
Apenas estaba amaneciendo el mar y el cielo tenían un tono anaranjado, el rostro de él era serio, no paraba de mirar aquello que seguramente poco antes acababa de construir, coronándolo con una rosa blanca.
Con mirada triste, cabizbajo, resistiéndose a alejarse de ese «altar» con un paso lento se marchó de allí.
Y allí quedó ese pequeño homenaje, esperando una marea alta que lo deshiciera, que arrastrara consigo la arena, que depositara en el mar esa rosa blanca y que borrara de esa orilla lo que alguien construyó dejando un trocito de corazón.
Si el dolor se pudiera borrar igual de fácil…
B.D.E.B.
*Cuando paseas por el mar, no es solo tu historia, son muchas historias las que llegan hasta allí y el es testigo de nuestras risas, pero sobre todo de nuestras lágrimas.


