Disfrutar de las cosas sencillas

Disfrutar de las cosas sencillas

¿Qué es para ti la libertad?

Sentir la arena en mis pies mientras las olas los acarician suavemente, la brisa enreda mis cabellos y el sonido del mar me transporta a otra realidad, ahí siento libertad.

Desde la cima de una montaña observar el paisaje de alrededor, lo diminuto que se ve todo, el aire fresco que se respira, lo lejos que está todo, hasta los problemas…

Pasear por jardines, el olor al césped recién cortado, las flores que en este mes están más bellas y olorosas que en ningún otro, observar los miles de colores, dejarse llevar por los sentidos.

¿Qué es para mí la libertad?

Poder disfrutar de aquello que nos gusta, que nos hace felices sin que nada ni nadie nos lo impida.

¿Parece sencillo verdad?

B.D.E.B.

Un gesto amable

Un gesto amable

Cuando uno trabaja en algo que le gusta, que es su vocación, se nota mucho y cuando ese trabajo implica el tratar,cuidar, curar, enseñar… a otras personas, aún se nota más.

En alguna ocasión he hablado de algunos profesores que tuve y que hicieron que esos años de instituto fueran maravillosos y a día de hoy (bastante lejano ya) guarde un recuerdo muy bonito de ellos, de como se portaron y de el cariño que siempre les guardaré.

Pero hoy voy a hablar de otros profesionales, los sanitarios, ya sean médicos, enfermeros, celadores, ayudantes sanitarios, cualquiera de ellos a la hora de tratar con un paciente, es fundamental que les guste lo que está haciendo y si tiene una pizca de amabilidad, entonces ya…

Hace como un mes fui a hacerme una prueba y entré asustada (aunque no era la primera vez que me la hacían) y el técnico que se encargaba de hacerla pues «ni frío ni calor», así que durante la prueba la cosa no fue mucho mejor, como conté ese día en una entrada, pasé miedo y estaba deseando que terminara.

Hoy he tenido que volver para hacer de nuevo la prueba, pero en esta ocasión en otra zona distinta (a este paso no sé si averiguarán lo que me pasa en la pierna  pero del resto van a saber todo). Pues hoy me ha atendido una señora y desde el minuto cero me ha dado una confianza, he notado una amabilidad que me ha hecho tranquilizarme. Desde el simple hecho de preguntarme si estaba nerviosa, de ayudarme a acomodarme bien en la camilla de la máquina, y una vez acomodada y preparada, de nuevo me ha preguntado ¿estás bien, lista para ir de viaje? Todo ello cogiéndome de la mano y haciendo una pequeña caricia…

Al terminar ha sido igual, me ha vuelto a coger de la mano y me ha preguntado cómo había ido el «viaje», que os voy a decir, todo esto no es su trabajo, su trabajo es hacer las preguntas del cuestionario y meter a la persona en la máquina para hacer la prueba, el resto… quizás sea amabilidad, pasión por su trabajo y un montón de cosas más, pero que a la persona que como yo va a hacerse la prueba, le puede hacer mucho, de entrar hecha un manojo de nervios a entrar  tranquila, sabiendo que cualquier cosa que pueda surgir,  está esa persona al otro lado cuidando de ti.

En estos meses que tengo que lidiar con más de ellos de los que me gustaría, me voy encontrando de todo, desde el médico que no te mira, sólo pregunta, receta y en quince días te vuelve a preguntar sin revisarte, a gente cómo ella.

A veces no nos damos cuenta del bien que hace un pequeño gesto amable.

B.D.E.B.

Días…

Días…

Hace ya unos días que noto que algo no está como debería, no sabría decir el qué ni el porqué pero no termino de estar bien. Imagino que son rachas, días que se está mejor, otros con menos ganas…

Así que esta tarde, al dejar al pequeño en karate y aprovechando esas dos horas «muertas» que iba a tener, me he venido a la playa, a dar un pequeño paseo (lo que se puede) y hacer lo que más me ayuda, sentarme a escuchar el sonido del mar, escribir unas letras y perder la mirada en el horizonte, se que esto va a llevar a derramar alguna lágrima, pero lo salado cura, o eso dicen…

Hoy no llevo bien el día, primero llevé al bichillo a la peluquería canina y los recuerdos aún duelen, pero poco a poco, también es cierto que mañana es día 8, van cuatro meses…y aunque ese pequeñajo que corretea continuamente delante y detrás mía, me ha hecho reponerme bastante, aún hay momentos que duele.

Es curioso porque cada vez que me marcho de casa, aún quedándose acompañado, se pone a llorar y con el resto no lo hace, es como si supiera que el llegó a casa por y para mí, y la verdad que siempre que puedo lo llevo conmigo porque nadie sabe lo que me ha ayudado en este tiempo que llevamos juntos.

Hoy ha sido un día extraño y aquí es donde por fin consigo estar bien, estar conmigo misma y con el mar, perder la mirada, notar la brisa fresca, sentir la arena en los pies y dejarme arropar por el sonido de las olas. Dejar que salgan las lágrimas y así limpien por dentro, curen y ayuden a cicatrizar heridas.

La sombra se va alargando cada vez más, pronto se esconderá el sol hasta mañana que vuelva a brillar, con el comienzo de un nuevo día, un día que aún no se si será mejor, igual o peor que el de hoy, pero merece la pena averiguarlo.

B.D.E.B.

Refugio

Refugio

El autocar los había dejado al pie del camino para subir a la montaña, arriba se encontraba el refugio de excursionistas donde tenían que pasar las próximas noches.

Hacía muchos años que habían realizado esa misma escapada, siendo adolescentes, en el instituto y ahora, casi treinta años después, en una de esas reuniones que hacían cada vez que era posible juntarse un buen número de antiguos compañeros, decidieron volver a aquel refugio de montaña donde tan gratos momentos habían pasado.

Y allí estaban, subiendo por el camino de la montaña, cargados con sus mochilas a la espalda como en los viejos tiempos.

Esa semana había sido de locura, había estado en el trastero recuperando parte de las cosas que tenía guardadas de las acampadas, desde bien jovencita siempre que había podido había marchado aunque fuera un fin de semana, porque el contacto con la naturaleza, respirar aire fresco de la montaña, despertar con el piar de los pájaros, todo aquello le daba vida, y ahora por circunstancias y vueltas o revolcones que te da la vida, llevaba más de dos años sin poder hacer una escapada de ese tipo. Así que cuando lo propusieron los compañeros, no lo pensó, se apuntó la primera.

En el autobús, él se había sentado a su lado y pudo comprobar que seguía como antaño, poco hablador pero con una mirada que no necesitaba palabras. Le extrañó verlo porque casi nunca iba cuando quedaban y cuando asistía en terminar de cenar siempre se marchaba.

Y mientras subían por el camino, también seguía a su lado y ella comenzó a preguntarle como le había ido en todos esos años, él fue bastante escueto en sus respuestas, ella sólo sacó en claro que no se había llegado a casar, no tenía pareja y el trabajo le iba bastante bien. Ella le contó un poco sobre su vida, cuando él preguntó, «Y a ti,  ¿Cómo te ha ido?»

Siguieron subiendo la montaña callados mientras escuchaban las  conversaciones y risas del resto, lo único que hacían era cruzar miradas y ella sonreír, él seguía con esa media sonrisa que tenías que conocerlo para saber que esa era su forma de hacerlo, sólo en dos ocasiones le había visto una sonrisa «completa» y de sólo  de recordarlo, le invadió algo que no supo muy bien como interpretar.

Al llegar al refugio, cada uno dejó su mochila en una de las camas de las literas que habían en hilera y ella dejó su mochila en la cama de al lado de la de él, cosa que hizo que la mirara profundamente como si le quisiera dar las gracias.

Bajaron, la chimenea estaba ya encendida, preparando las brasas para preparar algo de cenar. Llegó la cena, la sobremesa y al poco todos a descansar, por la mañana tenían una buena ruta de senderismo y los no perdonaban, ya no eran unos chavales.

Cuando la habitación quedó en silencio, sólo se escuchaba el «respirar profundo» de muchos del grupo, él la volvió a sorprender, de nuevo una caricia en la mejilla, en la comisura de los labios y ella no dió tiempo a que él se acercara, fue ella la que acercó sus labios a los de él y los besó, se apartó un poco y pudo ver esa sonrisa completa, cómo la de aquella noche y él sólo dijo unas palabras «toda una vida esperando de nuevo este momento». Ella apoyó la cabeza en su pecho y él la rodeó con sus brazos, y así abrazados durmieron toda la noche.

A la mañana siguiente un «no me encuentro bien» y un «yo me quedo a cuidarle» sirvió de excusa.

Solos pudieron hablar, cruzar miradas, abrazarse y descubrir que aquellas brasas que un día quedaron en aquel lugar, les había bastado una pequeña corriente de aire para avivarlas y convertirlas en fuego, un fuego con la suficiente fuerza como para no ser apagado fácilmente.

El regreso a casa se convirtió en un regreso a la vida, una vida que años atrás dejaron a su suerte y de nuevo los había vuelto a cruzar.

B.D.E.B.

Ser madre

Ser madre

¿Cuáles son tus marcas favoritas? ¿Por qué?

Esa cicatriz bajo el vientre, esa marca que irá conmigo el resto de la vida, es mi marca favorita, la que me recuerda los dos maravillosos encuentros que tuve y que a su vez marcaron también mi corazón.

Hoy es día de eso, de felicitarlas, de darles y demostrarles todo nuestro amor, aunque eso tendría que ser a diario, porque se es madre todos los días y también tenemos que ser hijos cada día y en todo momento.

Pero hoy quiero resaltar una cosa, no sólo son (somos) madres aquellas que hemos llevado un bebé en nuestro vientre durante unos meses, ese es un momento precioso, un privilegio y somos muy afortunadas de ello, pero ser madre es mucho más.

Hay muchas mujeres que no han tenido a esa criatura en el vientre y  se han convertido en madres, en muy buenas madres, mejores que muchas otras que si lo han tenido en sus entrañas.

Y es que madre es la que nos cuida, nos protege, la que sería capaz de poner su vida por delante de la nuestra.

La que nos abriga ante el frío, nos intenta evitar el sufrimiento, la que nos aconseja, duerme con nosotros para espantar las pesadillas, la que con sólo mirarnos sabe si somos felices o sufrimos.

Madre es la que nos acompaña, desde que llegamos a su lado,  agarrando nuestra mano, en ese camino tan complicado que es la vida, sin soltarnos, aún cuando a malas penas tenga fuerzas para seguir caminando, esa mano que no nos suelta hasta su último aliento

Todas ellas son madres, no sólo las que nos quedaron marcas en la piel, también las que las llevan en el corazón, porque esas marcas son las más bonitas que tendremos en nuestra vida…

B.D.E.B.