«Una semana más»

«Una semana más»

Mientras busco esa semana me quedo con un sitio ideal.

Describe tu semana ideal.

Cuando he leído el «estímulo» de hoy, lo primero que se viene a la mente es una semana en la que cada día hiciera alguna de las cosas que más me gustan. Después piensas y una semana ideal podría ser también una de esas en las que te vas de viaje a algún destino de los que tienes pendientes, suena bastante bien.

Pero como siempre me gusta verlo desde otro punto de vista, he pensado también en las cosas que a veces hacen que una semana sea pésima, o un día, incluso periodos más largos, así que he intentado ver mi semana ideal a partir de ello.

Creo que una semana ideal podría ser aquella en la que no hubieran sorpresas desagradables, una semana en la que en el tema laboral todo fluya correctamente. Una semana en la que las obligaciones diarias no se conviertan en una aplastante rutina, en la que si surge algo malo se supere sin más problema que el de ese momento. Una semana ideal sería aquella en que los ratos libres se conviertan en momentos para compartir, risas, largas conversaciones, cafés, en que lo lejano se tornase cerca y lo que molesta poderlo mandar lejos. Una semana que terminara con un paseo al amanecer y un café compartido, en la que si algo se estropea se sienta un abrazo reparador.

Una semana en la que si llegan noticias sean para traer una solución.

Ahora lo leo y no se si será más fácil una semana en un viaje inolvidable que todo lo que pido, porque en ocasiones lo sencillo y lo cotidiano se convierten casi en un sueño.

B.D.E.B.

Reflejos

Reflejos

Nombra a los atletas profesionales a los que más respetes y por qué.

No compiten, solo disfrutan de ese ejercicio al aire libre, se cuidan para ellos, no para ser ovacionados por otros, no son profesionales en ello simplemente es un hobby, pero tienen mi mayor respeto.

Da igual soleado que nublado, una fina lluvia incluso les refresca a esas horas de la mañana, no importa, ellos caminan o corren sin parar, cuando lo hacen es para mirar al horizonte y después cerrar los ojos y respirar profundamente, recuperar la respiración entrecortada después del ejercicio, se sumergen en el mar como una ducha improvisada con la única espuma que la de las olas al romper.

Como si fuese una carrera voy detrás y su reflejo delante mía, el mío va detrás y a la vez delante de otros, sin competir, solo observando y compartiendo pasiones, quizás no deportiva pero tampoco somos atletas, solo paseantes, o corredores que nos gusta dejar nuestras huellas y reflejos en esa orilla.

B.D.E.B.

Amaneceres diferentes

Amaneceres diferentes

Hay días nublados que también tienen su encanto. Primer domingo de septiembre, la playa un poco más vacía, las nubes le impiden al sol asomar y el mar está un poquito bravo.

Aún así, te sientas en la arena y descubres la belleza del día, ese que está recién despertado y desperezándose aún, pero con muchas horas por delante para poder hacer que sea lo bonito que tú quieras.

El sol busca un hueco entre las nubes y tú buscas razones para sonreír, para que los problemas se queden aparcados hasta que llegue el momento de que sean eso, problemas, y mientras tanto disfrutar de todo aquello que surja día tras día.

Hoy será un paseo con café en compañía, ayer una pequeña fiesta ¿y mañana?, mañana ya llegará.

La vida corre demasiado rápido y no nos deja más remedio que seguir su ritmo o dejarla ir.

Hay que disfrutar hasta de esos días nublados, esperar que asome el sol y si no lo hace bailaremos bajo la lluvia.

B.D.E.B.

Relax

Relax

¿Qué haces para relajarte?

Habitualmente mi forma de relajarme es dando esos paseos que tanto me gusta por el mar. En horas en las que no hay mucha gente (casi tarea imposible ahora mismo), amanecer o atardecer, aunque ya sabéis que me declino por el primero que en mi tierra es el que se ve en el mar.

Pero es cierto que hay otras formas para relajarme. En estos meses de atrás que han sido un poco duros y que cada dos por tres habían noticias que me ponían nerviosa, necesitaba con urgencia salir de casa, adonde fuera, quedar con amigos para tomar un refresco, o simplemente dar un paseo o incluso ir a hacer la compra, quedarme en casa me provocaba ansiedad y cuando sonaba un móvil aún más hasta que descubría de quien era la llamada. Salir y estar con amigos, incluso algunas llamadas de ellos para ver como me encontraba era lo que hacía que me relajara un poco y quitara esa tensión de encima.

También me relaja despertarme de la siesta y, café en mano (para que digan que nos pone más nerviosos), leer los blogs amigos o escribir alguna entrada, eso también me trae una buena sensación de relax.

Soy consciente de que la etapa dura no ha terminado, ha sido un impas por el verano pero ahora «volveremos a la carga» y con ella habrá que buscar de nuevo ese relax necesario, esos métodos para hacerlo.

De momento ya empecé a practicar uno de ellos el domingo pasado, salir a cazar amaneceres y mañana si nada lo impide repetiré, aunque al paseo se unirá una amiga pero creo que las dos necesitamos de esa paz que nos da el mar para enfrentarnos a esa vuelta a la rutina.

Y tú, ¿qué haces para relajarte?

B.D.E.B.

Historia de una concha

Historia de una concha

Hay historias que comienzan cuando algo termina, quizás cuando acaba un verano, cuando finaliza una relación, cuando termina un periodo de reflexión…

Esta historia comienza cuando una pequeña concha que durante tiempo estuvo oculta en el fondo del mar sirviendo de escudo contra depredadores y de refugio para quienes lo necesitaron, una corriente la arrastró hacia la orilla del mar, y en aquel momento descubrió otro mundo, en el que no tenía que vivir oculta, que en la orilla también podía ser útil para los demás, descubrió que podía mostrarse de otra forma, ser algo más de lo que había sido hasta ahora.

Descubrió a otras compañeras en esa orilla, sirvió de hogar para algún ermitaño, sirvió al mar de otra manera y se balanceaba en multitud de ocasiones en sus olas.

Un día alguien caminando la encontró, la observó y decidió cogerla, no era una concha bonita pero era diferente a las que acostumbraba a ver, la limpió con el agua del mar y la llevó consigo a seguir el paseo, se sentó en las rocas y la depositó a su lado, comenzó a contarle su historia ¡como si la pequeña concha le escuchara!, no importaba, también se la contaba al mar y hasta le hacía preguntas esperando respuestas. Se levantó de las rocas para volver del paseo y cogió de nuevo la pequeña concha, pensó llevarla a casa, seguro que le encontraba un bonito lugar para ella, pero mientras caminaba por la orilla cambió de opinión.

Al llegar al lugar donde la había encontrado la volvió a depositar en la arena, junto con otras que parecían esperarla, ese era su sitio y allí sería útil, en casa no sería más que un objeto de decoración.

La pequeña concha se quedó allí, junto a sus compañeras, siendo de nuevo refugio, conservando el entorno y embelleciendo esa fina arena y se sintió orgullosa de haber sido visible a los ojos de alguien que a la vez supo que era lo mejor para ella.

B.D.E.B.