Hay sueños que sin ser nuestros los compartimos, momentos, ilusiones. Lloramos y reímos juntos, así es como conseguimos que esos sueños se conviertan también en un poquito nuestros.
En noches especiales como está, los sentimientos a flor de piel, deseando verte con esa gran sonrisa, estoy segura de que vas a disfrutar de cada momento de la noche así cómo lo has hecho durante todo este tiempo.
A veces esos sueños nunca vividos en propia piel, cuando son de personas que quieres como esa familia que eliges (losamigos), te rozan tan de cerca que porqué no, soñamos también. Sientes tanta alegría y felicidad como la otra persona.
Nunca vivi esta experiencia en mi propia piel pero vivirla a tu lado, ver en cada acto esa sonrisa, ese brillo en tus ojos, esa emoción, ha sido como vivirlo yo misma.
Una noche más, deseando verte y disfrutar tanto como tú lo vas a hacer.
Llega un día que te das cuenta que tus prioridades han cambiado.
Aquello que hasta no hace mucho te preocupaba hoy ya no lo hace
No porque se haya arreglado o solucionado, sino porque descubriste que no tenía tanta importancia cómo tú le habías dado, incluso en algunos casos no merecía ni que perdieras el tiempo en ello(s).
-¿Por qué antes sí y ahora no?
Pues posiblemente porque a veces le damos más importancia y vueltas a las cosas de la que tienen. Nos preocupamos por pequeñeces y eso nos impide disfrutar de otras cosas que a lo mejor también son pequeñas, pequeños placeres, y que merecen más la pena.
Hubo un tiempo en el que pensabas que tenías que encajar en un sitio, como tantas veces, más mirando por los demás que por ti, el tiempo te demostró que no era necesario, que ese no era tu lugar, que esa no era tu gente.
Ahora tiempo después ya estás más segura, ya sabes quienes son, mejor dicho, quienes están y es porque en todo este tiempo siempre han estado.
Cambiemos de prioridades, disfrutemos de lleno de esos pequeños placeres, de todos los que siempre han estado y como no…de aquellos que llegaron sin que apenas te dieras cuenta, en silencio, pero que no les ha faltado una palabra amable, una mirada sincera y un abrazo donde cobijarte.
«Se levantó bien temprano y después de una ducha y un café se dispuso a preparar todo. Echó un pequeño bocadillo para el almuerzo, la botella de agua y un café frío para el camino dentro de la mochila, se puso el blusón típico de ese día, la gorra y la mochila a la espalda.
Al salir de casa miró al cielo, estaba un poco nublado pero mejor así, cogió el autobús que le llevaría al centro de la ciudad y allí se uniría a las miles de personas que estaba previsto que hicieran la romería como cada año.
Llegó a la plaza, cogió una caña con su ramita de romero y esperó que saliera la comitiva para empezar a caminar tras ellos.
Ese año era especial, el año anterior no había podido hacer la romería por su embarazo, pero este año si que tenía que hacerla y le apetecía mucho, tenía mucho que agradecer.
Al contrario de otros años había decidido hacerla sola, sin compañía y así mientras caminaba iba pensando en todo lo bueno que le había pasado el año anterior, el nacimiento de su hijo lo mejor. Después de todo lo vivido por fin tenía a ese pequeño con ella, con ellos y no podía ser más feliz.
Y también se acordó de esa tradición de la romería a la Santa Faz. Algo que llevaba haciendo desde pequeña, desde que ella podía recordar, cada año ese segundo jueves después del jueves santo, miles de personas se reunían en la plaza de la concatedral de San Nicolás para hacer la romería, por el camino se iban uniendo gente de distintos barrios y a mitad de camino el puesto de los rollitos de anís y la mistela, para coger fuerzas y terminar el camino hasta el monasterio, allí en la plaza, en un altar improvisado, tenía lugar la misa y una vez finalizada se podía entrar a tocar la reliquia.
Después a almorzar o pasar el día en el campo, y recordaba como de niña, junto a sus padres y amigos, llevaban los capazos de mimbre con la comida para pasar el día, como si se tratara de un día más de pascua. Un mantel al suelo y allí mismo comían, no era necesario ni mesas ni sillas, al ir andando era lo que tenía, cuanto más ligeros mejor.
Y así con todos esos recuerdos en la cabeza, cuando se descuidó allí estaba, había llegado a la plaza, un sentimiento le invadió (este año más especial que en otras ocasiones), y sus ojos se llenaron de lágrimas para decir una sola palabra…»gracias»
Se quedó allí entre todo aquel tumulto de gente y escuchó la misa, una vez terminada se marchó a la sombra de un árbol, almorzó y tomó el camino a casa, el año siguiente volvería con su pequeño.»
Hoy, día de la «Santa Faz» aquí en Alicante, día de la romería que por desgracia este año no puedo realizar (otra de las cosas que la dichosa pierna me impide de nuevo), quería escribir unas letras sobre ello, sobre esa tradición que creyentes y no creyentes, realizamos cada año porque se ha convertido en un día de compartir, de realizar ese camino y pasar el día en el campo con amigos, familia…un día bonito porque todo lo que sea compartir con la gente que quieres siempre es bonito.
Este año me quedo con las ganas, el próximo espero no fallar.
Y os dejo un dicho de aquí, que dice así:
«Hay tres cosas para ser un buen alicantino, herculano, foguerer y de la Santa Faz peregrino»
Describe un cambio positivo que hayas hecho en tu vida.
Desde bien pequeña, siempre fui bastante tímida, me costaba un mundo abrirme a los demás, hablar con gente nueva y sobretodo hacer nuevos amigos.
Así fue de niña, más tarde de adolescente, incluso de adulta también lo fue.
¿En qué momento cambió todo?
Realmente no lo sé a ciencia cierta, pero llegó ese cambio y yo entiendo que para bien.
Llegó el día en que comencé a mantener conversaciones con gente a la que apenas conocía, a perder algo de timidez y relacionarme más con la gente que llegaba a mi círculo de amistades.
Comencé a mostrarme como soy con la gente que me inspira confianza, con la gente que quiero y que sé que me quiere también.
Aprendí a abrirme, no con todo el mundo, pero si con quien me ha tendido su mano y me ha demostrado que sabe escuchar (no todo el mundo sabe hacerlo)
También he aprendido a soltar todo aquello que me ahoga a través de las letras, se que se podría hacer mucho mejor, pero bueno…es hasta donde llego, es lo que me sale de dentro y cierto es que al menos me libera.
Y así llegó ese cambio, aprendí a ser y sentirme yo misma, con mis defectos y mis virtudes, a disfrutar con mi gente y también a disfrutar de este sitio que para mí también ha sido un gran cambio.