A veces me gusta experimentar con las imágenes, quizás «dibujar» ese paisaje que he capturado en dos momentos diferentes, sobreponerlo y ver el resultado, seguro que hay mucho que mejorar pero me entretengo un ratito.
Sobreponer imágenes igual que hacemos con otras cosas, que utilizamos para «tapar» algo o cubrir aquello que no nos gusta y a veces también podemos ir un poquito más allá, y llevarlo al mundo de los sentimientos, cuantas veces dibujamos una sonrisa mientras lloramos por dentro, o mostramos indiferencia ante algo que nos ha hecho daño para que la otra parte no vea nuestra debilidad.
Hoy ponía una imagen encima de otra para ver el resultado final, experimentando, pero en ese otro tema es mejor no experimentar porque termina haciéndonos daño, doliendo y muchas veces hasta confundiendo no sólo a nosotros mismos, también a quienes tenemos cerca, si no le mostramos la imagen correcta, no sabrán si es de día o de noche, si lloramos o reímos, si estamos felices o morimos por dentro.
Porque no es lo mismo querer dibujar ese «paisaje» que vemos en nuestra mente, que dibujar un paisaje distinto al que se encuentra en el corazón, ese es importante mostrar tal y como es, sin filtro, sin sobreponer.
Llegamos como cualquier otro viernes santo a la casa, mis tíos y primos allí estaban esperando y ese señor bajito, regordete y con cara de bonachón, deseando recibir a su hijo mayor y al resto de la familia.
Es curioso porque mi abuela sonreía poco pero él si lo hacía, en cambio en mis otros abuelos era justo lo contrario, a ella se la veía feliz siempre y él (ya le dediqué una entrada) era muy serio y parecía enfadado siempre.
Viernes santo y una tradición, no se puede comer carne y por tanto toca mujol a la brasa. Ese día la cocina era cosa de hombres, mi padre y mi tío se encargaban de poner el pescado en la parrilla y llevarlo a las brasas y mientras él lo vigilaba, mi padre cogía el mortero y a mano preparaba un «all i oli» para chuparse los dedos (nunca mejor dicho, porque así terminaban de comerse el pescado)
Una tradición que recuerdo con especial cariño porque fallecieron mis abuelos y se perdió, aunque mis padres a día de hoy, siguen sin comer carne el viernes santo, pero yo si la perdí del todo, aunque lo que no he hecho ha sido olvidarme.
Cada año cuando llega ese día, en mis recuerdos está esa imagen de la parrilla con los pescados y de mi padre sentado en una vieja silla en la cochera, con el mortero en mano y preparando ese «all i oli».
Hay tradiciones que aunque no las sigamos ya, no quedan en el olvido.
Primero habría que saber qué es un día normal, porque seguramente para cada uno de nosotros es diferente, es más para mí ahora mismo, un día normal aquí, no es lo mismo que un día normal cuando estoy en casa.
Y como hoy todavía no ha pasado, pues vamos a hablar del día de ayer, de la «normalidad» del día de ayer (esto me suena a cuando terminó la pandemia que decían que volvíamos a la nueva normalidad, que poquito aprendimos aunque parecía que sí…)
Estos días están siendo un poquito «extraños», normalmente cuando llegamos aquí ya están o llegamos casi a la vez de los habituales de todos los años, pero en esta ocasión nos hemos venido unos días, antes, era necesario desconectar un poquito de todo, así que salvo algunas personas que ya estaban aquí, los que digamos son «más amigos» aún no han llegado y parece pues que falta algo.
Y como la parcela donde irán los amigos a partir del jueves (justo al lado mía) está libre, pues ahora mismo es una parcela para gente «de paso», es decir que están una o dos noches y ya, cada día vecinos nuevos y ayer fue un poquito curioso.
A eso de las cinco de la tarde llegaron dos chavalitas (no creo que tengan más de veinte años) con sus mochilas a la espalda y el plano del camping en la mano, yo pensé que se habían adelantado y detrás vendrían las parejas con el coche, pues no, en esa mochila llevaban todo… hasta la diminuta tienda de campaña, es decir como los montañeros cuando salen de ruta, pues algo así, y (el otro día hablaba de esto mismo) empezaron con la diferencia de opiniones, vamos a la piscina y luego montamos la tienda (ahí vi que llevaban un diminuto iglú), la otra decía que mejor la montaban ahora para que no se hieciera de noche, a las cinco de la tarde y con un sol de justicia… me dieron ganas de ofrecer algo fresco pero tampoco me gusta meterme donde no me llaman. El caso es que la que quería montarla le dijo a la otra que se fuera a la piscina que ella la montaba, y la otra con mala cara se puso a ayudarla y en diez minutos si llegó, la tienda montada, claro, para que clavarla al suelo 🤣.
Así que tanta discusión para nada, en diez minutos todo listo y bikini y a la piscina… y claro, una que le da vueltas a todo me quedo pensando, yo llegué el sábado, hoy es lunes y aún estamos poniendo cosas y estas han llegado en diez minutos y listas para la piscina, hace aire y la tienda sin clavar ni se mueve y a nosotros nos toca reforzar todo para no salir volando….
Pues sí, esto sería un día normal en el camping en el que te das cuenta de que menos es más, con poquito puedes disfrutar, claro que ellas son dos noches, aquí alguna es un mes, no sé si mi espalda aguantaría dormir en una fina esterilla sin más, ahora… cuando tenía veinte años aguantaba de sobra.
Aquí todos los días hay algo divertido tanto con conocidos como con gente de paso, no da tiempo a aburrirse.
Hace años el mes de agosto lo tenía completo de vacaciones, algunos días viajaba fuera y el resto lo pasaba en casa, entre piscinas, playa, terracitas con los amigos y algunos con invitados en casa, un mes daba para bastante y se intentaba aprovechar al máximo.
Después eso cambió y de un mes pasó a quince días y entonces tocó buscar otras alternativas, los chicos aún eran pequeños y había que hacer algo. Como el camping ya lo habíamos retomado, pues pensamos en esa loca idea de pasar el mes de agosto completo y yo teletrabajar para poder estar aquí con los niños.
De eso hará ya unos ocho años aproximadamente (el tiempo pasa volando), ahora uno de los chicos ya es todo un hombre y sólo viene de visita, y el pequeño un adolescente que de momento sigue viniendo porque tiene a su pandilla de todos los años, sólo se ven en verano pero durante el resto del año siguen en contacto con sus grupos de WhatsApp.
Ahora la verdad, que no sabría estar un agosto sin esto, hoy ya instalaron el Wifi para poder trabajar y aunque veas al resto de gente de por aquí que van camino de la piscina o están tumbados en una hamaca leyendo un libro, sabes que en un ratito tú estarás al igual que ellos, de momento toca estar un ratito delante de la pantalla pero al aire libre y no encerrada entre cuatro paredes, saludando a unos y otros, escuchando un poco de música en los auriculares y aunque en soledad pero acompañada y con un poquito de tranquilidad (aunque no se sepa hasta cuando).
Este verano no toca viajar, pero tampoco es algo que me preocupe, estando aquí creo que no necesito mucho, las visitas de los amigos que te alegran el día y poco más, así que si gustas estás invitado.
Feliz semana.
B.D.E.B.
*De nuevo la canción no tiene nada que ver, pero es la que suena en este preciso momento.
Y al día siguiente, ya está todo listo, prueba superada y parcela equipada para pasar el mes de agosto y los pocos días que le quedan a julio.
¿Habéis estado alguna vez de camping, en tienda, carro-tienda o caravana? Cabaña o mobilhome no vale porque ahí está todo montado.
El tema es montar, ya sea tienda o algo superior (mis inicios fueron en tienda como la gran mayoría). Te asignan la parcela y ahora toca prepararla para que sea tu «casita» para los días que vas, vais a pasar allí.
En pareja todo es más divertido ¿verdad? Creo que eso no es aplicable a «el montaje en el camping», bueno o sí, porque después quizás te ríes pero mientras estás en ello uffff, creo que si la pareja sobrevive a esto ya sobrevive a todo.
Desde el lugar donde irá la caravana (en mi caso) «un poquito más atrás, no tanto no que no puedo pasar a abrir las ventanas, vale pero si la pongo tan hacia delante no cabe la barbacoa… vale ahí, ese es el sitio», luego te quedas mirando y te callas pero piensas «creo que no está recta del todo, pero a ver quien le dice»
Ahora toca el suelo, «estira de ahí, no tanto, ahora de la otra esquina, se está quedando una arruga y tropezaremos,tú y las arrugas…» cuando ya está todo listo, vas caminando y notas algo, una piedra… «cariño aquí hay una piedra»
-¿y porqué no la has quitado antes?
-Antes no estaba…
Y así se continúa con carpa, tienda cocina y por último la luz, se ha hecho de noche, no pasa nada, mejor no calentamos más el ambiente y cenamos con una luz tenue en plan romántico, después del día de diferencias de opiniones, habrá que acercar posturas 😉
De verdad que luego es un relax total y se disfruta, pero el montaje… o lo tomas a risas o no sé yo.