
Alegre y simpático, algo introvertido, amable, cabezón como tú solo, despistado cuando quieres, detallista también cuando quieres, bromista como tu padre, «cariñoso selectivo» como tu madre.
Y cada día me sorprendes más, tu manera de actuar ante las dificultades, tus logros cuando le pones empeño, tu saber estar cuando es necesario, hablar claro y directo cuando también lo es.
A pesar de tu juventud, cogiendo responsabilidades, enfrentándote a lo que ves injusto, defendiendo lo tuyo, a los tuyos…
A veces me haces enfadar, pero también entiendes cuando tengo poca paciencia, porque has entendido las situaciones a la perfección, te ha dolido lo que me dolió a mí, te ha herido lo que me hirió.
Entiendes las posturas de otros y mantienes las tuyas propias, vas formando tu carácter y vas creciendo como hombre a pasos agigantados. Ya no eres aquel niño que le gustaba siempre hacer cosas de mayores, ahora las haces porque toca y porque la responsabilidad la llevas por bandera, me lo demuestras a cada vez que me surge alguna duda.
Y es que has crecido demasiado rápido, desde niño fuiste independiente y quizás por ello cada día lo eres un poquito más.
Cada día vas demostrando que aunque no seas de besar, abrazar o decir un «te quiero», tus actos dejan bien claro quienes son importantes en tu vida.
B.D.E.B.




