Una mirada al horizonte

Una mirada al horizonte

Me he acostumbrado tanto a los amaneceres en la playa los domingos, que cuando llevo algunas semanas con compromisos, trasnochar… y algunas historias más que lo han impedido parece que me falta algo, que las «baterías» que suelo recargar en esos paseos, ya están parpadeando y pidiendo su carga para poder seguir adelante.

Para mí el amanecer, siempre lo digo, es una nueva oportunidad para ser feliz, es el comienzo de un nuevo día (aunque este comience unas cuantas horas antes) y nos brinda de nuevo esa oportunidad,  quizás porque por parecidos que sean, no hay un amanecer igual a otro (a las pruebas fotográficas me remito, no puedo verlos sin cazarlos) y así mismo cada uno nos ofrece su oportunidad de aprovechar ese día.

Hoy de nuevo no he podido ver amanecer, aunque si me descuido casi lo veo antes de acostarme, y cuando ya vamos echando años encima, trasnochar tanto pesa, cada vez más, así que después estás todo el día con un cansancio acumulado y aunque vas haciendo tareas, necesitas entre una y otra sentarte un poco para poder continuar.

Y mañana además, cuando salga camino al trabajo ya será de día, no será como la semana pasada que veía amanecer desde la oficina, ahora con ese cambio de horario amanecerá antes de que salga de casa.

Así que tocará esperar al siguiente fin de semana para disfrutar de nuevo de ese pequeño espectáculo que nos ofrece la naturaleza y que tanto me gusta y me recarga.

Esos amaneceres ya se han convertido en mucho más, se han convertido en una forma de hacer ejercicio (el paseo lo intento hacer un poquito largo) se han convertido en volver a esa pasión por la fotografía que durante un tiempo estuvo dormida, en una buenísima forma de desconectar y a la vez conectar conmigo misma y por supuesto conectar con el mar y dejarme llevar.

Perder la vista en el horizonte se ha convertido en una rutina en esos paseos, primero capturo imágenes como esta y después, durante unos minutos mi mirada se pierde allí, donde él apareció un poquito antes y su luz aún brilla con fuerza.

B.D.E.B.

Días de otoño

Días de otoño

Ha llegado uno de esos días que menos me gusta del año, ese en el que (supuestamente) te dan una hora más, pero te quitan una hora más de tarde, de luz solar, yo al menos llevo fatal eso de que antes de las siete de la tarde ya se haga de noche.

Reconozco que en esta ocasión me vino bien tener una hora más de sueño, cuando trasnochas no está de más poder levantarte un poco más tarde, pero hoy entre que el día ya de por sí está oscuro por la lluvia y que se hará de noche antes… va a ser uno de esos días de otoño que tan poco me gustan.

Siempre digo que esta época del año es la que menos me gusta, aunque he aprendido a apreciarla más, pero recuerdo muchos otoños en los que un día como el de hoy me ponían triste sin motivo aparente, y solo tenía ganas de taparme hasta la cabeza y desear que pasara cuanto antes.

Ahora, aunque no sean los días que más me maravillan, intento buscar el lado bueno de ellos, como esos bonitos atardeceres con cielos anaranjados y esos amaneceres con un toque especial, aunque es cierto que ahora para cazarlos hay que madrugar un poco más, pero siempre merecerá la pena.

Hoy sé que será un día raro, de esos que no hay muchas ganas de nada, quizás un día para escuchar la lluvia caer, para echarse en el sofá (sin manta porque aquí aún hace calor, aunque parece que alojará ya un poquito) y ponerse a leer, escribir o cualquier otra actividad que no requiera «mucho esfuerzo».

Y sin saber el porqué, este día siempre me traslada a hace muchos años, y cuando comience a atardecer sentiré de nuevo ese nudo en la garganta, esa mirada a través de la ventana viendo la lluvia caer mientras aquella lágrima resbalaba por mi mejilla…

B.D.E.B.

Brillo que desaparece

Brillo que desaparece

Era primera hora de la mañana, el sol comenzaba a calentar y la niebla se resistía a abandonar las montañas, desde el vehículo se veía un bonito paisaje pero no era posible parar a capturarlo, así desde allí mismo tomé la imagen, salió un poco distorsionada, pero días más tarde apareció esta otra, me pareció bonita y la guardé, no era la mía, estaba transformada, no estaba ese brillo que había esa mañana, se había tornado gris, como si el día también lo hubiera sido.

Y en ocasiones pasa eso, un día amanece con un sol radiante y conforme va avanzando se convierte en un día gris, lleno de nubarrones que después se convierten en tormenta, pero no de una fina lluvia, una tormenta de esas que hacen lleguemos a casa completamente empapados y con el frío metido en los huesos.

Otras veces pasa justo lo contrario, el día amenaza con lluvia y de repente desaparecen esas nubes para lucir un sol radiante.

Un poco de magia sirve para cambiar una imagen, pero cuando hablamos de imágenes más reales, como esa persona que tienes enfrente, con unos ojos preciosos pero una mirada triste, es precioso ver como aparece alguien o le nombras algo en esa conversación que mantienes y de repente esos ojos cobran vida, vuelven a brillar, a mostrar ese bonito color que tienen y te recuerdan aquel tiempo en el que brillaban continuamente.

B.D.E.B.

Profesiones admiradas

Profesiones admiradas

Mi lugar de teletrabajo (los mecheros están ahí para encender incienso 😉)

¿Qué trayectorias profesionales alternativas te has planteado o te interesan?

A estas alturas ya no me planteo cambiar de profesión, creo que (salvo que algo lo impida) terminaré los años que me quedan en el mundo laboral (que aún son unos cuantos y a este paso en vez de restar vamos sumando 😂) haciendo más o menos lo mismo que llevo haciendo hace más de veinte años, quizás con más implicación y con algunos añadidos pero de igual forma.

Pero si me pongo a pensar en profesiones que me interesan y que admiro, sí que hay unas cuantas admiro y que si no hubiera sido por algún inconveniente podría haber estudiado para ejercerlas, pero en todas siempre hubo algo que me lo impidió y es posible que por ello aún las admire más.

La enseñanza es una de ellas, la que más (creo que lo he comentado en algunas ocasiones). Considero que es una profesión importante y en la que necesitas vocación, la labor que desempeñan los profesores es muy importante porque muchos de ellos no solo enseñan el temario «obligatorio» van más allá con otras enseñanzas que no están en los libros, nos las va dando la vida.

Otra de las profesiones cualquiera relacionada con la medicina, desde enfermera a médico y pasando por una rama muy importante (más aún en estos días) la psicología, cada vez más nombrada y utilizada en nuestro día a día y cada vez también más necesaria. Profesiones que también considero que hay que tener vocación para ejercerlas y tacto, porque en ocasiones no sabemos del todo como están las personas que acuden a esos profesionales.

Entre alguna más estas dos «ramas» profesionales, son las que más admiro y no me hubiera importado ejercerlas, pero no me quejo porque me gusta lo que hago, quizás ahora mismo dentro de mi trabajo todo esté pegando un cambio y lo vea como no lo he visto hasta ahora, pero aún así creo que siempre seguiré siendo la misma y quizás ahora incluso más cercana con quienes en el momento más complicado permanecieron ahí apoyando.

B.D.E.B.

Conversaciones perdidas

Conversaciones perdidas

-Te voy a nombrar tres frutas, intenta memorizarlas: manzana, pera, plátano.


Ayer te llamé, nuestra conversación no duró más de un minuto, a malas penas dos preguntas y a la tercera no llegaste a contestar, le pasaste el teléfono a él.

Fue entonces, como tantas otras veces, que me entró la nostalgia, nostalgia de ver donde fueron a parar esas largas conversaciones que manteníamos.

Recordé que antes de llamarte me aseguraba de no tener prisa para cualquier otra cosa, sabía cuando empezaba la conversación pero nunca cuando terminaría. Tomaba asiento en el sofá o me iba a la habitación y marcaba tu número de teléfono, respondías con esa voz dulce y comenzábamos a hablar. Me preguntabas por los niños, me hablabas de tus hermanas (tan parlanchinas como tú), si habías ido al mercado, o al médico y que te había preguntado por mí. Las conversaciones se alargaban más de media hora, no importaba.

Te escuchaba y tú me escuchabas a mí, no hablábamos todos los días, no era necesario, pero cuando lo hacíamos siempre era así, largas conversaciones.

Las echo de menos, no termino de acostumbrarme a llamarte y que no crucemos más de tres frases y le pases el teléfono a él, él que nunca le había gustado ese aparato, prefería hablar cara a cara, él era el que solo te cruzaba unas palabras a través de ese aparato y ahora es quien recoge el testigo de esa conversación.

No me acostumbro, aún así llamo siempre al teléfono fijo para que tú contestes y aunque sea una conversación cortita al menos escucharte.

Se hace difícil y creo que por eso cada día me cuesta más, porque cada llamada es una pequeña punzada a que aquello que hubo ya no está, a que esas largas conversaciones no sé volverán a dar, y yo, las echo de menos mientras tú no las recuerdas…


-¿Recuerdas las tres frutas que te nombré?

Manzana, naranja

Falta una

No me acuerdo…

Su cara ese día reflejaba tristeza, sabía que algo comenzaba a pasarle…

B.D.E.B.