Tan complicada veo esta pregunta, supongo que la respuesta sería poco más o menos como es la de ahora pero no lo sé, creo que depende del día que me lo pregunte veo las cosas de una manera o de otra distinta.
Ahora mismo lo que quiero y necesito en la vida es paz, estar bien con los míos, familia, amigos, conocidos y que nada altere ese círculo, quizás eso sea lo que queremos más de uno, se ve sencillo pero a veces es demasiado complicado.
Hay días en los que tienes ganas de hacer de todo, nuevas ilusiones, nuevas iniciativas, planes de futuro y un montón de sueños por cumplir, pero hay otros en los que tiraría la toalla, y arrancaría de nuevo, un cambio radical en toda regla, por eso es que dependería del día.
Y luego está, que una cosa es lo que creemos que pasará, y otra muy distinta lo que pase al final, no siempre va a ser lo mismo por mucho que nos empeñemos.
Sinceramente me da miedo pensar en el futuro, no sabemos nunca si va a ser mejor o peor, la vida nos cambia de la noche a la mañana (a las pruebas me remito), hoy estamos aquí ¿mañana?, hoy somos felices ¿mañana?, también puede mejorar nuestra situación, no siempre vamos a ir a lo peor, también nos suceden cosas buenas.
Lo principal es disfrutar del presente, hacer planes o verte en unos años está bien, el problema está en que si no llega a suceder eso que hemos planeado y esperamos, lo más probable es que nos quedemos un poco chafados.
Así que casi prefiero vivir el día a día y soñar, porque los sueños sueños son, con una particularidad, a veces (muy pocas) se llegan a cumplir.
Parece que el tiempo no da tregua, cuando a malas penas se ha comenzado a limpiar las zonas afectadas, ya comienzan inundaciones en otras zonas, esperemos que no tan graves como lo ocurrido estos días.
Hoy justo, al regreso de estos días en el camping, días que no se han disfrutado como en anteriores ocasiones, porque la mirada y el corazón estaban en Valencia, aquí se ha empezado a poner la cosa fea, el cielo estaba bastante cerrado y enseguida de camino a casa y sin pensamiento ninguno de salir a la calle, por lo que pueda pasar.
Imagino que el estar la tragedia todavía ahí, latente, haber pasado por situaciones parecidas (si es que algo se puede llegar a parecer a lo que ha pasado), todo esto te hace más prudente, más miedosa y cuando ves el cielo así, prefieres meterte en casa y no salir salvo algo estrictamente necesario.
Escuchando las noticias a ratos, ves que ya otras zonas se empiezan a inundar, una de ellas Altea a la que le tengo un especial cariño, a unos seis kilómetros de donde estaba yo esta misma mañana. Ves las imágenes y ya hay gente atrapada en algún vehículo, arrastrados por el agua, más tragedias.
Son días horribles, vivimos con el corazón encogido y con impotencia, también con incertidumbre de no saber hasta cuando, llueve sobre mojado, no se ha hecho más que empezar con las labores de limpieza y parece que no se quiera dar un respiro.
Sólo nos queda esperar que no haya más tragedia, que el tiempo se «tranquilice» un poco, que si llega lluvia sea la necesaria para nuestros bosques y campos y que no se cobre más vidas de las que ya se ha cobrado.
Duele tanto ver las imágenes, escuchar los testimonios, llamar a conocidos y amigos para ofrecer ayuda y saber cómo están y notar como se les quiebra la voz, lo comparan con la guerra, un campo de batalla, desolador.
A los que estáis en zonas en peligro, por favor tener mucho cuidado, a los que os ha tocado de cerca fuerza y ánimo y un enorme abrazo.
Hoy termina una semana trágica y con la vista puesta en el cielo y el corazón en un puño.
Y ayer comenzó ese mes, que ya he comentado en alguna ocasión tanto me gusta, noviembre.
Un mes qué, como todos los años, está lleno de celebraciones, entre juntarse con los amigos, celebraciones de cumpleaños y escapada, ya tengo el mes completo.
Este es el tercer año que por mi cumpleaños hay una escapada a Madrid, este año nos íbamos a juntar varios amigos para celebrar nuestro cumple pero al final no va a poder ser, así que con un poco de suerte, será con uno de ellos sólo y si no, siempre queda la opción de dar un paseo, ver un musical…,lo que surja, a veces lo improvisado es mejor que lo programado (aunque en este caso hubiese preferido mucho más lo programado).
Cuando antes de comenzar el mes, ya tienes agendado todo para los fines de semana, a pesar de que todas las cosas sean de tu agrado, es cierto que también agobia un poco, te pones a pensar y vivimos muchas veces así, «programados», no ha pasado una cosa y ya tienes otra, y no es que sea malo, pero puede ser que algo se vaya al traste y con ello toda la «programación» que tenías hecha. Son cosas que pueden pasar, y pasan.
Lo malo de eso es que te quedas un poco chafado, tanto tiempo preparando, pensando, planeando y al final se queda ahí, como un sueño, pero sin disfrutarlo.
Y a veces un simple cambio en esa programación te deja desubicado, no sabes que otros planes hacer para cubrir el que se ha ido al traste, porque el quedarte sin hacer nada no lo consideras opción, así aún fastidia más que se haya estropeado el plan.
Para eso está la improvisación de la que hablaba antes, si una cosa no sale, pues hacemos otra y si no pues otra diferente,hay mucho por hacer, muchísimo, y tiempo nunca se sabe. ¿Fastidia que se rompan los planes? Mucho (y este aún más, tenía muchas ganas), pero no se acaba el mundo, y quizás sea para otro año, o incluso en unos meses, si no se celebran los cumpleaños, pues celebraremos el volvernos a encontrar.
Sea de una manera u otra, voy a intentar que este mes de noviembre sea bueno, o muy bueno, (a pesar de que el primer día no se haya dado tan bien), vamos a intentar llevar a cabo lo programado, vamos a improvisar, vamos a compartir y vamos a celebrar.
Vamos a vivir el día a día, cumpliendo los planes o haciendo otros nuevos, pero siempre disfrutando.
¿Hay alguna edad o año de tu vida que te gustaría volver a vivir?
Quizás en algún momento de nuestra vida pensamos en ello, en «ojalá volviese a ser niño otra vez» incluso adolescente, pero vamos a poner el volver a ser niño.
Así días de esos (hoy mismo) que te levantas con melancolía por el día que es, pero aprovechas la mañana, luego llega la visita y ya estás entretenida, hablando, tomando el aperitivo, comiendo entre risas, llega la hora del café y la otra parte de la visita (es lo que tiene estar en el camping) y pasas un día agradable hasta mitad de tarde, se va la visita y el día se desmorona, no importa el motivo.
Quién fuera niño, piensas mientras los escuchas desde la tumbona, corretear alegremente por el camping.
Pero un niño de los de ahora, de los que «sobreprotegemos» para no darles malas noticias, para que no pierdan sus ilusiones, para que no sufran más que lo tristemente necesario.
Atrás queda cosas como llevarlos a un cementerio, en la anterior entrada lo comentaba que yo iba cada año, hoy en día creo que no se nos ocurre salvo casos especiales.
¿Volvería a ser niña? Puede ser, porque a veces creo que me tocó crecer demasiado rápido, aprender lo dura que puede llegar a ser la vida, empezar a pensar en problemas demasiado pequeña, y es curioso porque mis padres después, de más mayor, intentaban ocultarme cosas que me hicieran sufrir, pero de pequeña quizás no pensaban que me dolían, que era consciente de aquello y que lo recordaría toda la vida.
Pero si, lo recuerdo, recuerdo como iba vestida ese 1 de noviembre, recuerdo la sonrisa de mi padre aquel día que salía del colegio y estaba esperándome después de un tiempo en Francia, en la vendimia, para sacar él y mi madre, algo de dinero y sacarnos adelante, recuerdo perfectamente un montón de cosas de pequeña que me hicieron crecer de golpe.
Viviremos el presente sin querer volver atrás, alimentándonos de los recuerdos, unos tristes, otros felices.
No dejemos que un día «mal acabado» nos haga querer volver atrás, aquello ya lo vivimos y ahora hay que seguir viviendo, ¿y mañana?
Mañana será que veamos por donde sale el sol, ¿y si no nos gusta?
Esperaremos que llegue la noche para ver las estrellas…