
Esta tarde, mientras esperaba en el coche, las he visto ahí arriba, tan blancas, como si fueran algodones y decorando ese cielo azul claro, no me he podido resistir a fotografiarlas y mientras lo hacía me venía a la cabeza esa expresión de «estar en las nubes» y bueno, creo que en ocasiones es necesario estar un ratito allí, o pasearse por ellas y olvidarse por un momento de las preocupaciones y el estrés del día a día.
Desde niña he paseado por ellas, aunque no he sido muy fantasiosa, si que he sido soñadora, quizás de adolescente aún más, soñadora y una romántica empedernida y me dejaba llevar en esos paseos por las nubes y en ese soñar despierta por aquello que deseaba que pasara en la realidad y que nunca llegaba.
Y después, cuando ya somos adultos y vivimos en ese mundo lleno de responsabilidades y de quebraderos de cabeza, de estrés diario, quien me va a negar que de vez en cuando no dan ganas de estar un poquito en las nubes y así olvidarnos de todo, seguir soñando despiertos como hacíamos antes y por un momento ser un poquito más felices.
Esta tarde las veía blancas y esponjosas, pero unas horas antes cuando estaba en el interior de la provincia, se mezclaban esas blancas con unas grises que querían ponerse delante de ellas y cubrirlas, tanto a ellas como al sol,impedir que brillara. Esas otras no me gustan, amenazan tormentas y en lugar de invitar a pasear por ellas, nos «obligan» a resguasdarnos a ponerse a salvo.
También hay otras con colores maravillosos, parecen pintadas con una amplia paleta de colores, las vemos al amanecer y al atardecer y, por algún motivo que no sé explicar, esas me invitan a un paseo en compañía, supongo que el ver salir o esconderse el sol, siempre es más bonito en compañía ¿verdad?
B.D.E.B.




