«No entiendo porqué, aunque tenga problemas contigo, no me ha llamado para felicitarme cuando todos los años se ha acordado y tiene mi número de teléfono»
Esa frase que pronunció ayer el chico a su padre me dejó paralizada por un momento, sentí una punzada porque él esperaba esa llamada y por desgracia se quedó esperándola. El padre disculpó a esa persona diciendo que no estaba pasando por un buen momento y que era normal… (lo siento pero yo no estoy de acuerdo, aunque no dije nada) pero aún así el chico no se quedó convencido, estaba dolido.
El problema está en que en muchas ocasiones mezclamos a los niños en los problemas de los adultos, no deberíamos, principalmente cuando ese niño ha formado parte de nuestras vidas desde que nació. Me viene a la memoria cuando mi cuñada se separó de mi cuñado (hermano de mi marido), ella era la pediatra de mi hijo mayor y cuando la llamé para ver como estaba, lo primero que me dijo es que esa situación no cambiaba nada, que seguía siendo la tía del niño y su pediatra, y así fue, hasta de mi segundo hijo que por aquel entonces no estaba ni planeado. Pero no todos somos iguales.
Esa frase se me ha quedado grabada, porque conozco muy bien a mi hijo y sé que aunque hasta ahora no se haya pronunciado, las cosas le duelen y no relacionarse con su tío y su prima aún más, no recibir esa llamada, no por despiste como otras, sino porque no quisieron hacerla le ha tocado fuerte, porque los adultos ya esperamos cualquier cosa pero ellos aún les queda mucho que aprender y recorrer en esta vida.
Afortunadamente a ultima hora recibió llamadas y mensajes que le hicieron olvidar un poco ese pesar y para mí es lo importante. Hoy se ha levantado contento y espero que se olvide de ese pequeño incidente y él siga haciendo las cosas como quiera hacerlas y si le nace llamar a alguien mandar un mensaje o lo qué quiera, estoy segura de que lo hará, sin pedir permiso porque él sabe que no lo necesita, que lo que haya entre los adultos se queda entre ellos y no se tiene que ver involucrado en ello.
Nos queda mucho que aprender de los chicos, mucho (me incluyo).
1. Sensible, desde bien niño lo has sido, cualquier cosa que los demás veíamos normal para ti era especial y sacaba a flote tus sentimientos.
2. Alegre, siempre con una sonrisa, a veces incluso enfadado se te escapa y dices «es que me haces reír» y yo creo que en realidad es que no estás tan enfadado como parece, solo que intentas parecerlo de cara hacia afuera porque por dentro ese pequeño gran corazón no te lo permite.
3. Simpático, todo el que te conoce adora tu simpatía y te adora a ti, te los ganas en un abrir y cerrar de ojos. Siempre has tenido una facilidad increíble para conocer gente y hacer amigos, imagino que porque todos necesitamos alguien como tú a nuestro lado que con simpatía y sin ofender siempre nos hagas reír.
4. Cabezota (no todo va a ser bueno) cuando algo se te mete en la cabeza no hay forma de sacarlo, buscas mil maneras diferentes para salirte con la tuya y siempre te gusta tener la razón, pero si descubres que no son las cosas como tú pensabas, también sabes rectificar.
5. Amigable, amigo de tus amigos, siempre. Les apoyas, les defiendes, estás a su lado en las buenas y en las malas, sufres si ellos sufren e intentas por todos modos que se encuentren un poquito mejor.
6. Impulsivo, para bien y para mal. Para mal, te «disparas» rápidamente cuando algo no es de tu agrado. Para bien, cuando ofrecen participar en algo tú eres el primero, ni te lo piensas.
7. Sincero, dices las cosas tal como las sientes y en ocasiones (aunque yo también lleve la sinceridad por bandera) hay que frenarse un poco porque podemos herir a los demás.
8. Bondadoso, tú bondad siempre te ha caracterizado, das lo poco que tienes. Aún recuerdo ese día que las vueltas de la compra se las diste a un señor que estaba pidiendo en la puerta del supermercado, cuando me lo contaste las lágrimas se me saltaban, pero no debería sorprenderme porque siempre te posicionas al lado del más débil y te enfrentas a quien sea necesario para apoyarlo y defenderlo.
9. Inquieto, no paras, detrás de una cosa tienes que hacer otra, te apuntas a cualquier cosa que ofrezcan sin pensar si tienes tiempo o no, ya lo buscarás.
10. El alma de la fiesta, así te has definido en alguna ocasión. Te diviertes como nadie y tienes que ser el último en irte del lugar, a tal punto que en la mayoría te tiene que traer alguien a casa porque nosotros nos retiramos antes.
11. Cariñoso, llegas y besas y abrazas sin que te lo pidan. Dices palabras que llegan, te preocupas de que todos estén bien y lo preguntas si ves que pasa algo. No puedes ver a nadie llorar, enseguida vas y preguntas ¿estás bien? Sabes que esa persona no lo está pero es tu forma de ofrecer ayuda.
12. Familiar, te gusta reunirte con todos, primos tíos, abuelos. Te duele tener a tus abuelos lejos y lloras cada vez que regresamos de verlos. Necesitas de tu familia pero lo que no sabes es que nosotros también necesitamos de ti, mucho más de lo que imaginas.
13. Desordenado (ya he dicho que no todo iba a ser bueno), el orden y tú no os lleváis bien, uno de los motivos por los que me haces enfadar pero mientras eres desordenado con los objetos, en tu cabeza siempre mantienes un orden de las cosas y a pesar de esa corta edad tienes otra cualidad, en el siguiente punto la explico.
14. Maduro, en ocasiones hablas y razonas como un adulto, pero desde que a malas penas habías comenzado a hablar. Desde bien niño me hablabas de injusticias, de lo que estaba bien y mal razonando todo, y otra cosa, leyes no te faltaban. A pesar de eso no has perdido ni infancia ni adolescencia y tienes para cada cosa un momento.
15. Respetuoso, el respeto va siempre contigo y creo que es de las cualidades que más admiro y más orgullosa estoy de haberte inculcado. Respeto a los mayores, a los pequeños, a tus iguales y no solo respetas, también ayudas al más débil y te posicionas de su parte, ofreces ayuda a los mayores en la medida que te es posible.
Hace quince años llegaste a completar mi vida, a traer la calidez en un día frío, llegaste para compartir mil historias conmigo, para ser mi cómplice en multitud de ocasiones, para poder disfrutar contigo aquello que yo nunca me atreví a hacer y que hoy, cuando te veo haciendo todo aquello que te gusta, me emociona y se me encoge el corazón porque lo vivo contigo, lo comparto contigo y me esfuerzo para que esa ilusión tuya sea posible porque sinceramente la ilusión la compartimos los dos.
Felices quince y feliz vida.
*No sé en qué momento pasamos de celebrar un cumpleaños en un parque de bolas a que se vaya de tardeo juvenil con los amigos…
Cuando las cosas se van alargando hacen que nos vayamos desesperando, que estemos nerviosos y a la mínima que ocurra saltamos aunque después al final reconozcamos que no era para tanto y nos disculpemos si es preciso.
Así me encuentro ahora mismo, hace ya unas semanas que se abrió una pequeña rendija donde comencé a ver la luz en ese asunto que me tiene atormentada desde hace meses, pero aunque todo parece que va avanzando para mí va aún demasiado lento porque cuando tienes tantas ganas de cerrar un capítulo y seguir con tu vida necesitas que sea rápido aunque como ya he dicho en otras ocasiones, las prisas no son buenas y me podrían haber llevado a arrepentirme durante mucho tiempo.
Lo único es que mientras la situación continúa el sufrimiento también lo hace, aparece a ratos el insomnio, el mal humor, los nervios… y estos últimos los sufren quienes están a tu alrededor y aunque, como decía al principio, pidas disculpas, no puedes estar haciéndolo continuamente porque al final termina cansando, no a ti, a quienes las reciben porque nos disculpamos cuando hacemos algo mal en alguna ocasión pero si lo hacemos a diario parece que «seamos así» que nuestro carácter y forma de actuar sea esa, la de estar nerviosos y saltando por todo.
Reconozco que cada vez tengo menos paciencia (imagino que con el paso de los años va a peor) y si a eso le añadimos ciertas situaciones y problemas pues aún empeora la cosa, me acuesto todos los días pensando que al día siguiente intentaré tener algo más, que controlaré un poco esos nervios, que no saltaré a la primera de cambio y me levanto con la misma idea pero el día avanza y todo va volviendo y eso que pensaba se va esfumando y al final pues eso, volvemos de nuevo a lo mismo.
Eso al final nos agria el carácter y ya lo he visto en alguien muy cercano y la verdad que es una pena, me gusta ver a la gente sonreír, me gusta sonreír. Me gusta ver ese brillo en los ojos de cuando somos felices, me gusta tenerlo y me gusta ante una broma reír y no saltar porque no me di cuenta de que era una broma, porque estamos más pendientes de lo malo que de fijarnos que alguien quiere vernos sonreír.
Aunque este fin de semana haya servido para desconectar un poco, comienza una nueva semana y de nuevo es como si todo cayera encima.
El otro día me preguntaron que quería de regalo de Navidad y mi respuesta fue con la voz quebrada que lo que yo quería de regalo no se podía comprar…
B.D.E.B.
Y a veces no llegas a buscar la canción, simplemente aparece y sabes que es la que debe de estar ahí.