Llego, me descalzo y me pongo a caminar y ahí empieza todo.
Me llevan a un mundo donde sólo se percibe el olor a sal, el sonido de las olas al romper, la suave brisa acariciando tu cara… tu cuerpo y miles de colores en el cielo.
Vas dejando tus huellas y sólo son borradas por las olas, pero eso no importa.
Desconecto, respiro profundamente y paz absoluta.
La arena bajo mis pies, las olas me salpican, los mojan, el único lugar donde camino descalza, sin miedo a golpearme, sin que me duelan.
Caminaría horas y horas sin cansarme, es tal la desconexión que no siento ni cansancio ni dolor, solo bienestar.
Llegas al final y tienes que calzarte para subir a las rocas, pero has llegado, sin calzado, sin nada que te impida sentir el mar en tus pies.
B.D.E.B

