
Lo que más me gusta de cocinar dulces, ya sean bizcochos, magdalenas o cualquier cosa parecida, es el dulce aroma que se queda en la cocina y parte de la casa (al menos cuando esta no es muy grande). Justo pasa lo contrario cuando cocinas otro tipo de alimentos, mi hijo mayor siempre se queja cuando hago pulpo por ejemplo y más porque a él no le gusta.
Pero volvamos a los buenos a esos aromas que nos agradan, recuerdo cuando mi madre aún cocinaba y al llegar al portal de su casa ya se olía ese rico aroma a esos dos platos que nos encantaban, cuando íbamos al campo de mis abuelos y comenzaban a hacer el arroz en la leña, un olor inconfundible así como era su sabor, y curiosamente en mi caso son muchas veces los vecinos los que me dicen que huele bien aquello que estoy cocinando, con suerte puede ser que incluso lleguen a probarlo.
Pero aparte de esos «dulces aromas alimentarios», también hay otros aromas que son dulces y nos despiertan emociones, al menos a mí me ocurre…
El aroma del césped recién cortado
El de un bebé cuando lo tienes entre tus brazos
El olor de la lluvia cuando comienza a caer
El olor del mar mientras paseas por la orilla
El aroma de unas flores en primavera, cuando están en su máximo esplendor
El olor de un libro cuando comienzas a pasar sus páginas
El aroma del café cuando comienza a salir
Y
…
el aroma de tu cuello cuando me acerco despacio a depositar un beso…
B.D.E.B.





