Aprender de los errores

Aprender de los errores

Cuéntanos una lección que te gustaría haber aprendido antes.

Hay unas cuantas lecciones que tendría que haber aprendido antes, pero creo que en la vida vamos aprendiendo principalmente de nuestros errores (a veces, porque otras seguimos cometiéndolos una y otra vez), pero la mayoría sí que lo hacemos y aprendemos la lección justo en ese momento, puede ser que tarde pero sirve para no volver a hacer las cosas (si conseguimos que nos entre en la cabeza, sobre todo cuando es dura).

Si tengo que quedarme con una lección me voy a quedar con esa que estoy sufriendo actualmente y es que «no hay que arriesgar por los demás nuestro propio bienestar» al final siempre se sale perdiendo, al menos eso me ha pasado y hoy sé que no tendría que haber arriesgado tanto y quizás hoy todo sería más fácil, pero también sé que si volviese al principio lo volvería a hacer porque siempre confié más de lo que se debe, porque nunca crees llegar a ciertas situaciones, porque cada uno somos como somos y lo malo es que a veces pensamos que los demás son iguales y que lo que tú no harías ellos tampoco lo harán y lo que tú haces también lo harán por ti…error.

Nunca he esperado un reconocimiento porque hacemos las cosas porque creemos necesarias, porque surge en ese momento y lo haces, porque te nace, porque es lo que te han enseñado y porque nunca te niegas a ayudar, aún menos si lo necesitan, incluso cuando haya mucho en juego, material… no importa, los sentimientos van por delante, y al final lo que pierde, lo que duele, lo que daña y rompe, es precisamente eso.

Quizás no era una lección lo que tenía que haber aprendido, quizás fuera aprender a mirar más allá… hoy sé que no estaría así.

¿La tendría que haber aprendido antes? No lo sé, quizás sea ahora el momento de aprenderla y de sufrir las consecuencias.

Aprendemos de los errores, yo cometí uno y el pago de cometerlo es con una nueva cicatriz en el corazón.

B.D.E.B.

Cada cosa en su sitio…

Cada cosa en su sitio…

Hoy mientras caminaba he sentido que cada cosa volvía a su sitio.

El amanecer ya tenía color de septiembre, y observándolo ya no habían decenas de personas como semanas anteriores, ya vamos quedando «los de costumbre», los que salimos a pasear a esas horas, algunos ya con los perretes, alguna parejita prometiéndose amor eterno en ese amanecer, los que aprovechan para meditar o los que van a hacer ejercicio.

También me encontré con un fotógrafo aficionado pero bien equipado, me recordó a un compañero de blog, iba con su trípode, sus filtros, imagino que a tomar la mejor fotografía posible de ese amanecer y ese mar que hoy estaba precioso. Pasaba al lado de él con el móvil en la mano y casi lo escondo por vergüenza.

Luego estaban las gaviotas, volando, acercándose al mar a «pescar» algún pececillo despistado y no afincadas en la arena buscando los restos que dejamos los humanos.

El caso es que parecía que cada cosa volvía a estar en su sitio, hasta hoy habían más conchas en las orillas que días atrás, mas silencio, menos ir y venir de gente, más tranquilidad.

No soy persona que me desviva por el orden, pero si me gusta que cada cosa esté en su sitio, porque cuando no lo está es como que falla algo, esta tarde por ejemplo un bol de cristal que el chico mayor dejó donde no «fuera de su sitio» al abrir la puerta del armario cayó haciéndose mil cristalitos, es lo que pasa cuando las cosas no están en su sitio, que al final «se rompen».

Así que mientras caminaba y veía como todo iba volviendo a su sitio pensaba en la semana que comienza mañana, una semana que intuyo que será dura, aunque por otro lado quiero tener la esperanza de que por fin todo vuelva a su sitio y que nada más se rompa.

Cuando se trata de objetos es fácil volver cada cosa a su lugar y dejar todo ordenado en el sitio que ocupa, pero cuando son situaciones, momentos, sentimientos…es difícil controlar cuando van a volver a ponerse en orden.

B.D.E.B.

Lo que parece igual

Lo que parece igual

Los comienzos de los días parecen iguales, tomo por referencia un domingo, de esos que me voy a caminar, justo cuando llego a la orilla del mar y tomo esa primera fotografía. Todo parece igual, un domingo, el mar, un amanecer y esa primera fotografía nada más acercarme a la orilla, cuando la reviso observo que no es igual, se parece pero no tiene los mismos tonos, ni las mismas olas, ni siquiera las nubes son iguales, solo se parecen.

Con el día pasa lo mismo, quizás sigamos esa misma rutina, paseo y desayuno para después volver a los quehaceres del día, y a pesar de que sea lo mismo de otros domingos, tampoco son iguales.

Porque los días no se repiten, siempre hay algo, algún momento, alguna circunstancia, las personas con las que nos crucemos, el tiempo… siempre hay algo que lo hará diferente.

Y están los momentos, esos que también parecen iguales, una tarde de domingo de esas de sofá, peli y «manta» (ya nos gustaría que el calor diese tregua), esos momentos también son diferentes por iguales que parezcan, la peli seguramente no será la misma, la tranquilidad en la casa puede que tampoco lo sea, y a veces ni siquiera el ánimo, importante es que sean esas dos mismas personas…

Así que a mi parecer, tenemos que disfrutar de cada uno de esos momentos, de las rutinas de cada día, de esos amaneceres que dan el comienzo, o los atardeceres que dejan ver el final, hasta de esas estrellas y luna, que también parecen iguales pero tampoco lo son… hay que disfrutar de todo ello porque mañana no volverá, parecerá igual pero algo hará que sea diferente.

Mañana probablemente habrá una nueva primera fotografía, pero seguro que no será igual a esta.

B.D.E.B.

Paseos dominicales

Paseos dominicales

¿Cada cuánto sales a caminar o correr?

Los domingos suelen ser los días de caminar, normalmente por las mañanas al amanecer, siempre que el tiempo y los compromisos lo permitan.

No me gusta caminar por la ciudad, tengo amigos que algunas tardes se van a caminar pero yo el caminar con el sonido de los vehículos y el humo que desprenden, no me gusta nada, y tampoco tengo cerca grandes parques para pasear o caminar, mucho menos entornos de ríos, arboledas etcétera, así que el único sitio donde mejor me encuentro al caminar es por la playa.

Normalmente es una vez a la semana, aunque ahora cuando ya volvemos a la rutina, alguna tarde mientras el chico está en el karate también aprovecho para ir y caminar, aunque no sea por la orilla, por el paseo.

Correr no, nunca se me dió bien y tampoco me gusta, al margen que ahora con mi pierna aún sin recuperarse es más complicado, así que me quedo con el caminar, quizás a la ida más lenta, paseando y a la vuelta aligerando un poco el paso.

Hasta que comience un poco el frío acostumbro a caminar descalza, en la playa es el único sitio que puedo hacerlo y si algo me gusta, aparte de sentir la arena en mis pies, es mirar atrás y observar las huellas que uno deja.

«Pasea por la vida dejando huellas, pero sin pisotear a nadie»

B.D.E.B.