Te haces el fuerte, que nada pasa, que no te hiere, que estás bien…
Pero sufres, y a mí se me parte el alma, lo disimulo y te hago sonreír, te hablo de cualquier tema, sólo quiero distraerte, sacarte del dolor, de los pensamientos que capturan tu mente, tu alma, el corazón.
Lo que considerabas un pilar esencial en tu vida se derrumba, hay otros que te sostienen pero aún así falta uno. El que siempre tuviste (o creíste tener) por el que peleaste contra viento y marea, y hoy te preguntas si mereció la pena.
Me tienes, lo sabes, estoy y estaré, pese a las tormentas, pese a quien le pese. No sólo estoy, estuve siempre, incluso cuando no lo querías ver, cuando los fantasmas negaban el valor de mi existencia, aún así estuve, invisible a tus ojos, sosteniendo tu alma y agarrando fuerte tu mano para que encontraras el camino de vuelta.
Hoy te veo sufrir, en silencio, a escondidas, esperando una llamada que no llega, unas palabras de aliento que no salen, abrazos que ya no abrazan.
No está en mis manos el que lo recibas de quien esperas, pero sí puedo aliviar ese dolor, con palabras, con hechos, con abrazos y con besos, con un amor verdadero.
Nada más despertar, cuando aún estaba haciéndome la remolona con esos «cinco minutos más», el móvil ha emitido un sonido extraño, pero no podía abrir los ojos para mirar de que se trataba, ha sido un par de minutos después, cuando alguien me dijo que el café estaba preparado, que miré la pantalla y descubrí el aviso, un seísmo de 5.4 a 238km de aquí decía el aviso, y que estuviéramos alerta porque podía haber réplicas.
Ha sido como despertar de golpe, pero afortunadamente no ha tenido consecuencias como imagino que ya sabréis porque después ha salido en todos los noticiarios, pero claro, de momento te pones a buscar la noticia para asegurarte que todo está bien.
Mientras tomaba el café y leía la noticia sobre ello, ha llegado otra notificación del móvil, esta vez era el sonido habitual y llegaba de Google fotos, tiene su particular forma de recordarte recuerdos en modo de «book fotográfico» y todo iba bien hasta que una de las fotografías te hace torcer el gesto, lo que pueden cambiar las cosas en dos años y como de repente hay personas que deseas borrar de esa fotografía y de algo más importante…tu vida, si es que ya no lo has hecho.
Así daba comienzo una semana, de esas que el lunes últimamente siempre me pregunto a ver como se da y a ver que «sorpresas» me trae, aunque hay veces que no debería de sorprenderme por cosas que casi ya las sabía de antemano.
Es curioso porque el otro día mi padre, preguntando por cómo estaba cierto asunto, decía que él ya esperaba que pasaran estas cosas, pero que no le gusta meterse en la vida de nadie y preferiría no decir nada. Nuestros mayores son sabios, creo que los años nos hacen ir adquiriendo experiencia y él con sus casi 90 creo que tiene mucho vivido y mucha gente conocida como para intuir de qué pie cojea cada uno y (creo que en eso me parezco a él) tiene buena vista para ello.
Hoy le decía a alguien que cada día vivo más el presente, porque con la que está cayendo no sé ni lo que va a pasar mañana, ni como voy a despertar mañana, si con una nueva alerta, con una nueva noticia de quienes no la deseo, o con recuerdos que no quiero recordar (aunque más que recuerdos son personas), si los ánimos estarán por las nubes o por el suelo.
Sólo miro al futuro esperando que llegue el momento de marchar al camping y alejarme un poco de aquí, porque aunque los problemas no se queden atrás, al menos habrá más distracciones para sobrellevarlos.
Empiezo a estar cansada de vivir en alerta tan a menudo pero en ocasiones es inevitable. Aunque es cierto que no todas las alertas y notificaciones son malas porque cuando nos llegan sobre que a alguien le gustó algo que escribiste, o en forma de mensaje o cuando alguien ha compartido algo contigo…eso ya gusta un poco más.
Hoy, mientras que conversaba con una amiga sobre la situación actual, sobre como me sentía y sobre esas personas que me hacían bien (porque las que hacen lo contrario mejor ni hablar de ellas), he notado que aparte de hacerme el bien, hablar de ellas hace que me emocione, enseguida se me nota porque la voz sé me entrecorta y noto que mis ojos se vuelven brillantes, quizás porque las lágrimas amenazan por salir.
Muchas veces es en esos momentos que no son de los mejores por los que pasas, que un mensaje, una llamada, incluso un bonito comentario hacen que las emociones fluyan y te des cuenta que por mucho que te estén intentando hacer daño por un lado, por el otro hay gente que te lo compensa con creces, justo en este fin de semana en que todo han sido muestras de cariño, unas esperadas y otras sin esperarlo, como un precioso centro de flores que me trajeron unos amigos por mi aniversario, detalles que muchas veces, la gente que los hace no se imaginan lo que terminan significando para ti, por mucho que se lo quieras decir.
Pero voy a centrarme en una de las personas de la que hablaba esta mañana, alguien que conocí a través de este blog y después nos hemos visto un par de veces, pero que no hay una semana desde que estoy en «esa pequeña tormenta» en la que no me haya llamado para saber como me encuentro. Soy persona de agradecer, pero también de sentir, y cuando veo su nombre en la pantalla del teléfono, ya sea llamada o un mensaje, no puedo evitar sonreír y emocionarme.
Y es que a veces llegan personas «de la nada» que se convierten en un todo, y hacen que un día normal se convierta en especial, es más, creo que nos hacen sentir especiales por un momento aunque seamos lo más normal del mundo.
Personas que en poco tiempo es como si te conocieran de siempre y que ocupan ya un lugar importante.
Creo que mi amiga se dió cuenta de que me emocionaba al hablar de ella, enseguida me miró a los ojos y me sonrió y me dijo que me entendía.
Hoy ha sido de esos días en los que me alegro enormemente de un día haber creado este pequeño rincón, porque lo que he conseguido a través de él es muy grande.
Hago mención a ella pero también hay algunos más detrás de las letras, porque hoy no ha sido la única por la que me he emocionado, un comentario de un «vecino de mi mar» también ha tocado ese lado sensible.
La luna, hace un tiempo, se vistió de gala para Blanca. Ella, llena de generosidad, se la regaló a un soñador. Creciente filo de luz, lléname, De tu rito ancestral, de tu halo divino, Se película en blanco y negro, Se escultura divina naciente, Y llévame lejos. Yo seguiré existiendo en piedra, Tu escondite de […]