
No sé si en alguna ocasión os ha pasado, que notas que una persona no está pasando por un buen momento y te ves con la necesidad de ayudar, algo que te nace, que no puedes evitar, aún sin que te hayan pedido ayuda, sin saber si quieren tu ayuda, pero no puedes remediarlo, ese instinto va contigo, no lo puedes cambiar, ni siquiera las malas experiencias te han hecho cambiar y borrarlo de tu vida.
Pero no siempre, aunque nos veamos en la necesidad, podemos ayudar, a veces no queremos molestar, nos quedamos a un lado, para que esa persona sepa que estamos ahí, cerquita, sin hacer ruido, pero que si nos necesita sólo tiene que decir un «hola» y enseguida tendrá quien le escuche, o quien le hable. Mientras en silencio y esperando que le llegue, tú piensas:
¿Sabes? Puedes hablarme siempre que necesites, cai mil veces y aprendí a levantarme, a impulsarme, muchas veces con ayuda, muchas más yo sola, si lo necesitas puedo ayudarte.
¿Sabes? Aprendí a escuchar, a dejar que otros hablen, a abrazar en silencio, a llorar por dentro porque lo que te duele a mí también lo hace, pero sé disimular, porque no quiero verte triste, no quiero verte llorar.
¿Sabes? Hoy me faltó algo por decir, la mayor satisfacción es conseguir una sonrisa en alguien que está triste, que por un momento se olvide de los problemas, hacer de «payaso» aunque estés muriendo por dentro, porque la felicidad de ellos es la tuya también.
¿Sabes? Si no quieres hablar, o no puedes hacerlo, te puedo aburrir con mis historias, puede que no sean divertidas pero quizás por un momento te olvidarás de aquello que te preocupa.
Sabes que me tienes, que puedes contar conmigo, que quiero verte alegre, que yo también metería la cabeza debajo de la manta, pero la vida sigue y tenemos que vivirla y si se viene cuesta arriba, una mano amiga siempre nos ayuda a subirla.
B.D.E.B.





