
Hace un ratito, echaba un vistazo por las redes y me ha salido un reel de una ardilla muy gracioso, una ardilla «teatrera» que después de tirar una escoba al suelo, se tumba boca arriba bajo su palo como si la estuviera chafando. Esto me ha hecho pensar en aquellas personas que también hacen su teatro en la vida (no encima del escenario) y el problema es cuando entran en la tuya así, actuando tan bien, que no te das cuenta de ello hasta que es demasiado tarde.
Recuerdo cuando era adolescente que tenía una amiga que era una experta en ello, me hacía sentir fatal, la quería porque conmigo se portaba bien, compartíamos buenos ratos, me divertía con ella, y ella me apoyaba si no me sentía bien. A cambio yo callaba todos sus secretos y no era una persona muy sincera, todo lo contrario que yo, quizás por eso nuestras vidas tomaron caminos distintos, porque ya me ponía seria con ella porque no me gusta engañar ni traicionar a nadie y ella era maestra en ese arte, así que era mejor alejarse porque seguramente con el tiempo me hubiera tocado a mi.
No ha sido la única que ha pasado así por mi vida, por desgracia después de ella hubieron algunos más, algunos que llegaron con una historia que no era la suya que cogieron lo que les hacía falta (en el sentido emocional) y se marcharon sin hacer ruido cuando ya no me necesitaron.
También me crucé con «familia» que a cada día te besaban, te abrazaban y te decían «te quiero» y a la primera de cambio no me mataron pero dieron el golpe donde más dolía y se jactaban de mi sufrimiento.
Y es que hay gente que vive la vida así, en su teatro particular y haciendo el papel de su vida, lo que pasa es que actuar las veinticuatro horas del día y todos los días del año es muy difícil y con el tiempo la máscara se cae, dejando ver el verdadero rostro que hay detrás, es ahí cuando se termina la función, o no… simplemente cambian los espectadores.
B.D.E.B.







