
Un año más, cuando se acercan esas fechas en las que todo son buenos deseos (casi todo, dejémoslo en un casi), a mí de nuevo me toca esa tarea de escribir las felicitaciones.
Un detalle que en muchas empresas se va perdiendo pero nosotros tenemos la costumbre de agradecer a nuestros clientes más fieles, algunos de ellos que casi son amigos. Es curioso porque, aunque acostumbro a escribir las mismas letras para todos, la «forma» de escribirlas no siempre es la misma. Cuando toca el turno de escribirle a quienes ya conoces, quienes desde hace años hay una relación laboral y fuera de lo laboral, no es igual a aquel que quizás aún ni siquiera le has estrechado la mano.
Pero también es cierto que en ocasiones hay algunas personas que sólo has tratado por teléfono, nunca le has visto en persona y sin embargo hay un trato mucho más cordial y amable que con aquel que puede ser de algún sitio cercano y viene a visitaros a menudo y sí, en lo referente a lo laboral puede ser una relación sólida, pero nada más de ahí.
Detrás de esos detalles navideños, está la tarea de acercarte a Jijona a buscar ese turrón a la piedra personalmente, escribir esas felicitaciones a mano y preparar esas cajitas junto un par de regalitos más, listos para enviar a su destinatario. Y llega el momento en que lo reciben, ahí también se nota a quienes lo acogen con gran ilusión y quienes lo agradecen pero de otra manera, los que saben que es un esfuerzo y lo haces con todo el cariño del mundo y quienes casi lo ven como que estás «obligado» a hacerlo, porque a fin de cuentas, es un buen cliente…
Ahora yo me pongo del lado de quien lo recibe. Cuando estoy en la oficina y llega algún comercial con unos simples calendarios y bolígrafos, o unas libretitas, o una agenda, también llega aquel otro que te trae una pequeña cajita, recuerdo también un año que el informático me trajo a mí personalmente una caja de bombones, y de repente llegan algunas felicitaciones también, allí estoy yo, como «niña con zapatos nuevos», porque por mínimo que sea el detalle, lo importante es que se han acordado de ti, está claro que quieren que sigas siendo su cliente, eso también, pero seguirías siéndolo sin que llegara ese pequeño o gran regalo.
Estos son días de dar y recibir, ya sea un regalo o una simple sonrisa, un calendario o una cesta repleta de cosas, son días de agradecer, de saber que juntos hemos colaborado para «sobrevivir» a ese año y en muchos casos echando una mano cuando ha sido necesario, esforzándose unos y otros y pidiendo o haciendo favores codo con codo.
En muchos sitios esas costumbres se van perdiendo, en otros las mantenemos, creo que es bonito recibir esa llamada para decir «gracias por acordarte de mí», es bonito ver la cara de los chavales recogiendo su paquetito de Navidad (porque a ellos también hay que agradecerles) y es bonito recibir aunque sea una pequeña felicitación recordándote que un año más continúa esa relación, en algunos casos de hace muchos años.
Así que esta tarde terminé con la mano dolorida de escribir esas felicitaciones, pero todo se compensa cuando se recibe esa llamada diciendo «gracias».
Una pregunta…¿vosotros también recibís esos detalles navideños, os hace ilusión recibirlos?
B.D.E.B.





