Cómo cada año, ese cinco de enero su madre les llevó a ver la cabalgata de reyes. Su padre nunca les acompañaba porque se quedaba preparando todo en casa para esa noche tan especial, pero ese año era diferente, por motivos de trabajo su padre, muy a su pesar, se encontraba fuera de la ciudad y no podría pasar esa noche con ellos, los dos muchachos estaban tristes por ello pero su madre quiso que no perdieran la ilusión de esa noche y que hicieran lo mismo que hacían todos los años.
Las calles estaban a rebosar de gente, la música de las primeras comparsas ya se escuchaba y todos los niños estaban emocionados esperando ver la primera carroza con el primero de los reyes, todos menos ellos dos, los hermanos estaban allí pero parecían ausentes, no había ninguna sonrisa en sus caras, ni ese brillo en los ojos que tienen los niños ante la emoción de ese día, estaban apagados. La madre se dió cuenta enseguida y les iba comentando el desfile con emoción, intentando que se animaran un poco pero el esfuerzo fue en vano.
En un momento del desfile, la madre sacó su móvil y escribió un mensaje, media hora más tarde les dijo que debían de marchar, que era mejor así ya que evitarían la aglomeración de después y cómo no los veía con ganas… ellos se limitaron a decir «vale» y los tres abandonaron la zona de bullicio para dirigirse «a casa».
Cuando llegaron a una avenida menos transitada, vieron un coche parado y la madre se dirigió allí con ellos, cuando se acercaron pudieron ver al hermano pequeño de su padre en el interior del vehículo, los niños se alegraron y por primera vez en esa tarde sonrieron, su tio bajó y se acercó a saludarlos y les dijo:
– No sé si sabéis que esos reyes a los que no habéis visto hoy, son muy amigos míos y me han contado lo que habéis pedido, así que subir al coche y vamos a ver que se puede hacer…
Ellos emocionados subieron a la parte trasera del coche y su madre se sentó delante junto a su tío y así emprendieron el viaje, emocionados y felices.
Tres horas más tarde, ya de noche y cuando el estómago empezaba a pedirles de comer, llegaron a una ciudad desconocida para ellos, estaba adornada con miles de luces de colores, adornos en las calles, avenidas enormes y ellos tenían los ojos bien abiertos para no perder detalle. Justo al final de una de las avenidas se divisaba un gran hotel y su tio se dirigió hacia allí.
Aparcaron el vehículo en la puerta y se dirigieron directamente a un gran salón dónde había gran cantidad de gente y al fondo se encontraban los tres reyes magos. Uno por uno iban llamando a todos los niños y les entregaban un regalo, lo que habían pedido en su carta, llegó el turno de ellos y los llamaron a los dos juntos, se acercaron a uno de los reyes que les esperaba con una gran caja al lado y la abrieron. Dentro de la caja había una pista de coches enorme, con dos coches de carreras impresionantes, justo aquello que llevaban tanto tiempo deseando pero… ya no.
Uno de los hermanos, miró al rey a los ojos y le dijo «esto no es lo que hemos pedido en la carta», el rey sin apartar la mirada y señalando hacia la puerta del salón, le contestó, «lo sé, lo que habéis pedido se os va a conceder, pero fue él quien pidió en su carta este regalo para vosotros » miraron los dos hermanos hacia dónde señalaba el dedo del rey, y allí estaba su padre, con una gran sonrisa y lágrimas en los ojos, deseando pasar de nuevo una noche de reyes junto a su familia.
Feliz noche de reyes, que vuestro mayor regalo sea celebrarlo en familia, disfrutar de la ilusión de este día tanto para niños cómo mayores y si dejan alguna cosita pues bienvenida sea ¿no?
Hace un par de días, comentaba en la entrada de un blog amigo, que la ilusión por los reyes magos nos la quitaron hace muchos años, cuando te enterabas de la realidad pero que el recuerdo nadie se lo podía llevar.
Y así recordaba aquellos años en los que, junto a mi hermana más pequeña (la mayor tiene diez años más y ya estaba enterada de las cosas, así que era cómplice de los «reyes»), bueno pues mi hermana y yo preparábamos un platito con dulces para los reyes y un vasito de leche y de agua para los camellos y así esperábamos con emoción hasta que se escuchara algún ruido en la galería y íbamos, mi hermana siempre delante por lo miedosa que he sido yo, a ver si ya habían llegado y nos habían traído nuestros regalos. Ese recuerdo, cómo bien decía, nadie me lo puede arrebatar y a cada cinco de enero las lágrimas quieren salir de mis ojos recordando aquella ilusión que sentía y que a día de hoy, pues aún se siente un poco.
Ahora que ya uno sabe las cosas, hasta mis dos hijos ya se han hecho mayores y también las saben, aún queda algo de ilusión en esa noche, siempre guardo alguna cosilla para que todos tengamos un regalito esa noche, incluido nuestro amigo peludo.
Este año tengo muy claro el regalo que quiero, el mismo que quería para estas navidades, el deseo que le pedí al año nuevo y el que ojalá mañana, con esa magia que envuelve el día, llegase esa llamada que esperamos desde hace algo más de dos semanas para decirnos que nuestro amigo peludo no tiene nada grave y se va a recuperar, ese será el mejor regalo de reyes que podría recibir, que podríamos, porque es lo único que deseamos los cuatro en este momento.
Y aunque falta un día aún, os deseo a todos una feliz noche de reyes, que la ilusión nunca se pierda del todo.