El mini

El mini

¿Cuál es tu coche favorito de siempre?

Hoy la respuesta la tengo muy clara, es un coche que siempre me ha llamado la atención y que por un motivo u otro nunca he tenido.

No soy persona de que me llamen la atención los coches, mi primer coche fue un Suzuki Santana y me gustó cuando lo vi aparte de que mi padre me aconsejó que al ser novata mejor algo un poco robusto 😂 así que terminé con ese coche y me duró unos cuantos años.

Después llegaron varios más pero compartidos y familiares cuando llegaron los niños pero siempre tuve un segundo coche para mí, más pequeño y manejable y el mini no llegó nunca.

Ahora el último coche es compartido también con mi hijo y lo primero que dijo «ni de coña voy a ir en un mini», así que cedí en coger uno más a «su gusto».

No sé si en un futuro, aunque tampoco es algo que me preocupe mucho, pero sí, ese siempre ha sido mi favorito.

B.D.E.B.

Ausente

Ausente

Hay momentos que son agridulces, quizás una cena que no salió como debería, alguien que faltó y alguien que a pesar de estar, estaba ausente.

Celebras, brindas, ries, bromeas pero tienes ese puntito que no te deja estar del todo bien, tu mirada se va todo el rato tras ella.

Ha preferido quedarse en el sofá y no la sacas de ahí, ve que estáis casi todos pero no sabe el porqué, tampoco pregunta por los que faltan, insiste en quedarse ahí sentada porque ella «no cena» y sonreís mientras le dejáis hacer, ¿para qué enfadarla? Es mejor dejar que esté donde quiera estar, que se sienta bien, porque de eso se trata, que ella esté bien.

Y mientras habláis con él, como si ella estuviera ausente, os cuenta cosas, os miráis y aunque no se pronuncie en palabras, la tristeza os invade.

Llega la hora de repartir regalos y ella no sabe el porqué de ellos, los abre, los mira y se queda con uno de ellos que parece que le gusta más que el resto, hay otro que se empeña en que es para él y lo repite una y otra vez, con paciencia, tú también una y otra vez le dices que es para ella.

La has visto peor que otras veces a pesar de estar en su casa, el lugar donde se supone que está más cómoda y se entremezcla ese sentimiento de lo bonito de celebrar un año más a su lado y por otro ver que ya no es aquella mujer que un día fue, que le encantaba hacer las cosas y dejar casi todo listo para cuando llegasen todos, que se emocionaba cuando veía a todos en la mesa, que abría los regalos con ilusión.

En ocasiones hay ausencias que no dejan una silla vacía, pero me conformo con poder besarla y abrazarla un año más…

B.D.E.B.

La memoria del corazón  – Macao

24 de diciembre

24 de diciembre

Esta mañana ha sido un poco caótica, menos el café de la mañana que lo tomé tranquilamente enviando felicitaciones a quienes de verdad considero que tenían que recibirlas de mi parte, después ya ha ido todo un poco «a retortero». Empecé a empaquetar regalos (siempre todo a última hora), entre medias haciendo cosas de la casa, sigo empaquetando, atiendo a mi marido que con todos los días que tiene el año «ha elegido» hoy para ponerse enfermo, peleo con los chicos para que preparen sus maletas, atender el teléfono… y la maleta sin hacer para viajar mañana.

Ha habido un momento de esos en que dices «el año que viene ni me planteo viajar en estas fechas» pero ahora ya, más relajada y descansando un poquito antes de ir a casa de mis padres a preparar para esta noche, digo que aunque haya habido un poco de caos va a merecer la pena todo. Desde las caras de ilusión esta noche cuando abran sus regalos, al viaje de mañana.

Estos días creo que son de eso, de andar de aquí para allá entre compras, comidas, cenas, días de compartir (en mi caso diría de seguir compartiendo pero con villancicos de fondo), sin parar un momento, bueno ahora sí, al final he conseguido ese ratito de compartir unas letras.

Así que aprovecho para desearos a todos una feliz noche y unas felices fiestas, tanto a quienes las celebran como a quienes no son «amantes» de ellas, recordar que todos los días son motivo de celebrar al menos el seguir aquí, así hoy también toca celebrarlo.

Un fuerte abrazo para todos.

B.D.E.B.

Un año normal salvo…

Un año normal salvo…

Di lo que sabes sobre el año en el que naciste.

Si tengo que hablar sobre ese año creo que fue un año normal, no conozco ningún acontecimiento especial que ocurrirra ese año y he tirado del Sr. Google y tampoco me ha sabido decir nada interesante.

Vaya, una nace en un año y parece que no hay nada importante que contar, entonces he preguntado a mi padre, a ver si él recordaba algo de ese año y parece que sí, que llegué yo a sus vidas.

En ocasiones los acontecimientos no tienen que ser aquellos que se anuncian a «bombo y platillo», no es necesario que salga en los diarios ni en los medios, ni que se publique en las redes sociales (aunque hoy en día si lo haríamos), algunos acontecimientos son importantes para nosotros y ya solo con eso es un año especial.

Así el año de mi nacimiento 1972, no fue un año que la historia recuerde pero algunas personas de mi familia sí lo hacen, mi padre, mi hermana mayor, mi madre quiere hacerlo pero no puede… sé que lo fue porque ellos me lo han dicho mil veces y estoy segura que si les pregunto qué pasó ese año lo único que recuerden de verdad será eso, lo que para ellos fue importante.

Eso es lo que cuenta ¿verdad?

B.D.E.B.

Regreso

Regreso

El otro día escribía que en ocasiones, como en este caso, los planes se truncan pero en vez de desanimarte lo que hacen es que casi lo hayas preferido así.

Todo empezó con esa comida de compañeros que no estaba programada  siguió por un brindis navideño con los amigos de la fiesta y una cena compartida con unos buenos amigos.

Pero el sábado había algo más, uno de mis sobrinos regresaba a casa después de estar seis meses fuera, y aunque el vive a una hora de aquí, mínimo una vez al mes intentamos vernos, y la verdad que se le echaba ya de menos y tenía muchas ganas de darle un abrazo.

Y gracias a esos planes fallidos fue posible, el sábado fuimos con sus padres y su pareja a recibirlo, no llegaba el solo, llegaban unos cuantos compañeros más (es militar) y era la primera vez que acudía a un encuentro así.

A menudo estamos acostumbrados en los aeropuertos cuando llegan los aviones, pasajeros que también llevan tiempo fuera de sus hogares y esos abrazos largos, esas lágrimas…

Cuando llegan de una misión, siempre queda (aparte del echarse de menos por el tiempo que llevan fuera) esa pequeña angustia de saber si estarán bien, si pueden o no correr peligro (por más que se diga que no), no sé, creo que es algo diferente.

Y aquí una que se emociona por todo  ver a esos hombres y mujeres que regresaban a su casa después de esa misión, que se abrazaban fuertemente y lloraban de emoción, ver también como se despedían entre ellos, porque algunos no terminaban ahí su viaje,les quedaba un poco más.

Y por supuesto la cara de sorpresa de mi sobrino, porque no sabía que íbamos, solo esperaba a sus padres y pareja, sentir su abrazo fuerte, ese hombre en el que se ha convertido y recordar cuando era un mañaco y me tocaba cuidar de él.

Los regresos siempre emocionan, en estas fechas quizás aún más, estas fechas en las que a algunos nos gusta estar en familia, pero sin compromisos, solo porque apetece porque nos nace y queremos estar con los nuestros  en mi caso es como cualquier otro día, sólo cambia el menú y el intercambio de regalos, y la ilusión de los más peques, y la de mi padre, eso también porque le encanta ese día y tenernos juntos.

Una estación de tren, de autobuses, un aeropuerto… son lugares donde las emociones están siempre a flor de piel, porque nos encontramos con las dos caras tan diferentes, los regresos y las amargas despedidas…

B.D.E.B.