Vidas rotas

Vidas rotas

Esta mañana nada más despertar, mientras tomaba mi café leyendo algunas entradas de los blogs amigos, la televisión sonaba de fondo con las noticias. De repente una de esas noticias ha hecho que dejara la lectura, levantara la cabeza hacia la pantalla y el trago de café se hiciera amargo y apenas pudiera pasar por la garganta.

Ese nudo que se coloca ahí, esa rabia que se crece por dentro y el corazón se encoge, ¿de verdad existe gente así? ¿Qué te puede llevar a hacer esas cosas? Hablo del pequeño de cuatro años «presuntamente» asesinado por la pareja de su madre…

Hace tiempo que las noticias las veo lo justo, pero cuando está la televisión encendida y escucho de refilón cosas así, me sobrecoge de una forma que me cuesta explicar, puede conmigo y no llego a entender y me crea impotencia porque es algo que está fuera del alcance de nuestras manos, no podemos hacer nada por evitarlo, intento buscar respuestas y para esto no las hay.

Lo peor de todo es que esto no es un caso aislado, que hay muchos más pequeños por ahí sufriendo todo tipo de barbaries, viviendo a su corta edad cosas tan horribles por las que nadie debería de pasar, menos ellos, ellos que están aquí porque una vez alguien los trajo a este mundo y hay algo que siempre he dicho, si llega ese bebé y por lo que sea no estamos preparados, nos «viene grande», no podemos por algún motivo hacernos cargo de él, hay miles de familias que no han podido tener esa oportunidad y estarían felices de acogerlos.

Pero creo que esto va más allá, hay gente que disfruta con estas cosas y no ven más allá, no tienen corazón y de verdad que no entiendo como el ser humano es capaz de realizar acciones así a un ser indefenso que lo único que hace es abrazarnos y esperar de nosotros un mínimo gesto de cariño para sonreír y olvidar si en algún momento nos hemos enfadado con ellos.

La vida a veces es muy injusta pero cuando se trata de estos pequeños, de verdad que se me parte el corazón y saco toda la rabia de dentro.

Ese pequeño ya dejó de sufrir, ojalá y ninguno más tuviera que hacerlo.

B.D.E.B.

Un descanso

Un descanso

Hay algunos días que el cuerpo empieza a «quejarse» y es necesario darle un descanso.

Después de un fin de semana largo, que podría haber sido justo para eso, para descansar, pero lo ocupamos justo en lo contrario, en salidas, paseos, comidas, cenas, comenzar las fiestas y compartir, esa palabra y esa acción que tanto me gusta, compartir con nuestra gente.

Y ha sido un fin de semana así, con la visita además de unos amigos de fuera, haciendo un poco de turismo en la ciudad y visitando cosas que me avergüenza decir que aún no había visto más que en imágenes o de lejos (el nacimiento gigante que instalan cada año desde el 2019, aunque los reyes llegaron más tarde) y que en ocasiones tienen que venir de fuera para que les acompañes y así verlo tú también.

Entre todo eso y algunas actividades de la fiesta, comida familiar… unos días que cuando terminan y volvemos al trabajo necesitamos de nuevo vacaciones para descansar.

Así que hoy, un martes muy lunes, y sin parar en toda la mañana, esta tarde decidí tomar un pequeño descanso (si es que eso es posible en una casa) pero de momento he decidido tener un poquito de relax, y ya veis que alguno más han apoyado mi decisión, una encima y el otro a un lado, aquí están, esperando que no me mueva mucho para no molestarlos.

Hay descansos que son necesarios, los años no pasan en balde y el cuerpo se resiente, si le añadimos algunos problemillas desde hace tiempo, pues aún es más necesario el descanso cuando lo pide. Pero… ¿y la mente? Eso ya es otra historia…

Parece que cuando tenemos ese descanso para el cuerpo, es ella entonces la que se pone en marcha, y a una velocidad que no sé si dará para todo. Es un sin parar, con una cosa,con otra,con las fiestas, con los viajes programados, las cartas a «papá Noel y Reyes magos», y algo más, porque una intenta que ya que hay que hacer trabajar a la mente que sea en algo bueno, pero ella que va siempre por delante, llega a ese lugar, a eso que no quieres pensar en ello y al final ahí lo tienes… y en lugar de descansar, nos tensionamos más y de nada sirve ese ratito.

Quizás el escribir o leer consiga ese relax y esa paz, pero a veces es complicado, así que no sé si es mejor no parar con las rutinas, aunque el cuerpo lo pida a gritos, o tumbarse e intentar llevar los pensamientos a algo bonito, soñar despierta…

B.D.E.B.

Y lo bueno de descansar es que siempre hay un momento para escuchar música y encontrar canciones bonitas.
Ruido de fondo

Ruido de fondo

Hay días que comienzan sin nada especial, un día más, un nuevo paseo, un amanecer y después a seguir con la rutina.

Pero cuando comienzas a pasear notas el sol que va saliendo con fuerza y vas sintiendo su calor, un calor parecido a ese abrazo que sin darte cuenta tanto necesitas, y te dejas abrazar por él, necesitas sentir por un momento ese calor, ese que creías que no hacía falta pero te das cuenta de que sin apenas notarlo el frío estaba ahí, acechando.

Esos días que iban a ser uno más y que al final se convierten en especiales, porque te reunes con tu gente sin esperarlo, porque sientes el calor de personas que te quieren, te abrazan como ese sol que ya lo hizo a primera hora de la mañana.

Cuando termina el día te das cuenta de que no ha sido un día más, ha sido un día bonito, has disfrutado de la compañía, te has vuelto a sentir querida y aquello que te ronda en la cabeza es solo ruido de fondo, necesitas escuchar la música que tienes a tu alrededor y olvidarte de ese ruido que solo es eso.

Hoy de nuevo el día amaneció raro pero sabes que la única solución que tienes es volver a poner tu música preferida, disfrutar de ella y que suene más fuerte que ese ruido de fondo.

Hoy no viste salir el sol, pero es momento de salir tú afuera donde te está esperando.

B.D.E.B.

Encuentros

Encuentros

Cada domingo se vuelven a encontrar, se saludan moviendo enérgicamente la cola y comienzan sus juegos. Se persiguen el uno al otro llenándose de arena y después el más valiente se introduce en el agua, el otro se queda mirando a su dueño como pidiendo permiso, pero mejor no, espero fuera a mi amigo.

Mientras yo presencio ese encuentro también recuerdo otros, aquel domingo hace dos años con una promesa, la de traerte conmigo en uno de mis paseos, nunca sucedió… te marchaste antes de poder cumplirse.

Encuentro esas conchas de las que hablaba hace unos días, me encuentro a ese grupo de nadadores que son fieles cada domingo con su cita en el mar. También encuentro a alguna pareja de enamorados, declarándose su amor al amanecer, o aquellos que simplemente observan como sale el sol por el horizonte con una mirada perdida.

Y cada domingo continúo con esos encuentros, el de los recuerdos, el encuentro con el sol nada más despertar, encuentro a mi adorado mar, y me encuentro con ese faro hacia donde me dirijo, quizás para que me sirva de guía para ayudar a otro encuentro muy importante, el encuentro conmigo misma.

Encuentros, que bonito encontrar o reencontrarse ¿verdad? Con lo bueno, con lo que llena con lo que llega al corazón.

B.D.E.B.

Tradición y sentimiento

Tradición y sentimiento

Hoy, cuando los niños ya se han hecho grandes, sigo reviviendo esa ilusión que siempre me contagió mi padre. Mi madre vivía las fiestas de otra forma (ahora si no es porque se lo recordamos para ella son unos días más) pero mi padre siempre las ha vivido con esa ilusión que intentaba contagiar a todos, primero sus hijas y después sus nietos, y lo sigue haciendo.

Recuerdo a mi padre desde que era una niña montando ese árbol de Navidad y a los pies un pequeño nacimiento. No había año que no lo hiciera y tanto de niña como cuando dejé de serlo, siempre le ayudaba.

Dejé de ayudarle a él cuando tuve mi propia casa, mi propio árbol y mi nacimiento. Pero seguí su costumbre y cada año entre el seis y el ocho de diciembre, con la misma ilusión como cuando lo hacía con él, he montado ese arbolito y lo he decorado con paciencia y cariño recordando aquellas imágenes y aquellos momentos.

Después llegaron los niños, primero el mayor, después el pequeño y colaboraron conmigo en esa tarea, con la misma ilusión que yo tenía. Trajeron sus figuras hechas en el colegio y no importaba que no «hicieran juego» con los adornos que habían, tenían su sitio allí, en ese arbolito y eran los adornos que lucían más bonitos.

Más tarde el mayor dejó de acompañarme en la tarea pero el pequeño continuó, en los últimos años era él quien, subido a una silla» colocaba el último adorno coronando el árbol, pero también se ha hecho mayor… este año ha sido tarea mía, pero con la misma ilusión.

Una ilusión que se vive desde niña, que la sigues viviendo de adulta, porque cuando voy a casa de mis padres, a sus noventa años sigue montando ese pequeño arbolito con el nacimiento a sus pies, los nietos también crecieron, ahora llega el turno de la bisnieta y por supuesto de no perder ese espíritu navideño que tanto le ha gustado.

Hoy me doy cuenta que él siempre me contagió ese sentimiento por las fiestas, por las celebraciones, ese sentimiento de compartir, de acoger, de hacer que otros se sientan arropados, hoy entiendo que lo que soy, lo que siento, en gran parte se lo debo a él, porque de lo que vemos y vivimos, de las ilusiones y emociones que nos contagian terminamos haciéndolas nuestras, formaron parte de nuestra infancia y adolescencia y a día de hoy las mantenemos porque nos enseñaron a amarlas.

Hoy mientras montaba el arbolito, recordaba esos momentos, ese pequeño arbol con bolas de mil colores, ese pequeño nacimiento a sus pies y sobre todo, ese brillo en los ojos de mi padre ilusionado de celebrar junto a su familia estas fiestas.

Hay tradiciones que perduran en el corazón y no se deberían de perder.

B.D.E.B.