
Hoy me decía un amigo en un comentario que «quizás los que hemos cambiado somos nosotros sin darnos cuenta», y justo un rato después una conversación me ha llevado a pensar en ello y a reafirmarlo (porque saberlo lo sé desde hace ya tiempo) que he cambiado y diría mucho, pero no yo en sí, sino en mi forma de tratar a algunas personas he cambiado, las sigo tratando con respeto como antes, con cariño (aunque no igual que antes) pero en otros aspectos no, ni les pido consejo, ni me dejo influenciar y mucho menos caigo en la trampa del «chantaje emocional». Procuro cambiar de tema si hablan de personas que no quiero a mi lado ni me interesa su vida y creo que con todo eso ya se han ido dando cuenta, saben que he cambiado con ellos y lo curioso es que no llegan a preguntar el porqué, es más, creo que aunque diera explicaciones seguiría siendo «la mala de la película» un papel que ya he asumido y no me importa hacerlo, porque cada uno ve y escucha lo que le interesa y yo ha llegado un momento de mi vida qué no tengo ni quiero dar explicaciones en situaciones que crearon otros.
Y en esa conversación decía que quien quiere conocerme realmente, se acerca y lo hace, porque puedo ser algo tímida y cerrada pero hay gente que se han acercado a mí y con poquito se han ganado mi confianza y mi cariño, pero supongo que para conocer a alguien, para ver más allá, hay que tener ganas, hay que querer, hay que estar… no todos están o estamos dispuestos.
En ocasiones he intentado acercamientos pero no he sentido del otro lado lo mismo y quizás por eso me he mantenido al margen, otras veces me he sentido un poco ese «bicho raro» por ver que yo opinaba o me mantenía al otro lado de lo que ellos hacían todos juntos y es posible que por eso sea «distinta» no pueda entrar en ese juego y no es que me sienta excluida de él, sino que prefiere quedarme fuera.
Porque fuera tengo a más gente que me entiende, que no me juzgan, que son capaces de conocerme más en unas semanas que otras personas lo han hecho en años.
Llegué la primera y hoy siento que soy la última, que soy la distante, la que se mantiene al margen y no se integra, pero es que no puedo poner una buena cara delante y otra mala detrás, no soy así, si estoy a gusto se verá, si no lo estoy también, si me hacen daño me duele y me curo de que no lo vuelvan a hacer, si me dejas entrar entro, pero tienes que abrir la puerta, o entreabrirla, yo no quiero forzar nada.
Y si por el contrario eres tú quien quieres entrar en la mía, mi puerta está abierta y tú hueco lo tienes, pero esfuérzate un poco en conocerme, en saber lo que me gusta, lo que me inquieta, en saber estar al lado cuando se necesite, esfuérzate al menos en saber quien soy y si después no te interesa, la puerta seguirá abierta, eso sí no quieras cambiar lo que hay dentro, me ha costado demasiadas lágrimas poner cada cosa en su lugar para que vengas tú a destrozarlo.
No soy la mejor persona del mundo, tengo miles de defectos, pero tampoco soy la peor. Me gusta agradecer lo que hacen por mí, siempre, quizás por eso aún siguen algunas personas en mi vida, me gusta decir cuando alguien hace algo bonito, me gusta estar para quienes lo necesiten y dejar claro que pueden contar conmigo, incluso a veces creo que puedo llegar a ser pesada por ello, pero no quiero que nadie que aprecio sufra o libre una batalla en soledad, creo que en eso consiste el «estar», así creo que si algunas personas piensan que «no estoy» o he dejado de estar, quizás es que sin darse cuenta me invitaron a irme y yo tengo otra cosa, donde no me invitaron no voy.
Sólo queda casi que disculparme por este «torro» de domingo tarde, pero era necesario soltarlo y respirar hondo.
B.D.E.B.




