
¿Cuál es tu restaurante favorito?
Si me preguntan por restaurantes tengo varios favoritos, donde no sólo me gusta la comida que preparan también tengo mucho en cuenta el trato que tienen con la gente.
Ahora, si me preguntan mi sitio preferido para comer, o donde me gusta ir a comer, la cosa cambia y mucho.
Me gustaría ir a comer un domingo a una vieja casa, perdida en mitad del campo, justo al final de un camino, dónde sentados en el porche, te reciben una señora con un pañuelo en la cabeza, su vestido de cuadritos oscuro y un delantal negro, sentada en una mecedora y con un bastón en su mano. Justo a su lado un señor delgado, con cara seria ojos azules como el mar y que brillan al verte, tanto cómo para despejar la seriedad del rostro, con su sombrero, sin él no lo reconocería.
Todos los domingos se cocina paella, exquisita, hecha a la leña y con todo el amor del mundo, la señora ya es mayor pero sus hijos se encargan de ayudarle y la vieja casa se llena de comensales, niños y mayores degustan ese plato realizado con tanto esmero.
También me gustaría ir a cenar a una pequeña casita, como también lo son sus dueños, pequeños de altura pero grandísimas personas. Ella con su pelo blanco recogido en un moño, él bajito, regordete y con el poco pelo que le queda blanco también. Te reciben con un caluroso abrazo y un beso en la mejilla. En esa casa preparan deliciosas comidas, por el día se come en el patio, a la sombra de la parra, por la noche en una pequeña sala de dentro y como siempre hay algo que destacar, de este sitio recuerdo unas tortillas a la francesa que la señora con tanto cariño, como sólo una abuela puede tener a sus nietos, las preparaba cada vez que la visitaba.
Y por último, los sábados en mi hogar de siempre, aparte de mi casa propia, la que también lo ha sido y lo será mientras ellos vivan.
Allí te recibía siempre una pareja alegre una mujer con unos preciosos ojos verdes y una sonrisa nada más verte, siempre hablando, dicharachera ella y feliz de cocinar para todos. Él un poco más serio y refunfuñón pero siempre contento de tener su casa llena.
Los dos platos estrella, «arroz en costra» y «caldo con pelotas» típicos de su tierra, aprendidos de su madre y la receta perdura en sus hijas.
A los dos primeros hace muchos años que ya cerraron y no volví a ir, pero recuerdo esos olores, esos sabores, como si fuera ayer, los añoro y los echo muchísimo de menos, principalmente a quienes los regentaban.
El último, lo sigo visitando aunque no se cocina ya allí, la señora perdió el libro de recetas, pero aún así te siguen recibiendo con el mismo cariño de siempre y el amor también nos alimenta ¿verdad?
No hay mejor restaurante que aquel en el que se cocina con todo el amor del mundo.
Feliz domingo.
B.D.E.B.
