¿Qué mal verdad? Esta es una de las emociones que ojalá nunca la tuviéramos que sentir, pero desgraciadamente en algún momento de nuestra vida quizá nos toque. Hace un tiempo escribí «las dos caras de la moneda» , mientras en un lado del mundo celebramos estos días de «paz y amor» (pena que no fuera así el resto del año), en algún otro lugar están viviendo los horrores de una guerra.
Situación de horror la vivida hace menos de dos meses debido a la DANA. O también la hambruna en el mundo, no me imagino como madre ver a tu(s) hijo(s) como enferman o mueren porque no tienen nada que comer.
Maltratos, abusos, cientos de situaciones que nos causan horror, algunas es difícil de evitar, otras quizás fuera más sencillo y otras son los que tienen «el poder» quienes podrían evitarlas.
Ojalá no tuviéramos nunca que tener ese emoción tan mala.
Hay muchas cosas en el supermercado que me gustan y sería complicado, mejor dicho largo, enumerarlas todas, pero si es más fácil contaros unos caprichos que me gustan, pero evito comprarlos a menudo. El porqué es muy sencillo, dicen que todo lo bueno o no es sano, o es pecado o engorda 😂 pues por esa última condición.
Los bombones, me encanta el chocolate, a ser posible el negro y por tanto dos de las dos cosas que más me gustan del súper son los bombones (de licor no, esos para nada) y las tabletas de chocolate negro con almendra, son mi perdición.
La tercera, en concreto de un súper al que no voy a hacer publicidad, la tarta de queso, está buenísima y es la que más se asemeja a una casera, yo a veces la hago en casa, pero claro, hago una grande y soy capaz de comerme media,esta es pequeñita y así «pecamos» sólo un poco.
El helado de turrón, pero ese que tiene hasta los trozos de turrón que los notas, en verano mi perdición, acostumbro a ponerme un poco en un bol, porque si cojo la tarrina con una cuchara, cae entera.
Pero no todo va a ser dulce, también el salado, las almendras fritas, o crudas y las frío yo, esas también si me dejan acabo con ellas. Ahora la dietista me recomienda un puñadito de frutos secos, crudos, nada de fritos, ni tostados, ni salados… y bueno, pues también están ricos, pero sólo un puñadito!! Tengo que apartarnos y no sacar la bolsa.
Pues esos serían mis cinco productos preferidos y también «prohibidos».
Y llegamos a la emoción, tan presente en estos días ¿verdad? No sé si a vosotros os pasa, pero yo que soy de lágrima fácil en este mes gasto más kleenex que en el total del resto del año.
Y ahora porque los chicos son ya mayores, cuando eran pequeños me emocionaba en cada festival de Navidad, cuando cantaban un villancico o se ilusionaban con «papá noel o los reyes magos».
Me emociona fácilmente un anuncio de los típicos en estas fechas, que en el colegio hagan una salida a visitar una residencia de mayores para cantarles villancicos. El otro día después de mi paseo por el mar, había un señor mayor que por lo visto tenía algún tipo de demencia senil y llamaba medio llorando a su mujer, que simplemente se había ido al baño, estaba acompañado de su hija pero el hombre buscaba a «su mamá» como la llamaba, y yo tenía que mirar para otro lado porque la emoción me podía.
Me emociona unas palabras amables, un mensaje inesperado, un abrazo en el momento más necesario, una llamada de alguien que de repente se acordó de ti.
Me emocionaré este año cuando nos sentemos el 24 toda la familia de nuevo a cenar, porque tenemos que celebrar estar todos, aunque lo hagamos bastante a menudo, pero aún así, esa noche siempre es más especial.
También cuando las dos peques de la familia abran sus regalitos con toda esa ilusión que sólo ellos nos pueden transmitir, una ilusión que también nosotros mantenemos, porque también me emociona abrir mis regalitos, no voy a engañaros.
Y me emocionaré también cuando suenen las campanadas que den por finalizado este mal año y paso al próximo, que no tendrá que esforzarse mucho para ser mejor.
Seguiremos expresando emociones en los días que le quedan a este calendario.
Han habido dos hombres (dos profesores) que han tenido ese impacto positivo, que me han enseñado a valorarme, a creer en mí y a luchar por mis sueños. Pero si hay un hombre a quien tengo que agradecer lo que soy, y casi que como soy, ese es él, mi padre.
He hablado de él en alguna ocasión, ha sido un hombre recto, no nos ha puesto nunca la mano encima, ni a mí ni a mis hermanas, no solía chillar, eso sí, con una mirada te lo decía todo, sólo con mirarte sabías que no estabas haciendo lo correcto y enseguida rectificabas. Pero igual que era (sigue siendo) así de recto, tiene también su lado más tierno y ambos lados con la edad se van intensificando, ahora se emociona más fácilmente, pero también da la impresión a veces que está cabreado todo el día, no es cabreo, es que la enfermedad de mi madre le agota física y mentalmente.
Pero volvamos a su impacto en mi vida. Desde bien pequeña me inculcó el respeto a los demás, no sólo a mayores, también a mis iguales. Él siempre ha sido una persona respetuosa y eso nos lo ha inculcado a nosotras también. Me enseñó a ser dura y fuerte cuando hay que serlo y sensible cuando es el momento, aunque tengo que decir que siempre me protegió de todo lo malo, si podía evitar que me enterase de cosas que me pudieran perjudicar emocionalmente lo hacía, evitaba siempre que me pusiera nerviosa (ya conté el otro día mis ataques de ansiedad). Siempre encontraba después el momento de enseñarme la fortaleza, pero evitando los disgustos, sabía hacerlo muy bien.
Me enseñó a ser trabajadora, creo que en su vida laboral nunca estuvo de baja. De hecho siempre nos ha recriminado si no hemos ido a trabajar por una gripe o cualquier cosa así, para él nunca ha sido motivo de faltar al trabajo. Lo pasó mal una temporada y no dudó irse a Francia a la vendimia para sacar a sus tres hijas adelante, creo que fue de las cosas más duras, para él y para nosotras, estar tanto tiempo separados.
Y cómo no, me enseñó a querer como sólo lo hacen los padres, con sus juegos, sus abrazos, sus besos de buenas noches, algo que recordaré toda la vida, ese momento en que me acercaba a él antes de irme a la cama y me abrazaba y daba ese beso de buenas noches, algo que después ha ocurrido también con mis hijos (ahora ya no, se hacen mayores…).
Y no olvidarme de ese orgullo que siente hacia nosotras, de ver en lo que nos hemos convertido, tres mujeres trabajadores, capaces de llevar trabajo, casa, familia… todo adelante como él y mi madre. A nosotras no nos lo dice directamente pero si nos lo hace ver, y familiares y amigos son los que nos lo cuentan (a ellos si les dice).
Él ha sido de quién aprendí los valores primordiales y lo que más sentido tiene en la vida, lo demás va llegando de una u otra manera, a él le debo mucho y espero como hija haber estado a la altura.