
Después de más de dos semanas llenas de tormentas, cuando por fin llega algo de calma, respiras, hondo, profundo y sientes por fin que esa ansiedad se va disipando.
Hoy parecía que todo estaba dispuesto para que mi cabeza no pudiera pensar ni dar vueltas a nada, ni un momento a malas penas para preocuparme más de lo debido ni dejar que los nervios se apoderaran de mí, hoy justamente necesitaba (necesito) esa calma que perdí hace ya días.
Y es que justo hoy tengo que ver brillar a una de las personas más importantes de mi vida (mi pequeño), hoy es un día muy especial para él y para una niña preciosa, hoy es el día en que termina una aventura que comenzaron juntos y de la que se despedirán con la misma sonrisa e ilusión que la comenzaron.
Tal como estaban sucediendo las cosas, todo apuntaba a que este día iba a estar un poco empañado, una amiga se había ofrecido para ayudarme si lo necesitaba, a traer calma si había tormenta y a sujetarme de la mano si hacía falta, pero finalmente la calma llegó sola.
Hoy, ahora, toca prepararse y preparar a ese chico para que disfrute, para disfrutar con él, guardar todo lo acontecido en una caja y dejarlo arrinconado, y sacar la mejor de las sonrisas porque él se lo merece, ellos se lo merecen y después de tanta tormenta, esta calma era muy necesaria.
Hoy mi sonrisa es para él, para ella, pero también para quienes habéis estado ahí todos estos días.
B.D.E.B.



