Miradas

Miradas

Anoche estaba con algunos amigos en una barbacoa nocturna que organizaba una de las comisiones de las fiestas de aquí. Durante todo el año se van haciendo actividades para recaudar fondos y sacar la fiesta adelante, antes eran principalmente almuerzos, pero ahora se han puesto de moda las barbacoas nocturnas.

El caso es que una de mis amigas es profesora de educación infantil y dió la casualidad que estaban por allí una familia que el niño es ahora alumno de ella y anteriormente lo fue la niña que también estaba allí.

Una pequeña de unos 7 añitos que le estaba contando algo a mi amiga y yo no dejaba de mirar a los ojos a esa pequeña, se la veía con un brillo y movimiento que se le notaba feliz, no alcanzaba a escuchar lo que le contaba tan alegremente pero en su mirada se le veía la felicidad reflejada.

Inmediatamente me vino a la cabeza un momento de la tarde del viernes, en la que a otra amiga le miré a los ojos y aparte de tenerlos vidriosos de haber llorado se le notaba la decepción en ellos por algo que había ocurrido poco antes de que yo llegara.

Y es que cuanto nos transmiten las miradas ¿verdad? Quizás por eso me gusta mirar a la gente de frente, a los ojos porque ahí es donde se ve realmente todo.

Cuando una persona desvía su mirada me da la sensación de que oculta algo, ojo que no tiene porqué ser malo, yo en ocasiones he apartado la mirada para que las lágrimas no salieran de mis ojos, o de adolescente si algún chico me gustaba, mi timidez se encargaba de desviarla a otro lado.

Pero si, en ocasiones te apartan la mirada para que no veas lo que hay detrás y de esas personas no me fío.

Adoro esas miradas de los niños, puras, cuando te cuentan algo alegre o cuando te ponen ojitos de «yo no he sido «, y me gustan esas miradas entre amigos en una charla de esas que no quieres que terminen nunca y como no… esa mirada que besa antes que unos labios.

Una sola mirada y sobran las palabras.

B.D.E.B.

Regreso a lo (des)conocido

Regreso a lo (des)conocido

Hace unos días, hablaba con una persona afincada desde hace muchos años en España y con nacionalidad española, pero es de Argentina, nacida y criada allí, se vino para España poco después de casarse, con un argentino también.

Como una de mis mejores amigas es Argentina también, y este verano viajó a su tierra a cerrar unos asuntos que tenía allí pendientes, comentábamos lo diferente que estaba aquello ahora de hace años, cuando tanto mi amiga como ella vivían aún allí.

De ahí desviamos la conversación a que en nuestro recuerdo además, tenemos idealizados unos momentos, unos lugares, incluso unas personas, que desgraciadamente cuando vuelves al sitio que recordabas con tanto cariño, ya no es igual, y nunca volverá a serlo porque esos momentos no vuelven, esos lugares  cambian con el paso del tiempo y ésas personas (eso es lo peor de todo) ya no están…

Entonces te das cuenta de que a veces, no siempre, «destrozas» por así decirlo, ese recuerdo. A partir de ese regreso ya el último recuerdo que vas a tener de ese lugar es otro, y quizás no sea igual de bonito que el que teníamos antes.

Siempre he vivido aquí, en la misma tierra en la que nací, pero si que se me hace duro pasar por el barrio donde me crié y ver como ha cambiado (a peor), cuando volvía al pueblo a la casa que en su día habitaron mis abuelos y verla tan distinta, y que ella no estuviera como cada domingo, vestida siempre de oscuro, con su pañuelo en la cabeza y esperando en una vieja mecedora nuestra llegada.

Porque las cosas ya no son como aquello que tenemos grabado en nuestros recuerdos, la casa medio en ruinas la echaron abajo para construir un enorme chalet, la casa  nueva ahora está desconchada, el camino sin asfaltar, donde te dejabas las rodillas si te caías corriendo o en la bicicleta, ahora es una carretera, los pequeños arbolitos ahora son enormes y con una gran sombra donde resguardarte y ella, ellos, ya no están allí esperando a que llegues un domingo más…

En muchas ocasiones, cuando sé que ya no va a ser lo mismo, prefiero mantener mis recuerdos intactos y no regresar a lo (des)conocido.

B.D.E.B.

Sonrisas y animalitos

Sonrisas y animalitos

Hoy, curioseando un poco, he descubierto que es el día internacional de los animales y también de la sonrisa. Así que me he decidido a escribir una nueva entrada dedicada a ello.

Creo que los que me leéis a menudo ya sabéis que me gustan los animales, principalmente los perros y los delfines (aunque estos últimos no los vea más que en alguna extraña ocasión). No hace mucho escribí una entrada sobre mis dos bichejos, como han vuelto a llenar mi vida de alegría y por supuesto de sonrisas.

La semana pasada, justo el viernes pasado, a una buena amiga se le murió el perrito, el animalito era ya mayor pero no por eso la pena es menor, la entendí perfectamente, igual que ella me entendió y apoyo hace sólo unos meses. Eso me hizo recordar aquel momento en que les contaba a ella y a una de sus hijas lo que había pasado, quizá porque su voz sonaba tan quebrada como la mía.

Y en esta semana ha habido una noticia que se ha hecho eco, la de la chimpancé Natalia, que después de 7 meses ha soltado el cuerpo inerte de su cría. Noticias como esta son las que nos dicen que muchos de los humanos tenemos que aprender mucho de ellos.

Y por otro lado el día de la sonrisa, de ésas que también hay muchas, de todo tipo, esa que va acompañada de «ojitos» para disculparse, o aquellas alegres que sin darte cuenta te hacen sonreír a ti también, también están las fingidas, forzadas (ésas no me gustan nada, yo no sé hacerlas, se me nota demasiado), hay sonrisas de agradecimiento y sonrisas sensuales, sonrisas que junto a una mirada lo dicen todo, y otras que te invitan a besar esos labios.

La dulce sonrisa de un niño, la de nuestros mayores cuando vamos a visitarles, la primera sonrisa de un bebé, la sonrisa tonta que se nos ponía de adolescente cuando nos gustaba alguien…

Seguro que se me ha olvidado alguna, pero lo importante es sonreír, de verdad.

Mi mejor sonrisa para vosotros y mis deseos de que paséis un feliz fin de semana.

B.D.E.B.

Infancia perdida

Infancia perdida

Photo by Noor Aldin Alwan on Pexels.com

Tú sólo quieres jugar, quieres reír,

como niño que eres

simplemente crecer feliz.

Miras a tus padres

la preocupación en sus caras,

no tienes idea de lo que el destino os depara.

Antes era un parque

ahora solo quedan escombros

en una esquina un balón,

solitario, abandonado

cómo se quedó el niño que con él jugaba.

Ya no juega,

se hizo mayor en un momento

ahora cuida de su madre

y de sus hermanos menores,

asume el papel de padre

desde que él no está…

¿Cuándo cambió su vida?

¿En que momento pasó de feliz a…?

¿Acaso hizo algo mal para merecer eso?

Han pasado los años,

todo sigue igual

¿Hasta cuando?

No hay respuesta,

nadie puede dárselas.

Perdió su infancia

esos años que debieron ser felices

se convirtieron en pesadilla,

la peor, o no…

aún pudo ser peor

aún puede serlo.

Por eso siempre juntos,

tiene miedo a separarse de ellos

como un día

lo hizo de su padre.

B.D.E.B.

Ahí no es

Ahí no es

Háblanos de una ocasión en la que te sentiste fuera de lugar.

No soy de posicionarme en un grupo para separarme de otro (o del resto), pero hay veces que la gente tiene mucho poder de persuasión y aprovechan cualquier momento o cualquier debilidad para conseguir apartarte, para llevarte a su terreno, para poner sus opiniones en tu boca. Todo esto despacito, sin hacer ruido, sin que apenas te des cuenta, cuando ya lo haces es demasiado tarde y no entiendes que ha pasado, lo único que aciertas a ver, es que ese no es tu lugar, que ahí no es.

Más tarde, eso ya está superado y te encuentras con un grupo de gente, desde fuera parecen todos majos y fíjate hasta te incluyen en ese grupo, empezáis a hacer cosas juntos, ves algún detallito que no le das importancia y sigues ahí, si parecen majos…hasta que llega un día que empiezas a ver o te ayudan a ver, todo un escaparate ellos no te ven como tu les ves, ellos no son los amigos que tú creías que eran, de nuevo te has vuelto a equivocar, de nuevo ese no es tu lugar, ahí no es.

Diferentes momentos en mi vida me he sentido fuera de lugar, a veces hay que llegar al sitio para darte cuenta que no, qué ese no es tu lugar, que «ahí no es». A veces te das cuenta por ti misma, otras es alguien quien te ayuda a abrir los ojos (creo que ya sabéis lo confiada que soy), pero a fin de cuentas, lo importante es darte cuenta, ya sea de una manera u otra, porque no siempre es malo estar fuera de lugar.

Evito estar fuera de lugar en muchas ocasiones, principalmente cuando te cruzas con gente que mira al resto por encima del hombro, es algo que no soporto, intento huir de esa gente, mantenerme lo más lejos posible porque en ese caso si que lo tengo claro desde el principio que ese no es mi sitio.

¿Dónde es? Donde no tengan cabida las mentiras, donde seamos iguales en distintas condiciones, donde hayan risas y te abracen si hay lágrimas, donde las miradas sean directas a los ojos y las sonrisas sinceras, donde te escuchen y no sólo oigan lo que dices.

Ahí si es.

B.D.E.B.