
¿Con qué marcas te identificas?
Hace apenas unos meses que contesté a esta pregunta, y era con esa cicatriz que hay bajo el vientre de muchas mujeres y que significa que han traído una nueva vida a este mundo. Pero hay muchas más cicatrices que nos recuerdan aquello por lo que hemos pasado, y a veces en lo que nos hemos convertido o lo que nos han cambiado.
Hace aproximadamente diez años tuve una mala racha de salud y pasé por quirófano tres veces en poco más de un año, todo cosillas sin importancia pero que dejaron marcas en mi piel, y ahí siguen estando, para recordarme (diez años después, cuando volvemos a batallar) que de todo se sale y que cuando algo no es realmente grave no tenemos que darle demasiada importancia porque tarde o temprano pasará (por mucho que ahora nos lleve a veces a desesperarnos).
Por suerte no soy muy coqueta, lo justo o menos, y las cicatrices las veo cómo eso, marcas de las batallas por las que has pasado, que en su día dolieron pero hoy ya no, hoy solo queda esa marca de recuerdo aunque se que en otros casos no son tan llevaderas como las mías, pero aún así dicen mucho, entre otras cosas que seguimos aquí, vivos.
Y también hay otras cicatrices, aquellas que no se ven, aquellas que llevamos dentro en el corazón, esas que sólo dejas verlas a quien crees que lo merece o a quien crees que no te va a dañar, aunque a veces nos equivoquemos y consiga hacer una nueva.
Cuando la herida está fuera, en tu piel, día a día la vamos tratando, curando, hasta que se queda en eso, en una cicatriz y aún así seguimos cuidándola para que se vea lo menos posible. Pero esas otras heridas, esas que no se ven, esas no siempre las tratamos y curamos como necesitan, a veces pensamos que ya han cicatrizado y de repente te das cuenta de que no es así, de que necesitaban «más reposo, más cuidado» del que le hemos dado.
Estas heridas son más profundas y sangran más a menudo de lo que nos damos cuenta, es más fácil que nos engañemos al pensar que ya se ha hecho esa cicatriz y que no volverá a sangrar ni a doler, nada más lejos de la realidad, pasa el tiempo y siguen sangrando y doliendo y haciéndonos a veces hasta casi enfermar.
Y es que esas heridas no solo se curan con el tiempo, para ellas no hay medicina, pueden servir remedios más naturales como pueda ser el cariño, los mimos, los abrazos. ¿Os acordáis cuando de pequeños un raspón se curaba con un simple beso de nuestra madre? pues yo creo que esto es algo parecido.
Así que amigos, nos toca darle a esas heridas el tiempo el cariño y todo lo necesario para que terminen de curar y el día que lo hagan, tendremos una nueva cicatriz, una pelea más ganada y nosotros seremos los que decidamos, si estamos preparados para enseñarla al resto del mundo o a una única persona.
Feliz martes.
B.D.E.B.
