La «palabra» que necesito

La «palabra» que necesito

Hoy es uno de eso días que te levantes con «la resaca» emocional del día anterior, con dolor de cabeza y sin muchas ganas de nada aún queriendo que el día sea un poquito mejor.

Y a veces son simplemente unas letras las que te hacen decir, «Sí» vamos a seguir tomando rumbo hacia donde queremos llegar y no seguir a la deriva y que el viento nos obligue a ir a un sitio que no es el que queremos estar.

Te das cuenta de que llegan de esa persona que siempre está en la sombra, que si intentas explicar que sí, que es él, mirará hacia atrás buscando a otra persona porque no cree que te diriges a él. No le gusta ser protagonista ni descubrirse, al menos eso es lo que me parece y yo lo respeto, siempre.

Hay quien tiene siempre esa palabra correcta, necesaria, que parece una tonteria ¿una palabra puede cambiar es estado de ánimo? Sí, lo hace, cuando llega en el momento adecuado, cuando es justo esa la que necesitabas, sin saberlo ni tú ni de quien sale porque igual que una palabra nos puede llegar a hacer mucho daño, otra puede llegar a curar, a acariciar y ayudar a tener esperanza en que todo se arreglará.

Hoy lo volvisste a hacer, como tantas otras veces que recuerdo con especial cariño, de nuevo acariciaste donde dolía sin saberlo, de nuevo llegaste a curar, porque unque no lo creas saber tocar las teclas cuando quieres y sacar una sonrisa de las lágrimas, una esperanza o el rumbo a tomar.

Hay personas que sin ellas saberlo se convierten en necesarias, tú una de ellas.

Gracias una vez más por tanto, aunque pienses que no es nada.

B.D.E.B.

A la deriva…

A la deriva…

Algunos días, una conversación, una canción, un recuerdo que llega a la mente, un sueño o la falta de este, incluso una frase o una palabra, te desmonta casi por completo.

No importa que se haya empezado bien, puede ser que se vayan acumulando cosas a lo largo de la mañana y cuando llega esa última hace que todo estalle por los aires. Pero no lo hace en forma de grito, ni de enfado, lo hace justo al contrario, un grito ahogado y unas ganas de meter la cabeza debajo de una manta y romper a llorar.

Imagino que siempre volvemos a lo mismo, a finales que nunca llegan, a incertidumbres que no nos permiten la tranquilidad que necesitamos, a un sentimiento de culpabilidad, que aún a sabiendas de que no había otra forma de hacer las cosas y por mucho que todos hablen de tu inocencia, a ti siempre te queda la duda del «y si lo hubiera hecho de otra manera».

Van siendo muchos más los días buenos que los malos, me quedo con eso y con la predisposición de seguir queriendo llegar a entendimientos pero hay días que todo pesa y que por cualquier motivo todo vuelve a salir a flote y mientras lo hace tu comienzas a «hundirte».

Y desde ahí miras el comienzo del día, en el que te veías haciendo esta y otra cosa, en el que habías planeado varias tareas de las cuales no has hecho ninguna. Te echas en el sofá y pasas esas horas perdidas, si alguien pregunta siempre se puede poner el pie de excusa, porque lo que trae estos días también, es que no tienes ganas de dar explicaciones para que te contesten que no puedes ni debes estar así (que fácil es hablar cuando no se siente)

Sabes que será un día, dos como mucho, que después todo vuelve a colocarse en su sitio y volverás a tener paciencia para esperar ese final, que curioso ¿verdad? Hay finales que no queremos que lleguen nunca y otros sin embargo los esperamos ansiosos, nunca estamos conformes.

Hoy está todo patas arriba de nuevo y cuando menos ganas tenemos de salir, de movernos pues pasa que, como si algo te impide que estés así, llega una llamada y te hace tener que moverte y salir, así quizás te pega el aire (ese que últimamente azota fuerte por aquí) y cambia de rumbo este día que se iba un poco hacia la deriva…

B.D.E.B.

Leiva – Caída libre
Tarde de domingo

Tarde de domingo

Mientras la negrita se coloca sobre las piernas dispuesta a seguir echando su siesta, Ares que es un «alma libre» busca el hueco del sofá que quede libre. Allí se aposenta erguido y con pose, siempre con su bonita planta.

Ella es más, no sé como decirlo, ¿pasota? Se tumba de cualquier forma, preferiblemente buscando unas piernas (preferiblemente las mías), pero si no hay nadie sentado, se tumba de cualquier forma sin importarle su aspecto. Él no, él aunque se esté durmiendo sentado ahí está en pose como esperando un reportaje fotográfico, eso sí, no te acerques a él con la cámara porque no se deja fotografiar así de fácil, huye casi tanto como un famoso.

Lo bueno de las tardes de domingo en casa es que ellos acompañan como uno más, ¿peli y manta? Pues vamos allá, eso sí, sin palomitas para no alterar su tranquilidad (y la mía).

B.D.E.B.

Hoy…

Hoy…

Hoy no ha habido un largo paseo, hoy ha sido un paseo corto, pausado, un paseo de disfrutar y sentir, de poner en alerta los cincos sentidos y maravillarse con cada pequeño detalle.

Disfrutar de los colores del amanecer después de tantos días grises, observar como se teñían las nubes con esos primeros rayos.

Escuchar y ver como las olas rompían fuerte a pesar de la calma que traía este día.

Observar a lo lejos ese faro que me sirve de guía, que me indica donde está mi lugar favorito y al que hoy no se podía llegar.

Ver el sol asomar por el horizonte mientras una gaviota cruzaba frente a él una y otra vez.

Sentir una suave brisa nada comparable al desagradable viento que soplaba fuerte estos días de atrás.

Hoy ha sido un paseo corto en el que los desconocidos nos cruzamos con una sonrisa y un breve saludo, en el que sonríes al ver a los peludos juguetear en la arena.

Observas a quienes, como tú, se disponen a cazar ese amanecer, a disfrutar de ese mar sin prisas, con calma, a sentirlo.

Porque hay días que no se necesita un paseo largo, a veces es solo la intensidad con que uno siente cada momento de ese paseo.

B.D.E.B.

*Hoy no hay música, tan solo unos segundos de ese sonido y esa belleza que envuelve el paseo.

Por un momento

Por un momento

Déjame que me acerque por un momento, permite que llegue hasta ti, escucharte, sentirte cercano.

Por un momento, déjame acercarme a tus pensamientos, a descubrir aquello que te inquieta, lo que te hiere y también lo que te hace feliz.

Déjame descubrirte, aunque sea por un momento, acompañarte, sentirte, que me sientas…

Me gustaría por un momento, mostrarte mi sonrisa, observar la tuya, cruzar una mirada, sujetarte de la mano, estar…

Quizás algún día, esperaré paciente sin prisas, observando a lo lejos, sin que notes mi presencia, cuidando en la distancia.

Mientras seguiré soñando, en que por un momento, me dejaste estar junto a ti.

B.D.E.B.

Marea – Corazón de mimbre