Los días grandes de fiestas, de cualquier tipo de ellas, no tenemos más que mirar un poquito hacia arriba para fijarnos en esos preciosos adornos que además tienen la función de iluminar nuestras calles.
Ayer mientras los observaba, me vino a la mente que así como esas miles de luces iluminan el camino que llega hasta el centro de la fiesta, hay personas que nos iluminan a nosotros en otro tipo de camino bastante más complicado, el de la vida.
En la claridad se ven bonitos, se balancean a tu lado y te resultan bonitos, te alegras de verlos lucir así y sonríes mientras los observas. Pero cuando llega la oscuridad descubres algo más, no solo brillan,también están ahí para iluminarte, a ti y al camino que sigas. Apartan esa oscuridad, transformándola en brillo de mil colores y aunque sea a ratitos, tu vida vuelve a tener luz gracias a ellos.
Doy gracias por recibir su luz, su calor y sentir que con ellos cerca yo también puedo brillar.
Cuando comenzó la plantá y vi esta falla por redes, supe que tenía que ser una visita asegurada. Anoche cuando estaba frente a ella se me erizó la piel. Al margen de su altura fue lo que me transmitió, ese rayito de esperanza que siempre nos queda frente a muchas cosas.
Ayer hablaba sobre la guerra, más tarde visité este monumento y fue como respirar hondo y decir «aún no está todo perdido».
Ojalá así sea, que todavía estemos a tiempo de no terminar de cargarnos el mundo.
Una imagen vale más que mil palabras, así que os dejo algunas de las que tomé anoche.
Estas letras las escribí hace dos años y medio. En aquel momento iban dirigidas a la guerra entre Rusia y Ucrania, hoy podría ser para alguna más.
Cuando ayer vi por las redes el ninot indultat me acordé de esta entrada y hoy quería recordarla aquí.
«En un lugar del mundo, un país, una ciudad, una urbanización… los niños juegan tranquilamente en la pista de fútbol, de repente la mamá de uno de ellos:
¡Pedro! (por poner un nombre), deja de jugar y ven aquí, tenemos cita con el médico, te vas a poner perdido.
Pedro deja de jugar a regañadientes y se dirige hacía su madre:
-Mami, cuando salgamos del médico, si me porto bien, ¿me puedes comprar el juego ese de la «maquinita» que te pedí hace unos días?
-Bueno hijo, tú pórtate bien y luego ya veremos. Dice la madre, aún a sabiendas de que va a ser así, le cuesta negarle nada aunque sabe que no le está haciendo ningún bien, pero cómo la gran mayoría de los padres parece que dándoles lo que nosotros no hemos podido tener nos hace ¿más felices?….
Se montan en el coche y se dirigen hacia el centro de salud, al llegar allí se sientan a esperar su turno, mientras tanto el niño le pide a su madre el móvil para que la espera no se le haga «eterna». Al cabo de unos minutos les avisan que pueden entrar, Pedro apura hasta casi estar en la puerta con el móvil y entran a la consulta.
-Bien chaval, pues está todo correcto, nos vemos en unos meses ¿de acuerdo? Pedro le sonríe, no por lo que acaba de decir el médico si no para mostrarse en todo momento amable, un juego está en «juego».
Cuando salen del centro de salud, no tarda ni un minuto en preguntar:
-¿Me he portado bien mami? ¿Vamos a comprar el juego?
La madre claudica y van a la juguetería, una vez comprado regresan a casa y lo primero que hace Pedro nada más llegar es irse directo a la «maquinita» y cargar el juego, a los pocos minutos está fusil en mano (en la pantalla) matando todo bicho viviente.
Al otro lado del mundo, de donde vive Pedro y su familia, una madre sale a buscar a su hijo, lo encuentra en el descampado de enfrente de las casas jugando a fútbol con sus amigos, con una pelota algo cochambrosa y pinchada que habían encontrado unos días antes mientras paseaban por los alrededores del pueblo donde viven.
Cuando llega al lado de los chavales, la madre recoge al suyo y toman camino hacia el hospital para ver al médico para una revisión del chico.
Después de algo más de veinte minutos caminando llegan al sitio, entran a una sala de espera repleta de gente y se sientan a esperar que les toque su turno. De repente suenan unas sirenas alarmantes, ¡evacuación! A continuación un estallido enorme, todo se viene abajo. A las horas consiguen rescatar al chico y a su madre junto algún sobreviviente más (pocos). «Game over»
*Triste realidad la que estamos viviendo, está claro que los niños como Pedro no tienen la culpa, son sólo niños, ellos piden y nosotros satisfacemos, punto. Pero lo que también es cierto es que los chavales del otro lado menos culpa tienen de lo que hacemos los adultos, se merecen una infancia cómo la de Pedro, o al menos parecida, tienen que ser niños y no adultos a una temprana edad, no se merecen vivir todas esas atrocidades que están sufriendo, ni pasar hambre, ni vivir en circunstancias infrahumanas, deberían de tener todos las mismas oportunidades. A fin de cuentas son niños, no han hecho nada para tener que pasar por estas cosas, ya les llegará la edad de tener que pelear, luchar, sufrir, y un largo etcétera, pero no ahora…«
Los días previos a una escapada o un viaje suelen ser agotadores. Organizar todo, preparar maletas, compras de última hora, «adecentarse» un poco (el lado coqueto siempre sale en este momento) y comprobar que no falta nada de la lista, lo principal, las ganas de disfrutar, pero cuando llega casi el final del día previo caemos agotados.
Ahora, con todo ya listo y con muchas ganas de disfrutar de esta pequeña escapada a las fiestas hermanas, llega a mi memoria como empezó todo, porque aunque había estado allí anteriormente, este es el tercer año consecutivo que volvemos junto a unos amigos, que nos enseñaron a apreciar esa fiesta y vivirla desde dentro como lo hacemos con las nuestras.
Van a ser tres días intensos, de largas caminatas, de observar ese arte, de olor a pólvora, esos sonidos tan nuestros y de ese fuego que nos despierta tantas emociones.
Días de compartir de nuevo, de unirnos aún más con aquellas personas que un día entran en tu vida despacito y cuando te das cuenta se han convertido en familia.
La fiesta nos acercó y poco a poco nos hemos ido descubriendo, comprobando que cuando se quiere no hay muros que separen, se saltan, se rodean o se abre una puerta y al atravesarla te reciben con un fuerte abrazo.
Ahora toca descansar y mañana empezar a disfrutar desde el minuto uno, poner en alerta los cinco sentidos y vivir la fiesta con la mejor de las compañías.
B.D.E.B.
Maná – Rayando el sol
Como nuestros gustos musicales son muy diferentes, os dejo una canción de un grupo que si compartimos.
Comienzas a caminar y los pensamientos se agolpan en la mente, situaciones complicadas que inevitablemente están por llegar, una conversación de hace unos días que comienza a hacerse realidad, algo para lo que te tenías que preparar pero aún no lo estás…
Caminas y todo ello da vueltas en tu mente, intentas distraerla fotografiando ese bonito amanecer, escuchando el sonido del mar, disfrutando de esa playa casi desierta a esas horas, pero hoy cuesta, más que de costumbre.
Quizás porque antes lo veías todo lejos, ahora lo ves más cerca, más de lo que te gustaría sobre todo esa situación en la que te centras.
Recuerdas esas palabras de hace unos días, esa pregunta «tienes claro que eso va a llegar a pasar ¿verdad?» Tú contestabas viéndolo lejos «sí, se que irremediablemente llegará y me intento hacer a la idea…» y ahí se quedó, no quise seguir hablando para que mi voz no se quebrada.
Ayer me avisaron, con sutileza, siempre protegiendo para que no me rompa… está comenzando a pasar, y una parte de mí dice que seré fuerte, otra sabe que será duro.
Las olas comenzaban a romper y golpear más fuerte, como si quisieran llevarse esos pensamientos de mi mente, quizás arrastrarlos al fondo del mar,creo que es lo que pasa cuando voy allí, las olas secan mis lágrimas, sanan el alma y destruyen mi angustia.
Después de un rato, más largo de lo habitual, en mi rincón, después de alguna lectura, de capturar imágenes para sustituir las que estaban en mi mente.
Después de apartar esa mirada perdida en el horizonte, me di cuenta que los pensamientos se habían borrado de mi mente, así como se va borrando su memoria…