Caminaba distraído, con la mirada perdida y los pensamientos quién sabe en qué lugar. Sus pies descalzos sentían la arena mojada y se dejaban acariciar por el agua del mar.
Caminaba lentamente, disfrutando del entorno, de la suave brisa y de esos ligeros rayos de sol que querían escapar entre las nubes. En algún momento se detuvo y miró hacia el horizonte, posiblemente preguntando al mar, esperando las respuestas que a veces nosotros no tenemos y ¿acaso el mar las tiene? No importa, siempre terminamos preguntándole, quizás porque nos sirva de terapia.
Yo caminaba unos metros detrás, observando como quien se observa a si mismo, buscando en otro el reflejo de lo que hacemos, de lo que nos es tan familiar.
Paseos que son más que un caminar, nos lleva más allá, camino a encontrarse con nosotros mismos, en ocasiones observando a otros…
Hay una hora mágica en el día, justo cuando el sol comienza a salir. En apenas unos minutos aparece en el horizonte, como emergiendo del mar, despacio, sin prisas y comienza a reflejarse en él como quien se observa en un espejo, acicalándose para lucir en todo su esplendor.
Unos minutos después sus rayos comienzan a calentar esas frías mañanas de invierno, ahí desaparece la magia y comienza el día.
Es justo en esa hora mágica en la que pienso en ti, te sueño, te dibujo en mi mente y te dirijo al corazón. En ese momento sonrío, miro al mar y al astro rey reflejándose en él.
Sus rayos impactan en la espuma blanca de las olas y estas brillan, ¿cómo tus ojos? Creo que sí, que tus ojos brillan cuando te emocionas, al igual que lo hacen los míos.
Te busco en ese momento, miro a lo largo de la orilla y busco a alguien mirando fijamente el horizonte, quieto, sintiendo y dejándose acariciar por la brisa fresca, por esos primeros rayos o quizás soñando como yo…
Mientras venía en el coche camino hacia ese amanecer en el mar, sonaba una canción que habré escuchado decenas de veces, me encanta. Pero hoy me ha hecho reflexionar, reflexionar sobre las relaciones que un día acaban y lo que viene después.
Cuando comenzamos una relación nos gustaría, incluso creemos, que será para siempre pero por desgracia no siempre es así, en ocasiones termina, a veces mal y otras porque ese amor «se acaba» y quienes antes se conocían hasta el último lunar del cuerpo, se convierten en desconocidos.
Y sería bonito que cuando esto se acaba, al menos permanezca parte de ese cariño que se compartió y poder escribir a quien llegue después como es esa persona de la que un día te enamoraste, escribir desde el amor y no del rencor, sin celos simplemente pedir que cuide ahora que tú ya no estás.
Porque en ocasiones nosotros miramos diferente y solo así podemos ver más allá de lo que otros ven.
B.D.E.B.
Carta a quien me sustituya – Borja Navarro y Cori García
Si echo la mirada atrás no recuerdo la última vez que estuve sola en casa por unos días. Siempre han estado los chicos, o los dos o uno o el otro, pero sola realmente no lo recuerdo.
Esta tarde se lo comentaba a una amiga y me decía que eso está bien, que a veces es necesario, cuando ya estamos acostumbrados a vivir siempre en compañía, el estar solos por unos días, haciendo lo que te apetezca y si no apetece nada, no hacer nada es posible que sí haga falta y más cuando vives siempre con mil obligaciones o compromisos o los buscas cuando ves que tienes un rato libre.
Creo que estamos tan acostumbrados a tener la mayoría del día y de los días ocupados, que cuando aparece un fin de semana así casi que lo vemos extraño y no sabemos bien como va a resultar.
Hoy de momento ha sido tranquilo, después de regresar del aeropuerto de dejarlos, he trabajado un rato y quitando que salí a la peluquería de mi amiga luego ya me quedé tranquila en casa. Aproveché para hacer alguna cosilla que había pendiente y cuando me di cuenta ya se había ido la tarde también.
A veces parece que pase más rápido el tiempo cuando no hay nada planificado, simplemente dejarse llevar por lo que apetezca en el momento que cuando tienes un día de esos de no parar.
Mañana creo que aprovecharé para dar un paseo por el mar y ver el amanecer, aunque eso sea el plan del domingo, creo que mañana también lo haré, hay que aprovechar cuando no hay obligaciones para hacer lo que realmente nos gusta y no solo eso, además lo que nos sienta bien, nos relaja y nos sirve de terapia (últimamente bastante necesaria).
Creo que mi amiga tenía razón y en ocasiones necesitamos un poquito de soledad, de tranquilidad y de dejar de hacer, de vez en cuando no se está tan mal, además, mi negrita ahí está encima por si acaso yo también me voy, el otro ha aprovechado de que el sofá está libre para tumbarse a sus anchas sin que nadie le moleste.
Recuerdo cuando te conocí, apenas era una adolescente responsable, tímida y callada, con muchos sueños por cumplir y un corazón abierto a todo el que quisiera pasar a él.
Congeniamos enseguida, más de lo que jamás hubiera pensado y al poco tiempo fui compañera de secretos, de relatos de una vida dura, de noches de soledad, de penas, fui confidente y amiga, me enseñaste tus costumbres, tus recetas secretas, me ayudaste a convertirme en mujer. Aprendí mucho durante años, casi diría que compartí y me enseñaste más que con quien debí hacerlo, quizás porque te mostraste cercana, o quizás porque sin darme cuenta me envolviste para «hacerme tuya» hoy ya tengo mis dudas…
No negaré que hubieron muchos momentos divertidos, de cariño, de complicidad, te convertiste en alguien muy importante en mi vida, más de lo que tú piensas pero hay cosas que no duran para siempre y supongo que esto tenía que ser una de esas cosas, ¿por ti? ¿por mí? no lo sé y creo que ya poco importa.
En algún momento crecí, los años nos dan experiencia y aprendí a observar, siempre había sido observadora pero con ojos de niña y adolescente, con una mirada inocente y con el tiempo esa inocencia la vamos perdiendo y ahí me seguiste mostrando mucho más y también seguí aprendiendo.
Aprendí que no todo es tan bueno ni tan malo como nos lo quieren hacer ver, que tenemos que descubrirlo por nosotros mismos, llegar más al fondo para saber la verdad por dura que sea.
Que mentir no es opción cuando se hace para mostrar lo que quieres que los demás vean de ti y ocultar tras una máscara lo verdadero.
Aprendí lo fácil que puede ser para algunas personas «dirigir» los pasos de otros en el beneficio propio, yo le llamo «jugar con los sentimientos»…
Aprendí lecciones de lo que NO debo hacer.
Así hoy cuando te preguntas el ¿porqué? ya no eres tan importante, creo que es sencillo, simplemente aprendí, ya no soy una niña y creo tener claro lo que debo o no hacer, seguramente me equivoque muchas veces, lo haré seguro porque no soy perfecta ni pretendo serlo como tú quisiste ser a los ojos de los demás.
Cometeré errores y tendré que pedir perdón, porque no me cuesta hacerlo, no seré tan buena pero nunca hago las cosas por maldad, esa nunca me la enseñaron ni me la inculcaron.
Aún así hoy te doy las gracias, porque aprendí y me enseñaste a no cometer los errores que tú cometiste…