A la luz de la luna…

A la luz de la luna…

Si hay un momento que se pueda comparar con la belleza de esos amaneceres en el mar, es cuando la luna (casi llena) se refleja en él.

Una vez más luna, mar y sol.

Pasear con ellos de testigos es algo que llena, que recarga mis energías al máximo, si además tengo la suerte de hacerlo acompañada de quienes son pilares fundamentales en mi vida, aún más.

Porque hay días que merecen mucho la pena, noches que pasan de ser una más a convertirse en importantes y paseos que, en buena compañía, se vuelven especiales.

B.D.E.B.

Paul Alone y Aury Salazar – Te acuerdas
Casi llena

Casi llena

Casi llena y con las nubes cubriéndola, como si quisieran enturbiar su belleza. Aún así luce grandiosa, los primeros instantes antes de que el cielo oscurezca y aparezcan las estrellas para brillar junto a ella.

Siempre que comienza a anochecer la busco en el cielo, me gusta en cada una de sus fases, pero cuando está casi llena me hace pensar, en nosotros, cuando nos sentimos en ese «casi», casi completos, casi llenos, y quizás al igual que ella por un par de días, por unos momentos lleguemos a estar llenos también, y en ese momento reflejaremos también toda  nuestra belleza, porque cuando internamente nos sentimos así, se ve reflejado en el exterior.

Creo que incluso en ocasiones se desprende esa energía especial, capaz de contagiar a quienes nos rodean o se acercan a nosotros, pero como todo no dura para siempre.

Quizás sea un par de días como ella, quizás sea simplemente un momento, o quizás dure algo más, después llega el momento en el que, al igual que ella, comenzamos a menguar…

B.D.E.B.

Duermedela – Saurom
De raíz

De raíz

No sé como llegó a parar allí. Tampoco sé si se secó y fue arrancado de raíz o si sucedió al revés…

Me llamó la atención, allí, con las olas mojando sus raíces y el sol ofreciendo sus rayos como un intento de resucitarlo, de hacer volver a la vida aquello que ya murió.

Me detuve frente a él y estuve allí unos minutos, observando el momento, pensando en como había llegado hasta allí, pensando en la cantidad de cosas que aparecen fuera de su sitio, arrancadas de raíz porque a alguien se le antojó hacerlo.

A nosotros en ocasiones también nos arrancan de nuestro lugar, o comenzamos a «secarnos» y, si nuestras raíces aún están sanas, toca arrancar de ese lugar y plantar en otro con suficiente humedad, luz y cariño que haga que de nuevo volvamos a estar en todo nuestro esplendor, que revivamos y fortalezcan «nuestras ramas» para dar cobijo a quienes se acercan y sobre todo a quienes se encargan de cuidarnos.

Lo único que debería de ser arrancado de raíz, son esas malas hierbas que no permiten que el resto de vegetación crezca en su máximo esplendor.

B.D.E.B.

Vanesa Martín – Arráncame.
Olas…

Olas…

Me gusta observar el momento en que comienza a formarse la ola. Justo cuando se empieza a formar esa curva, el agua se alza antes de mostrar esa cresta blanca y después rompe con fuerza intentando alcanzar la orilla para más tarde regresar de nuevo al mar.

Hay días en los que me quedo observando fijamente y me recuerdan cuando tomamos aire  tomamos ese impulso para soltar aquello que nos aprieta dentro, no es preciso soltarlo con rabia, con la fuerza de algunas olas, simplemente soltarlo, como esas otras que rompen suave, con un sonido agradable, sin sobresaltos…

Son muchas las ocasiones que me comparo con él, días en los que se muestra «bravo», días en los que está en calma, a mí también me ocurre.

Sea de una manera o de otra, hay algo que siempre se repite, cuando termina ese paseo, cuando marcho de allí, siempre es en calma…

B.D.E.B.

Natalia Lafourcade – Soledad y el mar.
Volver a ti

Volver a ti

Después de unas pocas semanas lo echaba ya de menos, diría que incluso lo necesitaba.

En estos días la cabeza comenzaba ya a dar vueltas y regresaban algunas noches de desvelo. Imagino que porque estamos cerca de ese primer aniversario (aunque no sea para celebrar) o quizás porque toca preparar esa primera batalla ya cercana, el caso es que necesitaba de ese ratito a solas conmigo misma y con mi terapeuta especial, el mar…

Así, esta mañana, antes de que el sol saliera salí yo de casa. De camino se comenzaba a ver ese cielo naranja y nada más aparcar el coche y cruzar, respiré hondo y creo que ahí me di cuenta de las ganas que tenía y cuanto lo había echado de menos.

De nuevo la cámara y el móvil fueron testigos de ese encuentro, terminaron con una buena cantidad de imágenes mientras yo caminaba dejando atrás todo aquello que pesaba y las olas cumplieran esa tarea de llevarlo bien adentro del mar, casi llegando al horizonte y lo más pesado dejaran que se hundiera en su fondo.

Llegué hasta ese lugar en el que parece que acuda a una cita desde hace algunos años, y hoy no hubo lectura ni escritura, solo observar y sentir, relajar el cuerpo y la mente, sin más…

Después de un ratito allí tocaba el camino de vuelta, y ver como la playa que minutos antes estaba desierta, comenzaba a despertar y llenarse de otras personas que también llegaban a disfrutar de ella de una u otra manera.

Ahora amanece bastante temprano pero una vez más ha merecido la pena, de nuevo disfrutar de esos colores, sentir la brisa fresca, escuchar ese sonido de fondo y dejarse llevar a esa paz que tanto se necesita y, en ocasiones, tan complicado es conseguirla.

Lo echaba de menos y hoy lo disfruté de nuevo, en soledad, en silencio, en paz…

B.D.E.B.

Arco – A mis 50