
Esas pesadillas que se repiten una y otra vez, como lo hacían aquellas otras cuando sólo era una niña.
Una niña miedosa, creció con miedo y nunca lo perdió, por mucho que fuese querida, cuidada, protegida por sus padres, el miedo en las noches llegaba en modo de pesadilla, esa que se repetía una y otra vez, cada noche, en cuanto el sueño la vencía.
La niña creció y se convirtió en mujer, y aunque el miedo no desapareció si lo hicieran las pesadillas, aquella temida pesadilla, porque crecemos y nuestros miedos ya son otros, nuestras pesadillas también son otras.
Miedo al olvido, a perder algo/alguien querido, miedo a la oscuridad, a las tormentas (a nuestras tormentas). Miedo al fracaso, a los cambios bruscos, al engaño.
A que se repitan situaciones, aquellas que por tiempo te robaron el sueño, y la ilusión, y quizás algo más.
Que diferente este miedo al que sentías de pequeña ¿verdad?
Este es más real.
Quizás por eso te gusta soñar despierta… así evitas las pesadillas.
B.D.E.B.

Los miedos forman parte de la vida, huir de ellos, ignorarlos no suele ser una buena idea, siempre encuentran el camino de vuelta. Hay que intentar vivir con ellos, asimilarlos a ese total que llamamos vida… Aunque, claro, hay algunos miedos que, buff, dan mucho miedo 😉
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Algunos ya pasaron, otros continúa presentes, y sí, te acostumbras a vivir con ellos, no queda más remedio…
Un abrazo Beauseant.
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El pequeño somos capaces de llenar los días y la vida de cosa que le roban el espacio al miedo pero de mayores tenemos más miedo a perder que de ganar
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Ese creo que es el miedo principal, el miedo a perder (y no hablamos de juegos ¿verdad?)🫂🫂
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