ese día.

Los gritos eran cada vez más fuertes y nuestras pequeñas voces guardaron silencio, sus caras cada vez más rojas y enfurecidas y sus bocas sin dejar de escupir todo aquello que les llegaba, sin siquiera pensar en quienes estaban presentes.

Rompí a llorar, a temblar, a quedarme sin respiración, sin llanto… Mi padre me alzó a sus brazos y ordenó a mi madre coger a mis hermanas y salir de allí. El último recuerdo de ese día fue a mi padre amenazando a mi tío y abuelo, que si me pasaba algo que se escondieran, él, un hombre que odiaba la violencia (y la sigue odiando).

Fue mi primer ataque de ansiedad, a malas penas con unos 7 años, sin saber siquiera que existía esa palabra, con los años llegaron algunos más.

Esa falta de aire, ese llorar sin sonido, el hacerte un ovillo, el temblar…

No sé si fue desde ese día, pero odio las discusiones fuertes, las evito, huyo de ellas, siempre fueron culpables de esos ataques de ansiedad, lo siguen siendo.

Quien lo ha sufrido sabe de lo que hablo, sólo unos brazos rodeándote con cariño, son capaces de hacer que vuelva la calma.

B.D.E.B.