«Estás en mi lista de sueños cumplidos» así reza una frase en un paso de peatones en el vídeo de Leiva que acompaña esta entrada.
La he leído y no he podido evitar escribir algo sobre ella, que bonito que alguien te diga algo así ¿verdad? sobre todo si realmente lo siente.
Cuantas veces soñamos con tantas cosas, con personas que queremos estén en nuestra vida y cuando finalmente lo conseguimos son eso, sueños cumplidos, aunque realmente se convierten en mucho más. No son solo un sueño más de esa lista, son compañeros de vida.
¿Mi lista de sueños cumplidos?… siempre quedará alguno pendiente pero creo que los más importantes ya estarían.
Algunos días por cualquier motivo nos despertamos con cierta nostalgia, sin saber muy bien de qué, o sabiéndolo y no queriéndolo reconocer, porque somos así de extraños los humanos.
No es que estés triste, pero algo no te hace estar como siempre, ni siquiera sabiendo que hoy es un día que andabas esperando, ni el estar preparando maletas para un viaje, a pesar de todo eso hay algo que no te deja estar bien al cien por cien.
Esa nostalgia te atrapa, te rodea todo el cuerpo como si de un abrazo se tratara y te envuelve con su perfume. Es justo en ese momento cuando (casualidades que ocurren) te salta algún recuerdo en modo de foto, «lo mejor de octubre…» evidentemente de otros años y ufff ese sentir con el que te levantaste esta mañana aún se acrecenta más.
Y es que de un día a otro pueden cambiar mucho las cosas, más aún en semanas o meses y ¿en años?… ahí ya ni se sabe. Hay situaciones que pensamos que durarían siempre, pero el «para siempre» raras veces ocurre, tanto en lo bueno como en lo malo.
Hoy me pregunto porqué algunas cosas son tan complicadas, o mejor dicho, porqué las personas complicamos tanto las cosas. Podríamos vivir tranquilos cada uno a lo suyo, compartiendo lo bueno, estando en lo malo, pero no, no se puede, no podemos. Siempre hay un «algo» por ahí que nos hace no quedarnos tranquilos y buscar más allá de donde debemos.
Hoy no me levanté triste, simplemente con ese punto de «y si…» aún sabiendo que ya no es ni creo que será. Esa nostalgia de lo vivido y ver como todo se fue por la borda, aunque ahora ya solo mire al frente y vea lo que está por venir, pero es difícil no echar en ocasiones la mirada atrás ¿verdad?
Cuando nos suceden estas cosas creo que lo mejor es sentir, sentirlas porque eso significa que seguimos vivos, hoy será nostalgia, después alegría, o tristeza, o miedo… a fin de cuentas sentir, de eso se trata.
Si hoy me atrapa la nostalgia no haré nada por detenerla, dejaré que me abrace quizás mientras alguna lágrima resbala por la mejilla.
Quizás me repita un poco, pero creo que esa sería mi afición favorita.
Hace un tiempo me recomendaron caminar por la playa para reforzar el pie que me habían operado (y que probablemente tengan que volver a hacerlo en breve). Y todo comenzó con unos paseos por la tarde hasta que un día me dije ¿y si ves el amanecer?
Curiosamente el primer amanecer y mi primera entrada en este blog, de ello se van a cumplir tres años… es una afición reciente, a partir de ese día se convirtió en algo que me apasionaba más y más. El mar siempre me había gustado muchísimo, ver amanecer en él me cautivó, y escribir… digamos que lo ha ido haciendo poco a poco. Más que escribir quizás compartir ese día a día en un pequeño espacio pero con grandes compañeros.
Así tres años después, continúo cazando amaneceres (ese título me lo puso un amigo), continúo con esos paseos por el mar y continúo escribiendo unas letras aquí, compartiendo mi día a día, a veces penas y otras alegrías pero todo de corazón.
Otra de mis aficciones leeros a vosotros, adentrarme en esta pequeña comunidad y dejarme llevar a través de las letras.
Una más, observar y capturar a la luna, quizás mi pasión por ella también se ha visto acrecentada gracias a este rincón.
Al final ha sido más de una, ¿y la vuestra?
B.D.E.B.
La música me saltó en el coche y tenía que estar aquí.
Algunos días aparece algo que no te permite hacer aquello que tanto te gusta, a veces el trasnochar, otras veces compromisos, y otras un dolor de cabeza…
Incluso en esos días, siempre hay algo que te hace recordar y sentirte ahí, en ese lugar. Quizás la entrada de alguien o algún comentario de una amiga, disfrutando en ese momento de lo que hoy para ti no ha podido ser.
Momentos que no me canso de repetir porque ninguno es igual a otro y aparte de ello siempre sirven para recargar la energía y cuando no puedes hacerlo siempre queda la sensación de que nos falta algo, supongo que es lo que nos pasa cuando nos acostumbramos a las cosas y casi las hacemos formar parte de nuestra rutina.
Cuando repetimos esos momentos a menudo, al final los convertimos en costumbres, en bonitas costumbres de esas que nos llenan. Aunque algunas de ellas no se repiten todas las semanas, algunas son cada varias semanas, o meses, algunas una vez al año, pero aunque sea así, es importante no perderlas y menos aún dejar de comunicarse con aquellas personas con las que realizamos o compartimos esas costumbres.
La de mis paseos suele ser en solitario, aunque la mayoría de veces después la comparto aquí con todos vosotros, muchas veces escrita desde allí mismo, otra de las cosas que me ha faltado hoy, leer algunas de vuestras historias desde allí y escribir la mía propia, mi historia… habría tanto que contar.
Y como somos animales de costumbres y hoy no ha podido ser, he decidido compartir una imagen de la semana anterior y un pequeño vídeo de ese mar en calma para, aunque sea a través de la pantalla, nos acerque a esa calma y nos ayude a recargar la energía en esa semana qué comienza mañana. Una semana que a mitad de ella me llevará a la otra punta del país, y quien sabe si a cazar un amanecer distinto al de mi tierra.
Háblanos de un tema o asunto sobre el que hayas cambiado de opinión.
Cuando nos encontramos desbordados, rotos y no hayamos la manera de salir de esa historia que estamos viviendo, necesitamos darle «carpetazo» rápidamente para poder volver a nuestra vida normal.
No pensamos en lo que llegamos a estar dispuestos a hacer por recuperar esa paz que hemos perdido, pensamos en caliente, con el corazón a punto de estallar y eso no es bueno, aunque en ese momento nosotros creamos que es lo mejor.
Cuando ni con esas se puede zanjar el problema, pasamos a la resignación y a intentar llevarlo lo mejor posible, pero ya paso a paso. Ahí es cuando nos damos cuenta de la «posible locura» que estábamos dispuestos a hacer por anticiparnos, por tener prisa, por desear que todo acabe cuanto antes, aún a sabiendas de que no depende de nosotros.
Y en ese punto en el que te encuentras, de pensar ya todo más «en frío», es cuando cambiamos de opinión y vemos que no hay que hacer las cosas importantes sin pensar, hay que sentarse y tomar aire, llorar y desahogarse, respirar profundamente y llegar a una pequeña calma y ahí sí, tomar la decisión y pensar hasta donde podemos llegar sin salir perjudicados (al menos intentar que así sea).
En ocasiones cambio de opinión sí, cuando por prisas, por no sufrir, por tomar una decisión rápida y sin pensar puedo equivocarme, y después pensando más tranquila veo que no es lo mejor.
A veces llegamos a tiempo, otras sin embargo ya es tarde….