
Recuerdo con nostalgia aquellos 24 de diciembre, aquel olor a leña y carne a la brasa, aquel caserón en mitad del campo, pero principalmente aquella mesa larga. ¿Cuántas sillas, veinte, treinta?
El júbilo de un montón de niños que corrían por dentro y fuera del caserón, el frío no importaba, podían más las ganas de poder disfrutar todos los primos juntos.
Con los años se quedó la primera silla vacía, la tuya «yaya», a partir de ahí ya no se volvió a hacer una cena más allí, al menos con todos reunidos. A partir de entonces empezaron a quedar más sillas vacías, abuelo, tíos, primos….
Seguimos celebrando en familia aunque más pequeña, de momento padres, hijos, nietos y hasta una bisnieta, así Seguimos.
Este año no podré hacerlo, estaré lejos de vosotros pero una parte de mí estará en esa mesa que preparéis tenerlo claro, las circunstancias me harán estar lejos físicamente pero mi corazón estará en esa mesa.
Este año cuando esté cenando el 24 de diciembre, para mí habrán dos sillas vacías.
*Un abrazo fuerte a todos aquellos que este año en su mesa tendrán sillas vacías, estas fechas no son felices para todos…
B.D.E.B.

Bonito texto!!
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Muchas gracias Fran, me alegra que te guste.
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Gracias a ti!!!
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Siluetas de amor ausente que las abraza nuestro recuerdo y nos la devuelve eco de las risas que no se olvidan.
Las partituras navideñas son bonitas, llenas de alegrías, pero entonan nostalgia y melancolía.
Precioso
Bonito lunes
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Alegría por los que tenemos y tristeza por los que ya no están.
Gracias por tus palabras Eva.
Feliz semana para ti.
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Lega un momento en que las ausencias pesan más que las presencias. Nos preparamos para ello, pero siempre nos pilla por sorpresa…
Un bonito texto y homenaje.
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Así es, nunca se prepara uno lo suficiente…
Muchas gracias Beauseant.
Saludos.
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