
Esta mañana el espejo me devolvió el reflejo de alguien que ya no era esa joven de hace años. El rostro comenzaba a tener algunos surcos inevitables por el paso de los años, algunas marcas de enfermedades pasadas, alguna pequeña cicatriz…
Entonces decidí mirar más allá, clavé la mirada en los ojos y profundicé en ella y fue cuando vi a esa joven confiada, callada, tímida, que solo se mostraba en raras ocasiones, que quería sin ver más allá, que confiaba en quienes se acercaban a ella y ahí me di cuenta del cambio sufrido.
Los surcos no solo estaban en la piel, ni las marcas, ni las cicatrices… estaban también en su interior, en el alma, en el corazón.
El espejo me devolvía el reflejo de una persona menos callada, alguien que había perdido parte de su timidez, alguien que seguía confiando pero mirando más allá, fijándose en detalles, en palabras, en miradas, gestos… y aún así, se podría equivocar pero a veces es necesario confiar porque nos llevamos también gratas sorpresas.
Esa joven desapareció, la hicieron desaparecer y algunas de esas personas hoy preguntan por ella, no se dan más explicaciones, no se nombran culpables, simplemente se fue…
Pero en ese reflejo aún queda algo de ella, algo que solo lo deja ver a una parte del mundo, quizás a quienes sienten parecido, quienes se acercan como hacía ella, sin hacer ruido, quienes también conservan una parte de esa timidez, de ese estar,de esa confianza, de ese querer sin ver más allá… sin interés.
B.D.E.B.




