Dulce aroma

Dulce aroma

Lo que más me gusta de cocinar dulces, ya sean bizcochos, magdalenas o cualquier cosa parecida, es el dulce aroma que se queda en la cocina y parte de la casa (al menos cuando esta no es muy grande). Justo pasa lo contrario cuando cocinas otro tipo de alimentos, mi hijo mayor siempre se queja cuando hago pulpo por ejemplo y más porque a él no le gusta.

Pero volvamos a los buenos a esos aromas que nos agradan, recuerdo cuando mi madre aún cocinaba y al llegar al portal de su casa ya se olía ese rico aroma a esos dos platos que nos encantaban, cuando íbamos al campo de mis abuelos y comenzaban a hacer el arroz en la leña, un olor inconfundible así como era su sabor, y curiosamente en mi caso son muchas veces los vecinos los que me dicen que huele bien aquello que estoy cocinando, con suerte puede ser que incluso lleguen a probarlo.

Pero aparte de esos «dulces aromas alimentarios», también hay otros aromas que son dulces y nos despiertan emociones, al menos a mí me ocurre…

El aroma del césped recién cortado

El de un bebé cuando lo tienes entre tus brazos

El olor de la lluvia cuando comienza a caer

El olor del mar mientras paseas por la orilla

El aroma de unas flores en primavera, cuando están en su máximo esplendor

El olor de un libro cuando comienzas a pasar sus páginas

El aroma del café cuando comienza a salir

Y

el aroma de tu cuello cuando me acerco despacio a depositar un beso…

B.D.E.B.

Dulce aroma – Duncan Dhu
Llegar…

Llegar…

Llegar a tiempo, siempre…

Hoy leía en un blog de los que sigo (ciudad siglo cero) un poema «Adonde quiera que vayamos» que empieza así «Adonde quiera que vayamos siempre llegamos demasiado tarde…» una frase que me ha dejado pensando porque soy de las que intenta ser puntual, pero en ocasiones llego tarde y es algo que no me gusta, el hacerme esperar, aunque el poema no hablaba precisamente de eso, sino de llegar a tarde a los momentos de la vida, y eso no se soluciona con una disculpa, ahí perdemos «oportunidades» que pueden llegar a ser importantes.

En ocasiones puede ser que lleguemos tarde por motivos ajenos a nosotros pero en otras lo hacemos porque hemos tardado demasiado en decidirnos, yo misma soy de las que no se «lanzan a lo loco» la mayoría de ocasiones pienso las cosas mucho antes de hacerlas y quizás alguna vez «haya llegado demasiado tarde» y ese puesto ya no ha sido para mí, ese lugar ha cambiado y ya no es el que esperaba o esa persona se marchó y ya no está… (esto quizás es lo más doloroso).

Así hoy, reflexionando sobre esa frase y a estas alturas en las que creo tener cada día las cosas más claras voy a intentar no llegar demasiado tarde…

a aquel lugar donde siempre soñé con ir

a cazar un amanecer incluso en un día lluvioso

a reír, divertirme, compartir con los que me importan

a mantener esa conversación larga, sin mirar el reloj sin parar a mitad y quedarse con ganas de más

a tomar ese café mirando de frente a la otra persona

a buscarte… porque quizás aún no es demasiado tarde para volverte a encontrar

a conocer a esa persona con la que tanto compartes, conocer de verdad, a fondo, no limitarse a lo que todo el mundo ve, creo que es muy importante hacerlo y eso lleva su tiempo, aquí no valen las prisas

a sentir cada pequeño instante para transformarlo en un momento inolvidable

a ser el apoyo que alguien necesita

a encontrar mi sitio a tu lado…

B.D.E.B.

«Me pareció ver un lindo gatito»

«Me pareció ver un lindo gatito»

¿Cuál es tu animal favorito?

Esta pregunta la he contestado anteriormente y algunos ya sabéis que tengo dos perretes, ese sería mi animal preferido, para mí son parte de mi familia, los adoro y ellos a mí también. Pero hay algo con los gatos que hace que cada vez me acerque más a ellos y es que, por algún motivo extraño, ellos son los que se acercan a mí.

El otro día fui por primera vez a casa de una conocida, ella tiene tres gatos y fue entrar en el salón y mientras dos de ellos me observaban como si hubiera ido a interrumpir la siesta que se estaban dando, el tercero se acercó al brazo del sofá para quedar justo a mi lado y me pareció que reclamaba algo.

Acerqué mi mano a su cabecita y comencé a acariciarle suavemente, el animal seguía reclamando los mimos y mi conocida me decía extrañada que eso no lo hacía con todo el mundo a lo que yo respondí que le debía de haber gustado. Entonces ella me dijo que algunos gatos se acercaban a quienes le transmitían «buenas energías».

Nunca he tenido gatos en casa pero si es cierto que cada vez que he ido a casa de amigos o familiares que tenían gatos, ha sido sentarme y tenerlos o encima de mis piernas o a mi lado… así que no sé si realmente les transmito algo o simplemente se acercan a buscar mimos como lo harían con cualquier otra persona.

B.D.E.B.

Sin parar…

Sin parar…

Atardecer a través de la ventana del tren.

Hoy ha sido un día un poco de locos. Entre anoche y casi de madrugada decidí irme de acompañante a una feria a la capital, así que el estrés de comprar a última hora los billetes del tren, dejar todo un poco organizado con los chicos y salir corriendo de casa. A eso le añadimos que el parking de la estación está en obras y el coche ha habido que dejarlo a la otra punta y corriendo para no perder el tren.

Durante el viaje registrarme para la invitación de la feria y por fin un poco de relax en el tren, hasta que llegó a Madrid, allí ha comenzado el estrés de coger un taxi y de que te lleven al sitio, acostumbrada a Alicante cuando voy para allí me estreso solo de ver a la gente ir corriendo de un lado para otro, yo que soy de caminar tranquila, allí es imposible.

Y ya una vez en el pabellón entonces ya respiras y recuerdas la última vez que estuviste allí, hace poco más de dos años pero de una manera distinta, muy distinta.

Entonces era la empresa la que había expuesto allí, teníamos un stand que todo el mundo se paraba porque llamaba la atención (no porque fuera el nuestro, la verdad que era muy diferente al de la competencia). Yo asistí uno de los días con mi compañero de oficina simplemente por curiosear y además tuve un reencuentro con un amigo que hacía veinte años que no veía, un día redondo.

Hoy ha sido diferente, ir de visitante y aprovechar para ver maquinaria nueva, visitar a algún proveedor y tomar algo y conocer en persona a un cliente de los nuevos… un día productivo pero a la vez estresante.

Aquí es cuando te das cuenta de lo que cambian las cosas en un par de años, ni siquiera el pabellón era el mismo, ni muchos de los expositores, ni siquiera nosotros somos los mismos…

Podría irme bastantes años atrás para recordar esa misma feria y aún era todo bastante más diferente y es que todo cambia y nosotros cambiamos, la vida nos cambia y queda nuestra esencia pero hay cosas que desaparecen para que aparecer otras, hay personas que se marchan para llegar otras…y como decía una frase que compartió el otro día un amigo «hay extraños que se convierten en amigos con la misma facilidad que amigos se convierten en extraños» (algo así), y eso es lo que ocurre con el paso del tiempo y las circunstancias vividas.

Así hoy ha sido un día movidito y ahora ya en casa, con calma y recordando lo acontecido me doy cuenta de que aunque no haya parado esto es lo que toca vivir ahora, habrán días con calma y días más estresantes como el de hoy pero lo que importa es que ahora es mirando por el bien de los míos.

B.D.E.B.

Quiero paz… nada más – Nacho Castillo
Sabores con recuerdos

Sabores con recuerdos

Hay días como hoy que, mientras preparas algún plato, llegan a tu mente recuerdos de una época lejana pero feliz, y es que creo que algunos platos, algunos alimentos se quedaron grabados hace ya muchísimos años y cada vez que vuelvo a prepararlos traen de vuelta aquellos momentos.

En casa hay una hortaliza que no le gusta a ninguno más que a mí, y por ese motivo suelo prepararla en pocas ocasiones, se trata de las alcachofas. A mí me gustan preparadas de cualquier manera, incluso crudas en ensalada.

Esta tarde las vi en la frutería y me apeteció probar a hacer unas «flores de alcachofa con virutas de jamón » nunca las había preparado a pesar de que cuando las veo en la carta de algún sitio siempre las pido, pero a veces preparar algo para mi sola me da un poco de pereza.

El caso es que las he comprado y al llegar a casa me he puesto manos a la obra y ahí es cuando aparecieron esos recuerdos, sin avisar, se  colaron en mi mente y llegaron hasta el corazón.

De niña, cuando íbamos los domingos a casa de mis abuelos maternos en la zona del campo de Elche, si mi abuelo y mi tío estaban en el «bancal» (huerto) recogiendo la cosecha, mi padre iba para allí a echarles una mano y yo,si mis primos aún no estaban en la casa, lo acompañaba.

Recuerdo como si fuera ayer, llegar allí y ver a mi abuelo y a mi tío con la carretilla llena de alcachofas, y siempre cogía una de ellas y comenzaba a arrancar las hojas y comerme la parte blanca de las mismas, la que está unida a ella. Así una a una hasta llegar al corazón, entonces se lo daba a mi padre porque eso ya no me gustaba… es decir, la mejor parte me la perdía.

Después llegábamos a la casa y allí eran mi tío, mi abuelo y mi padre los que hacían lo mismo, pero poniendo un poco de sal y después con los corazones preparaban la ensalada para la hora de la comida.

Años después ya recuerdo tanto a mi madre como a mi padre pelándolas en casa, frotándolas con limón y prepararlas en tortilla, ensalada, hervidas o en un arroz de habas, alcachofas y boquerones  riquísimo también, otra de las cosas que no suelo preparar porque aquí a ninguno les gusta.

Así que hoy ha sido una tarde-noche de recuerdos y sabores tradicionales mezclados con las modernas preparaciones de ahora, pero ese sabor final a una época feliz, traer a la mente a aquellos que ya no están presentes pero siempre tienen un hueco en el corazón.

B.D.E.B.

Y muchos años después, mi hijo mayor y uno de mis sobrinos ayudaban a mi tío a pelar las habas también recién recogidas del huerto, de mi época no hay imágenes pero esta la guardo como oro en paño.