Días…

Días…

Hay días que las fuerzas se
agotan,
Que apetece más acurrucarse en
un rincón, que salir a
enfrentarse a todo y todos.

Hay dias que parece que ya no
podemos con nada y queremos
tirar la toalla.

Hay días en que hasta la más mínima cosa se nos hace un mundo y el comentario más insignificante nos puede hacer daño.

Esos dias tenemos que dar un
empujón y pensar en las cosas que
están por llegar y que el rumbo
cambiará y nos hará sentir mejor.

Sólo tenemos que ver las
maravillas que nos puede traer un
nuevo día.

B.D.E.B.

El mejor amigo

El mejor amigo

¿Qué tiene de bueno tener un animal de compañía?

El cariño que sienten hacia tí es incondicional. Cuando llegas es el que te recibe con más cariño, nunca se enfada contigo, siempre está a tú lado. Para mí una de las mejores decisiones que tomamos, adoptar un perro, se ha convertido en mi fiel compañero y ahora si me permitís os voy a contar la historia de su adopción aprovechando que se lo prometí a alguien.

-El niño le tenía pánico a los perros, nunca había tenido ningún altercado con ninguno pero cuando veía alguno siempre se escondía detrás de sus padres asustado y temblando. Su vecina tenía dos perros pequeños y cuando salían a la vez, ella sabiendo de la situación, se esperaba que el bajara para que no se asustara más. Sus padres intentaban explicarle que no pasaba nada, que los tocara, pero no había manera de convencerle y quitarle ese miedo que les tenía.

Unas vacaciones se iban a un pueblo de la sierra de Burgos a ver a sus abuelos y había un pequeño inconveniente, ellos tenían una perrita pequeña y muy juguetona. Sabían que no iba a ser fácil pero tendría que acostumbrarse poco a poco a estar con ella.

El primer día fue complicado, a cada momento estaba detrás de sus padres, si corría aún peor porque el animalito pensaba que quería jugar y aún lo perseguia más. El segundo día fue bastante mejor, ya no se escondía incluso se atrevió a acariciarla por primera vez. A partir de ese momento y para asombro de todos, incluso de él mismo, salía a la calle sin miedo de ninguno de los perros que andaban por allí sueltos, así que su padre le preguntó si quería que adoptaran a un perrito. El pastor tenía dos perras que habían tenido cachorros y les había ofrecido si querían alguno, el niño enseguida dijo que sí y quedaron esa misma tarde para ir a recogerlo.

Por la tarde, cuando el pastor llegó de recoger al rebaño, aparecieron los padres junto al niño y justo abrió cómo una verja de dónde empezaron a salir correteando un montón de cachorros, el niño no sabía cuál de todos llevarse, al igual que sus padres, pero finalmente la madre vio un cachorro blanco con una mancha marrón en uno de los ojos y le dijo-¿te gusta este? ¿quieres que nos lo llevemos? El niño asintió y al momento ya tenía el cachorro en brazos. Los padres lo miraban asombrados y felices de que hubiera superado el miedo y sobre todo de tener un nuevo miembro en la familia.

Al día siguiente se volvieron ya para casa siendo uno más y desde ese día el niño nunca más volvió a tenerles miedo,justo al contrario, acaricia a todo el que se encuentra y juega con ellos y el suyo es su mejor amigo, antes de irse a estudiar cada día el perro espera sentado en el sofá a que le dé una galleta y se despida de él.

B.D.E.B.

Puesta de sol

Puesta de sol

El pensó que ya era hora de pasar página, que después de tanto tiempo sufrido por lo que no pudo ser tocaba intentarlo de nuevo, quizás ahora podría ser distinto y por fin alcanzar la felicidad que tanto ansiaba.

A ella la había conocido meses atrás, cuando aún andaba lamentándose por el fracaso de su relación y ella siempre le había alentado a seguir adelante, a superarlo y a «disfrutar de la vida que es muy corta y no sabemos en qué momento se puede terminar».

Ella siempre le había tratado como a un amigo nunca había hecho ni dicho nada que pudiera dar a pensar otra cosa que no fuese amistad por él pero aún así él decidió que quería arriesgarse, puesto que había tomado la decisión de pasar página y lo bien que se sentía cada vez que hablaba con ella, que salían a tomar un café o quedaban para dar un paseo, necesitaba dar un paso más si alguien le podía devolver la felicidad perdida, cada día estaba más seguro que sería ella.

Quedaron cómo cada miércoles para tomar un café y charlar un rato y entre risas, por algo gracioso que había dicho ella, se lo soltó, se puso serio de golpe y un tanto nervioso le preguntó:
-¿te apetece para el puente de la próxima semana venir conmigo unos días a la playa? Un amigo tiene una casita allí y me ha ofrecido ir cuando yo quiera y cómo se que a tí te gusta tanto el mar, pues quizás te apetece. Ella se quedó observándolo, no se esperaba esa invitación, pero menos lo nervioso que estaba él mientras se lo decía, aún así ni lo pensó, le sonrió y le dijo que sí. Le apetecía mucho, no sabía el porqué, pero la idea de pasar esos días al lado del mar y junto a él le pareció un plan estupendo.

Jueves por la mañana a las 9:00, tal cómo habían acordado, ella bajó de casa y ahí estaba él esperando en el coche. Se saludaron y él le ayudó a meter las cosas en el maletero, se le notaba nervioso y ella antes de subir al coche le abrazó y le dió las gracias por la invitación, él parecía que se tranquilizaba un poco, subieron al coche y tomaron rumbo a la playa.

El viaje duraba poco más de una hora, así que se pusieron a hablar del trabajo, de los amigos, de todo un poco hasta llegar al sitio. Una vez allí sacaron todo del maletero y entraron a la casa. Era una casita de una sola planta, con un par de habitaciones, cocina, salón y un sólo baño, pequeñita pero acogedora, en la parte delantera un pequeño porche y el espacio suficiente para dejar el coche. Él le dejó escoger habitación y dejaron las maletas para ir enseguida a ver el mar, aunque no era tiempo ya de bañarse puesto que estaban en otoño, si que podrían pasear y sentarse allí a disfrutar de la vista y de esas charlas entre los dos que siempre se les quedaban cortas, ahora podrían hablar sin prisas, sin el estrés de los quehaceres diarios, esos días iban a ser para ellos dos solos…

Bajaron un pequeño camino y en cinco minutos allí estaban un mar calmado y en ese momento con poca gente, a pesar del día soleado, se quitaron el calzado y empezaron a pasear. A la vuelta llegaron a la casa organizaron todo lo que habían traído y salieron a comer a un restaurante cercano, después de vuelta a casa un ratito de charla y decidieron que irían a ver la puesta de sol a la playa, se lo había recomendado su amigo cómo el mejor espectáculo que podría ver.

Cogieron unas chaquetas finas, puesto que empezaba a refrescar y de nuevo caminaron hacia la playa.
Había más gente que por la mañana, buscaron un sitio un poco apartado y con buena vista, pusieron una toalla en la arena y allí se sentaron uno al lado del otro, estaban en silencio y ella quiso romperlo, -¿Cómo te sientes? Le preguntó, -Me refiero a esa relación que tanto te ha atormentado y te ha hecho sufrir, ¿está superada?
-Más de lo que te puedas imaginar, -le contestó él mientras le sonreía.
-Pues no sabes lo que me alegra escuchar eso, -le dijo ella.
De nuevo se quedaron en silencio, el sol cada vez estaba más bajo y el espectáculo era precioso, en algún momento él pasó su brazo por encima de los hombros de ella y la acercó aún más y ella se dejó llevar y rodeó con sus brazos la cintura de él mientras apoyaba la cabeza sobre su pecho, notó cómo su corazón latía a mil por hora y apretó un poco más su abrazo hasta notar que poco a poco se tranquilizaba. Así estuvieron hasta que el sol se terminó de poner, se soltaron y se levantaron quedándose uno frente al otro, no hubieron palabras, sólo miradas de complicidad, acercaron sus caras, sus labios y se fundieron en un dulce beso.

Se quedaron abrazados y él le dijo muy flojito al oído, -por favor si no sientes nada dímelo, y ella le contestó, -no volvería a romper lo que tanto trabajo me costó arreglar…

B.D.E.B.

La estrella

La estrella

Photo by Sharan Pagadala on Pexels.com

Esa noche anunciaban una maravillosa lluvia de estrellas, el cielo estaría despejado y sería de las noches con más posibilidades de verla, sólo había que ir a un lugar apartado de la contaminación lumínica para poder disfrutar de mejor manera del espectáculo que vaticinaba ser.

Ella les preguntó, aprovechando que salían a cenar, por qué después no se acercaban a una montaña cercana y desde allí observaban esa maravilla de la naturaleza pero para el resto no debía de ser muy importante, no les apetecía nada. A veces se sentía la «rara», para ella había tantas cosas de las que disfrutar sin tener que pagar, un amanecer en la playa, la puesta de sol, una lluvia de estrellas desde un lugar apartado…. pero para el resto las maravillas eran ir a un concierto, disfrutar de esta o aquella fiesta, cine, teatro, les sacabas de ahí y ya no habían otros espectáculos que merecieran la pena, el resto era ¿aburrido?…

Fueron a cenar, tal cómo habían planeado, una copita y de vuelta a casa. Cuando llegaron tardaron poco en acostarse y ella hizo lo mismo, se metió en la cama y no paraba de darle vueltas a cómo sería esa lluvia de estrellas, nunca había visto una estrella fugaz y le apetecía mucho. Al final el sueño la venció pero alrededor de las cuatro de la mañana, justo cuando predecían que sería el mejor momento, como si se hubiera puesto una alarma se despertó. Cogió una chaquetilla fina y salió fuera de la casa.

En una vieja tumbona que había en el jardín se tumbó bocarriba y se dispuso a localizar las constelaciones que conocía. Divisó, con algo de dificultad, pues la casa donde se alojaban no estaba alejada del pueblo y había contaminación lumínica tal cómo le habían dicho, pero aún así consiguió ver la osa mayor, Casiopea, Orión… y allí se quedó observando para conseguir ver esa lluvia de estrellas o al menos una estrella fugaz, con una sólo se conformaba.

Una hora más tarde, a punto de vencerla de nuevo el sueño, casi había desistido, finalmente tendría que darle la razón al resto que desde allí no vería nada y de repente pasó, vio pasar una estrella, fue sólo un segundo pero allí apareció y se fue rápidamente y ella sonrió al cielo.

Poco después se acostó de nuevo, contenta de haber visto aunque sólo fuera una, sólo se acordó de una cosa, no había pedido ningún deseo…

B.D.E.B.

Quizás

Quizás

Quizás no pronuncie a menudo las palabras «te quiero»
Pero te he levantado cuando te has caído.
Te he ofrecido mi mano para escalar montañas y que no cayeras al vacío.
Caminé a tú lado por si te equivocabas de sendero.
Te ofrecí mi hombro cuando necesitabas llorar.
Te abracé fuerte para protegerte de todo.
Estuve contigo siempre que lo necesitaste.
Quizás no se me dé bien hablar.
Quizás se me da mejor demostrar…
B.D.E.B.