Alguna vez…

Alguna vez…

¿Alguna vez has ido de acampada?

Creo que aproximadamente con trece o catorce años fue la primera vez que fui de acampada, con mi hermana, mi cuñado, mi sobrino mayor (por aquel entonces con dos añitos) y los amigos de mi hermana. Y creo que ahí le cogí el gusto.

Una canadiense, esterilla y un colchón hinchable (nada que ver con los de ahora) y poco más… Después, casi en las mismas condiciones y con saco de dormir, con el instituto a un refugio de montaña en el que otros años dormimos dentro, pero ese año tocó en tienda de campaña.

Estuve durante años yendo a un camping de Villajoyosa, «el paraíso», todos los fines de semana subíamos con mi hermana y el que por aquel entonces era mi novio.

Hemos estado en Anna, Moratalla, Cuenca, Fuengirola… un montón de lugares, primero en tienda, luego en un convertible y después de un impás de unos cuantos años, volvimos de nuevo a eso que tanto nos gusta.

Volvimos con tiendas de campaña, más modernas, más grandes colchones que ya no son lo que eran antes, pero cuando este mundillo te gusta y te atrapa, pues terminas en caravana (y que los años no perdonan).

Más de una vez lo he comentado, me encanta la acampada (ahora ya acampada libre creo que no hay), aunque sea en un camping, aunque sea en caravana, el ambiente de los campistas, el compartir, el tumbarme en una hamaca a ver las estrellas, el escuchar a los pájaros al amanecer, y (como siempre suelo ir cerca de Alicante) el recibir amigos y hacer una barbacoa o un arroz, el compartir con el resto de campistas (ya amigos) y con quienes vienen a visitarnos.

Desconectar, estar todo el día al aire libre, leer tumbada en la hamaca y no escuchar nada por jaleo que haya.

¿Alguna vez has ido de acampada? Muchas y lo seguiré haciendo y no sé si en un futuro, cuando llegue la jubilación, una autocaravana y seguir recorriendo lugares maravillosos de nuestra geografía, por la noche siempre, ver la luna y las estrellas, mi techo favorito…

B.D.E.B.

Valorar…

Valorar…

Estamos acostumbrados a tener algunos servicios básicos, que no valoramos su importancia hasta que de repente un día (llámese lunes 28 de abril) te faltan.

Reunida con dos compañeros en el trabajo, pensábamos que «habían saltado los automáticos», pero viendo que no, han ido a preguntar a la empresa de enfrente y después han ido llegando las primeras noticias. Primero que era en todo Alicante y luego ya en la península…
Algunas compañías móviles tampoco funcionaban, otras a ratos y todo un caos.

Mi compañero me comentaba, que bastantes años atrás podríamos haber seguido trabajando, hoy estamos vendidos, sin luz ni Internet parece que se acaba el mundo, y realmente ciertos trabajos no se pueden hacer.

Hoy justo el chico pequeño salía de viaje con el colegio, yo me he podido comunicar con él y sabía que había llegado bien, pero una amiga no podía hacerlo con su hijo y estaban ya con un poco de ansiedad.

Años atrás nos íbamos de excursión y hasta que no se llegaba al hotel nadie sabía de nadie y no pasaba nada, hoy tenemos que compartir (algunos) ubicación en tiempo real para saber que todo está bien.

Me ha venido a la mente, cuando era pequeña en casa de mis abuelos, una casa en mitad del campo que no tenía luz, nos alumbrábamos con velas y campingaz (esto ya de últimas), el viejo transistor, donde mi abuela escuchaba la radio novela, funcionaba a pilas y la cocina era de gas, y cuando pasaba allí unos días en verano era feliz, si ahora dejamos a un chico con los abuelos y no tiene Internet, muere de aburrimiento…

Pero he de reconocer que a nosotros también nos faltaría algo, sin ir más lejos no estaría publicando esto (aunque lo escribí antes de que hubiera llegado la «normalidad»), nos acostumbramos fácilmente a las comodidades y cuando no las tenemos no sabemos como hacer.

Pero lo peor de todo es que no lo valoramos mientras lo tenemos, nos damos cuenta de su valor cuando nos falta, y lo que es aún peor es que esto no sólo pasa con los suministros básicos, con lo material, en el tema emocional muchas veces cometemos ese mismo error, no valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Feliz lunes (muy lunes) y vamos a valorar lo que tenemos en nuestra vida.

B.D.E.B.

Mostrar lo que veo, mostrar lo que siento…

Mostrar lo que veo, mostrar lo que siento…

Hay muchos de los días que cuando salgo a pasear y me quedo mirando el mar, el amanecer, esas nubes pintadas de colores por los rayos del sol, el reflejo en el mar, no puedo resistirme a fotografiarlo y después mostrarlo, ya sea por aquí en alguna entrada o por redes sociales o en un estado. Me parece tan bonito que quiero mostrarlo tal y como yo lo veo, compartirlo con los demás.

Y así como me pasa con esas imágenes, hay momentos en los que los sentimientos golpean fuerte y también necesitamos mostrarlos, en ocasiones son felices y en otras justo lo contrario.

Cuando son sentimientos de alegría, felicidad, creo que los compartimos con la idea de que quienes nos lean se puedan contagiar un poquito de esa alegría o felicidad que sentimos, a veces incluso pasa, leemos a alguien y sin darnos cuenta sonreímos o reímos, y por un momento nos olvidamos de lo nuestro.

Pero otras veces lo que mostramos no es tan «feliz», no es alegría, en esas ocasiones creo que hasta salen las letras más bonitas, quizás porque sacamos todo ese dolor que sentimos y al salir se transforma en algo bello, aquí no queremos contagiar a nadie, lo mostramos para desahogarnos, para sentirnos un poquito mejor.

En ambos casos es como si tratáramos de sacar una fotografía, en este caso a nuestro corazón, mostrar como nos sentimos así como mostramos eso que vemos, compartirlo con el resto aunque creamos que es más complicado, pero al final todos lo hacemos, de una forma u otra, «disfrazando» las palabras o hablando con más claridad, pero creamos esa imagen de nuestro interior, que a veces no todo el mundo quizá la sepa ver, porque muchas veces nos quedamos en lo primero que vemos, otras nos detenemos a ver cada detalle y es ahí cuando se descubre lo que nos quieren mostrar.

Feliz noche de domingo y que tengáis una buena semana (esta cortita para algunos).

B.D.E.B.

Abrázame

Abrázame

¿Cuáles son tus emojis favoritos?

Cuando después de un viaje o escapada, de estar días fuera, regresas a casa, se te pone una ligera sonrisa de volver a tu hogar, a tu zona de confort, a donde perteneces. Pues algo parecido me ocurre cuando después de unas semanas  vuelvo a mi rincón, a ese paseo por la playa, a ese amanecer (cada día más temprano) y a esa paz tan necesaria.

¿Qué tiene que ver esto con los emojis? Muy sencillo, aquí siento ese abrazo de mi mar mediterráneo, de sus olas, y si tengo que elegir un emoji, sería ese, el abrazo.

Pero da la casualidad que yo siempre utilizaba uno (quizás el más habitual) 🤗 la carita lanzando el abrazo, hasta que hace poco más de un año, alguien (a quien le gusta pasear por la vida, y colarse en la de otros despacio y sin hacer ruido 😉) me mandó un emoji que no conocía 🫂, tengo que reconocer que soy un poco despistada y me tocó buscar para saber que eran dos personitas abrazándose, desde entonces se ha convertido en el favorito, porque aunque el otro lance ese abrazo, este es, no sé,  como que no se queda en el aire, como que sujeta fuerte, así que mi emoji favorito es ése, el abrazo fuerte, en el que te refugias y te sientes como en casa.

Hoy desde mi rincón os mando uno 🫂 con sabor a 🌊.

Feliz domingo.

B.D.E.B.

Debates

Debates

¿Sobre qué temas te gustaría debatir?

Si debatimos, que sea por nuestro próximo destino, si playa o montaña, si frío o calor, si en tren o en avión.

Podemos debatir sobre futuros inciertos, sobre caminos que se unen, sobre sueños, ilusiones.

Debatir sobre películas o series, si pasear o acurrucarse en el sofá, sobre estilos musicales, si evadirse o encontrarse.

Exponer opiniones, nuestra forma de ver las cosas, compartirlas, el uno con el otro, con cariño, escuchar, que te escuchen.

Debatir sobre el amor, juntos los dos.

B.D.E.B.