
En algunos de mis paseos traje alguna caracola conmigo, por su extraña forma, porque me llamó la atención, porque a pesar de ser común me pareció muy bonita, incluso alguna rota, porque ya sabéis…todos en algún momento lo hemos estado o seguimos estándolo.
Cuando las observo en casa, en ocasiones me siento un poco culpable de haberlas traído, se que no están en su sitio, el que les corresponde por naturaleza y en el que podrían servir de mucho más, que adornar o permitir que alguien las observe porque le traen recuerdos.
Pero me siento culpable porque sé lo que es el no estar en tu sitio, el sentirse fuera de lugar y no es nada agradable.
Cuando llegas de nuevo a un sitio, con tu timidez (más aún de joven que ahora mismo), al principio no sabes como actuar, si estar de pie, sentarte, si saludar acaloradamente o manteniendo las distancias…quieres ser tú mismo pero sin molestar con lo que digas o hagas. Luego, con el tiempo, te vas integrando y llega un momento que parece que estás ocupando tu sitio, pero (una vez más) los para siempre no ocurren casi nunca, y, posiblemente, llegue un momento en que ese ya no sea tu sitio y toque regresar al que sí lo es.
En estos días, que además, tengo a una adolescente alemana en casa por un intercambio del chico pequeño, en algún momento la veo descolocada, el idioma es un problema, porque solo los chicos pueden hablar con ella en inglés, y es complicado comunicarse, intento que esté lo más cómoda posible pero en algún momento se le nota que no está en su sitio, aunque ella también hace por ser una más.
Cuando no nos sentimos en nuestro sitio creo que se termina notando, los demás terminan notando de que algo no está bien y en ocasiones lo entienden y lo aceptan, o buscan el porqué, en otras simplemente se «ofenden» por ello, sin siquiera llegar a preguntarse porqué se ha llegado a esa situación y esa persona que se sentía en su sitio, ahora lo siente extraño, desconocido.
Seguramente alguna mañana, cuando me vaya a esos paseos, alguna de esas caracolas vuelvan al mar, a su sitio, del que nunca se habían tenido que marchar nunca, el que es hogar y quizás si exista un para siempre…
B.D.E.B.

Sin embargo esas caracolas son el recuerdo de un ser vivo que ya partió y quizás su sitio esté contigo y no en el mar. Lo bueno que tenemos nosotros es que cuando no estamos en nuestro sitio tenemos la capacidad de movernos así que mientras sigamos vivos vamos en pos del lugar en el que queremos estar querida amiga 🫂💙🌙🌊😘☕
Me gustaLe gusta a 1 persona
Toda la razón Manu, nos movemos de sitio y nos vamos hacia aquel en que sabemos que «ahí es» en el que nos sentimos que podemos ser nosotros mismos, sin que nos manipulen y que aún siendo nosotros mismos nos quieren, con virtudes y defectos.
Feliz noche amigo 🫂🫂☕️☕️😘
Me gustaLe gusta a 1 persona