Los días van pasando y la incertidumbre sigue intacta, ganas de que termine todo, impotencia no solucionar nada.
Vives el día a día, disfrutas de los buenos momentos, te maravillas con pequeñas cosas, todo sirve, una única finalidad, mantener la mente distraida, no pensar más de la cuenta.
Como esos días en los que no sabes si el sol saldrá o se mantendrá oculto entre las nubes, si lloverá, si aglo hará brotar tus lágrimas…
Hay días que te golpea fuerte y no tienes ganas de nada, otros sales para combatirla, para no dejar que se apodere de tu vida.
Compartes, ríes, bromeas, conversaciones, paseos, distracciones… vuelves a casa y allí está esperándote y tú lo sabes y te ocupas en cualquier cosa por no sentirla de nuevo.
Así un día y otro, una semana y otra, ¿meses?…
Un final que no llega por muchas esperas, y mientras ella está ahí, cada día a tu lado.
Tú temiéndola y ella sin querer dejar de acompañarte…
Alguien que llegó para aportar un poco de alegría a esa familia que unos años atrás se había inundado de tristeza después del dolor más fuerte que pueden sufrir unos padres.
Una personita a la que criaron entre algodones porque no se podían permitir otra pérdida.
Creció llena de mimos, cuidados y cariño, sin ser consentida, en una familia humilde pero con la buena educación y el respeto por bandera.
Una familia unida en la que todos colaboraban con todos, sin importar la edad, responsables desde niñas y casi jugando a ser adultas antes de tiempo si las circunstancias así lo requerían.
Una niña sensible, sentimental y quizás un poco frágil por esa sobreprotección de que nada le dañara. Una ausencia larga de sus padres su primer sufrimiento.
Su sensibilidad y sus miedos en ocasiones fueron motivos de burlas, pero a pesar de ello y de su timidez, no le faltaron amigos, con ellos creció hasta la adolescencia, después los caminos se separaron.
Nunca olvidó de donde venía, orgullosa de sus orígenes, de su historia, de su familia de los que están y de aquellos que ya marcharon.
Nuestros orígenes nos marcan, en ocasiones para bien, otras no tanto, nos convierten en quienes somos, nos enseñan lo que queremos en nuestra vida y lo que queremos apartar de ella.
A una pregunta indirecta, «háblame de tus orígenes» esa sería mi respuesta.
Hoy tocaba de nuevo reunión de inicio del curso escolar. Ya en alguna ocasión he comentado que puesto que los profesores se molestan en hacer estas reuniones para presentarse ellos como tutores y presentar el proyecto del curso, lo menos que se merecen es nuestra asistencia aunque hoy creo que habremos ido la mitad…
Pero bueno, imagino que a veces el trabajo y otros quehaceres no nos permiten asistir (quiero pensar en positivo) y sí, también está los que no acuden «porque es lo mismo de todos los años», yo creo que por respeto y por conocer a quien durante ese año ejercerá de tutor de nuestros hijos en el centro escolar, es necesario asistir.
Nos ha ido hablando de todo un poco, lo normal, cuestión de materias, horarios, actividades, normas… y ha llegado un momento en que nos ha puesto un vídeo (reconozco que llorona que soy he tenido que respirar profundamente y aguantar las emociones), en el vídeo salían personas ya mayores diciendo frases recordando su adolescencia, como queriendo recordar que nosotros también pasamos por ahí y debemos de comprender ese proceso que están pasando y que se les pasará, pero ahora toca sufrirlo y aguantar «el chaparrón».
El vídeo terminaba con una frase que me es familiar porque la he utilizado en alguna entrada aunque ha sido en primera persona y aquí era en tercera, «quiérele cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite». Aquí ya, mientras aguantaba esa lagrimilla que luchaba por salir, recordaba cuanta razón tiene esa frase, y si la trasladamos a nosotros mismos nos daremos cuenta de que es así.
No es fácil manejar a un adolescente, se necesita muuuucha paciencia y como nos decía hoy el director, y aparte necesitas más paciencia y si aún sigue el problema, un poco de paciencia más. Así es, y ellos necesitan comprensión y que recordemos como en el vídeo, cuando fuimos adolescentes, el subidón de esas hormonas, los cambios de humor y cuando un problema diminuto hacía que el mundo nos cayera encima.
Hoy me ha recordado ese profesor y ese vídeo que quizás hay que respirar profundamente y hablar, y si hablando no nos entendemos, quizás un abrazo calme los nervios, relaje la situación y esconda un «te quiero».
Definitivamente no todas las reuniones son iguales y siempre hay algo nuevo que aprender en ellas.
En la oscuridad de la noche, cuando todos duermen, ella cierra sus hojas, se esconde de los fantasmas y sin darse cuenta algo nuevo crece en su interior.
A la mañana siguiente se despierta, despliega nuevamente las hojas como quien se está desperezando y ahí está, esa belleza escondida ha resurgido de la nada, en forma de unas pequeñas florecitas, nadie las esperaba pero ahí están, minúsculas, delicadas pero diciendo al mundo «aquí estoy, parezco frágil pero no lo soy, estoy rodeada de grandes hojas que aumentan mi fortaleza».
B.D.E.B.
*Gracias a ti por animarme a retomar viejas aficiones.
En la pandemia me atrevía con cualquier cosa que me pareciera interesante probar
Cuéntanos cuál fue tu mayor desastre en la cocina.
La verdad que me pongo a pensar y no recuerdo ningún «desastre» como tal en la cocina, si algunos inconvenientes de vez en cuando, como no bajar el fuego a tiempo y que se derrame lo que comienza a hervir o no lograr que salga algún plato como esperabas, pero nada desastroso.
Me gusta la cocina, algunos de vosotros ya lo sabéis y soy feliz entre fogones.
Es cierto que habían dos cosas que se me han resistido durante mucho tiempo, la tortilla de patatas y los arroces, pero con perseverancia he conseguido que al final queden «bastante bien» (según dicen los comensales, porque la opinión mía no sería del todo válida en este caso). Este verano incluso uno de los días hice un arroz para doce personas y no sobró nada ni en los platos ni en la paellera.
Los postres también se me dan bien, pero suelo ir a lo seguro, aunque para este finde me han puesto en un «compromiso» preparar un postre para presentar a un concurso de las fiestas de aquí…
Espero que no os lo tenga que contar como el mayor desastre en la cocina, ya veremos.