¿A qué ámbitos de tu vida les prestas más atención?
Al ámbito personal, sin ninguna duda, aunque este lo dividiría en tres partes, igual de importantes y que necesito que estén en consonancia para así poder llevar el peso de los otros ámbitos.
Familia, muy importante para mí, sobre todo cuando descubres quienes están dentro y quienes se quedaron fuera (si es que alguna vez estuvieron dentro).
Desde la familia que uno decide crear a la familia que te vio crecer y te ayudó en ello. De los que educas, enseñas y acompañas (codo a codo con tu otra mitad), a los que te educaron, enseñaron y acompañaron, y lo siguen haciendo dentro de sus posibilidades.
Amistades, ¿que decir de ellos? Dicen que a los amigos se les conoce en las malas, y lo único bueno que tienen ciertas circunstancias, es precisamente eso, descubrir que no estás sola y que la palabra AMIGO se escribe así, en mayúsculas porque abarca mucho, te quieren, te aconsejan, te sostienen, te recomponen y se acuerdan de ti, cuidan de que no te sientas sola y tiran de tu mano cuando las fuerzas se agotan.
La tercera es una misma, un ámbito personal que no hay que dejar olvidado, porque está bien que los demás ayuden, pero lo principal es dejarse ayudar y querer salir de ese pozo por difícil que sea. Buscar las grietas donde poner el pie cuando no hay escaleras, mirar hacia arriba y si miramos hacia abajo que sea para ver el trayecto que ya hemos recorrido. Todo ayuda pero la mayor parte la tenemos que poner nosotros, nuestra fuerza de voluntad, cuidarnos física y emocionalmente, esta última parte poner mucha atención, porque la salud mental en ocasiones se descuida.
Prestando atención a esto, creo que lo demás viene ya rodado.
Ahora, por un momento, imagina que se da todo a la vez.
Recibes esa llamada inesperada, quedas al amanecer al lado del mar. Un cálido y sentido abrazo a modo de saludo y os disponéis a caminar por la orilla. Sientes el calor de esos primeros rayos de sol y la brisa del mar acariciando tu rostro, paráis un momento y una mirada directa, su mano sobre la tuya te da esa seguridad que a veces te falta.
Seguís caminando hasta llegar a las rocas, ahí la mirada se pierde en el horizonte escucháis el sonido del mar y ves que en su rostro se dibuja esa sonrisa, sincera, sin forzarla.
A la vuelta espera una taza de café y una larga y amena conversación. El día va pasando entre risas y el sol quiere poner fin a la cita, comienza a esconderse dejando un sinfín de colores espectaculares en el cielo, se nota que el otoño se acerca.
El día acaba pero antes de la despedida falta un pequeño detalle, una luna reflejada en el mar es testigo de que no es una despedida, un hasta pronto, siempre habrán amaneceres para encontrarse y orillas del mar para pasear.
En la pandemia me atrevía con cualquier cosa que me pareciera interesante probar
Cuéntanos cuál fue tu mayor desastre en la cocina.
La verdad que me pongo a pensar y no recuerdo ningún «desastre» como tal en la cocina, si algunos inconvenientes de vez en cuando, como no bajar el fuego a tiempo y que se derrame lo que comienza a hervir o no lograr que salga algún plato como esperabas, pero nada desastroso.
Me gusta la cocina, algunos de vosotros ya lo sabéis y soy feliz entre fogones.
Es cierto que habían dos cosas que se me han resistido durante mucho tiempo, la tortilla de patatas y los arroces, pero con perseverancia he conseguido que al final queden «bastante bien» (según dicen los comensales, porque la opinión mía no sería del todo válida en este caso). Este verano incluso uno de los días hice un arroz para doce personas y no sobró nada ni en los platos ni en la paellera.
Los postres también se me dan bien, pero suelo ir a lo seguro, aunque para este finde me han puesto en un «compromiso» preparar un postre para presentar a un concurso de las fiestas de aquí…
Espero que no os lo tenga que contar como el mayor desastre en la cocina, ya veremos.
Cuéntanos una lección que te gustaría haber aprendido antes.
Hay unas cuantas lecciones que tendría que haber aprendido antes, pero creo que en la vida vamos aprendiendo principalmente de nuestros errores (a veces, porque otras seguimos cometiéndolos una y otra vez), pero la mayoría sí que lo hacemos y aprendemos la lección justo en ese momento, puede ser que tarde pero sirve para no volver a hacer las cosas (si conseguimos que nos entre en la cabeza, sobre todo cuando es dura).
Si tengo que quedarme con una lección me voy a quedar con esa que estoy sufriendo actualmente y es que «no hay que arriesgar por los demás nuestro propio bienestar» al final siempre se sale perdiendo, al menos eso me ha pasado y hoy sé que no tendría que haber arriesgado tanto y quizás hoy todo sería más fácil, pero también sé que si volviese al principio lo volvería a hacer porque siempre confié más de lo que se debe, porque nunca crees llegar a ciertas situaciones, porque cada uno somos como somos y lo malo es que a veces pensamos que los demás son iguales y que lo que tú no harías ellos tampoco lo harán y lo que tú haces también lo harán por ti…error.
Nunca he esperado un reconocimiento porque hacemos las cosas porque creemos necesarias, porque surge en ese momento y lo haces, porque te nace, porque es lo que te han enseñado y porque nunca te niegas a ayudar, aún menos si lo necesitan, incluso cuando haya mucho en juego, material… no importa, los sentimientos van por delante, y al final lo que pierde, lo que duele, lo que daña y rompe, es precisamente eso.
Quizás no era una lección lo que tenía que haber aprendido, quizás fuera aprender a mirar más allá… hoy sé que no estaría así.
¿La tendría que haber aprendido antes? No lo sé, quizás sea ahora el momento de aprenderla y de sufrir las consecuencias.
Aprendemos de los errores, yo cometí uno y el pago de cometerlo es con una nueva cicatriz en el corazón.