
Hay disculpas que sientes que llegan demasiado tarde, no, espera… ¿realmente fue una disculpa? Creo que no, porque para disculparse hay que sentir culpa, hay que sentir que has hecho algo mal y has herido a alguien, pero cuando eso no se ve, quizás sólo se trate de intentar enderezar algo pero sin reparar aquello que has roto… quizás un corazón.
Tampoco se puede, no sólo no pedir disculpas, sino también esperar recibirlas, esperar que la otra persona asuma su parte de «culpa» sin ser consciente de la nuestra.
Todo ello lleva a que la distancia aumente, que lo que antes no molestaba ahora moleste, que se acaben las conversaciones, o se queden pendientes, que uno no vea y otro no quiera ver.
El otro día alguien escribió una moraleja de una fábula conocida pero aplicàndola al amor (esa que me dejó pensando) y decía que para rehabilitar una relación había que ir sin prisas, poco a poco.
Quizás sea eso ir despacio, pasito a pasito, como cuando comenzarmos a andar, tambaleándose y incluso cayendo, pero si esto pasa, comprobaremos si realmente hay alguien del otro lado para ayudar a levantarse…
Evitar buscar un culpable y buscar una solución, cada uno posiblemente tiene su parte de culpa y por eso son necesarias las disculpas, pero lo importante es que no nos quitemos la nuestra poniéndosela al otro, así no se encuentran los caminos, se separan aún más.
B.D.E.B







