Grises

Grises

El gris no tiene porqué ser malo. A veces es ese punto entre lo que uno quiere y lo que quiere el otro, y se llega a ese punto intermedio que es el gris.

O cuando miramos ese camino de la vida y hay días que lo vemos todo negro, otros todo blanco, claro, pero nos olvidamos que también existe ese color gris que a veces poco gusta.

Mis primeros recuerdos de la televisión son así, en tonos grises, aunque siempre se hablaba del blanco y negro, los colores principales que formaban esos grises. Después llegó a casa el color y parecía que daba vida a todo, quizás porque junto a ese color llegó a casa también una mejor época.

Mi primer acercamiento a la fotografía también fue en blanco y negro y los grises que formaban. Ni siquiera tenía cámara, utlizaba la del instituto para capturar esas fotografías y después revelarlas allí mismo, ya hablé una vez de ello en la fotografía .

Hoy con una gran cantidad de colores, de filtros, de ponerlas a tu gusto, cuando retoco alguna suelo irme a esos grises, quizás al recuerdo de aquellas primeras imágenes, de aquella infancia, de aquella adolescencia.

Ese gris que forma parte de mí porque suelo ir hacia él en multitud de ocasiones, cuando todo se va poniendo negro,  camino hacia el gris, quizás porque esté más cerca del blanco que no siempre llego a alcanzar.

Tenemos una gran paleta de colores para pintar la vida, mi color preferido es el azul, del mar, del cielo, pero en esa escala en blanco y negro opto por el gris,  quizás porque creo que también hay que darle una oportunidad.

B.D.E.B.

Lori Meyers – Hacerte volar
Las palabras que no pronunciamos…

Las palabras que no pronunciamos…

Esta mañana me he encontrdo en las redes una serie de viñetas que hablaban sobre las palabras que no decimos, que se quedan ahí, a mitad de camino, y no llegan a ser pronunciadas.

Algunas de ellas quizás por miedo a pronunciarlas, por no atrevernos, otras por no herir, algunas que pensamos que ya no merece la pena ser pronunciadas y otras porque no queremos repetirlas para que de nuevo caigan al vacío.

Y se quedan ahí, en ese espacio que va del corazón a la garganta, formando un nudo que después es difícil de deshacer y lo peor de todo es que si al final lo hace, igual salen todas de golpe, atropellándose las unas a las otras sin preguntar si el receptor necesita saber de todas ellas.

Lo mejor sería no guardarse nada (o casi nada) soltar aquello que necesitamos, que nos angustia, o que queremos que el otro sepa, preguntar si es lo que deseamos, contar aquello que nos mantiene en vilo, aclarar ese malentendido o explicar aquello que quizás no se haya entendido, porque a veces no se trata de decir las palabras, también saber como hacerlo y utilizar las adecuadas.

Desde hace un tiempo callo menos de lo que lo hacía antes, procuro pronunciar todo aquello que necesito, pero aún así, siempre quedan palabras sin decir, sin pronunciar y preguntas sin hacer. Quién sabe si será algún día…

B.D.E.B.

Pablo Ochoa – Lo que no dijimos
Detrás…

Detrás…

Detrás de la montaña está ese lugar que nunca llegué a descubrir, quizás por el vértigo de subir a ella, o la falta de fuerzas para rodearla o el miedo a lo que pudiera encontrar.

La miras de frente, te llama y te gustaría saber qué se esconde tras ella. Te gustaría atreverte, subir a su cima y desde allí observar lo pequeño que es el mundo, aunque tú allá arriba también te verás pequeña, pero eso no importa, sabes que no lo harás.

Hace un tiempo subiste a una parecida, te costó mucho esfuerzo, lágrimas en el camino, notar como las fuerzas flaqueaban y el miedo se apoderaba de ti, pero todo ello mereció la pena.

Llegaste y te encontraste con un paisaje maravilloso, un silencio increíble, una paz que te invadió.

Te encontraste con unos ojos que te miraron con ternura, te recibió una sonrisa, unos brazos que te rodearon y un sentimiento que nació.

Observas la montaña, sonríes, recuerdas… y aún así, no te atreves a descubrir lo que esconde detrás.

B.D.E.B.

Vanesa Martín – Salto mortal
Soledad mágica

Soledad mágica

En ocasiones un momento de soledad nos ayuda a poner en orden todo lo que llevamos dentro, o parte de ello.

Me gusta estar rodeada de mi gente, compartir con ellos, disfrutar junto a ellos. Mantener esas largas conversaciones, desahogarme y escuchar, me gusta mucho escuchar y más si lo necesitan.

Pero reconozco que cuando, por algún motivo, aún en medio de un paseo, de un viaje, de una visita, llega ese momento de soledad y de estar con una misma, de mirar lo que tengo alrededor y además mirarme dentro, de dejar fluir aquello que está atrapado, de soñar despierta. Cuando llega ese momento, lo disfruto casi tanto (en ocasiones incluso más) que estando en compañía.

Así sucedió en ese momento en el que capté la imagen. Sentada en un banco, enfrente justo de aquel solitario, rodeada de esos árboles que parecían abrazarme a pesar de haber perdido sus hojas, inspirando ese aroma que desprendían el resto de flores y arbustos del lugar, dejándome llevar por la magia de ese lugar y por el embrujo de esa ciudad.

Esos momentos son tan necesarios, ese paréntesis, ya sea en medio del caos o del disfrute, los necesitamos igual. Y cuando llegan se disfrutan, respiramos hondo, nos dejamos llevar, buscamos a ese yo que está escondido y que pocas veces mostramos, que guardamos interiormente para que no lo puedan dañar como hacen con nosotros, aunque algún privilegiado en algún momento lo ha conseguido ver, se lo hemos querido mostrar.

Son momentos mágicos que a veces las palabras no son suficientes para mostrarlo, pero estoy segura que cada uno de vosotros, en algún momento también lo habréis vivido.

B.D.E.B.

Kany García – Aunque sea un momento
Los días pasan…

Los días pasan…

Y desde que he regresado ella no se aparta de mi lado

Finaliza una semana intensa en la que creo que no ha faltado de nada (hasta ratitos de pensar en lo que no se debía). Emociones, sensaciones, compartir, admirar, sentir, recordar… y caminar con la mejor compañía.

Primero fue Valencia, con esas fiestas que cada día admiro y disfruto más. Una mezcla de sentimientos entre la alegría y la tristeza que en más de un momento me escogieron el corazón y hasta «dolía» el estar pasándolo bien, me hacía sentir un poco culpable.

Y después llegó esa ciudad que me robó el corazón hace casi veinticinco años, Granada, volver allí es despertar una gran cantidad de sentimientos y emociones que me costaría describir. Pasear de nuevo por sus calles, el Albaicín, el mirador de San Nicolás y desde allí observar la Alhambra…por más veces que lo visite siempre hará que se me erice la piel y que llegue ese recuerdo de aquella primera vez.

Termina una semana de no parar y termino agotada, feliz de haberlo disfrutado, de haber vuelto a sentir todas esas emociones que me provocan cada una de esas ciudades de distinta manera pero igual de bonitas y feliz de hacerlo siempre bien acompañada, con personas que se han convertido en pilares fundamentales en mi vida, que están y me lo recuerdan a menudo para que no se me olvide.

Mañana toca volver a la rutina y, sinceramente, no me da pereza hacerlo, lo único que ocurre es que cada semana que comienza es como si esperara algo que tiene que llegar, que llegará tarde o temprano y sé que en ese momento todo esto que estoy disfrutando, que estoy sintiendo, toda esa felicidad (aunque incompleta) pienso que se podría esfumar y siento miedo, no lo puedo remediar.

Esa sensación de estar disfrutando y feliz pero «de prestado» y que en algún momento alguien llegue a quitártelo, porque me conozco y dejaré que lo hagan por mucho que me mentalice en que no debo permitirlo.

Quizás por eso diga que esa felicidad es incompleta, aunque creo que siempre nos falta algo para ser del todo felices, solo en ocasiones vemos que somos afortunados pero es como que se podría mejorar.

En mi caso ahora mismo me falta ese puntito de tranquilidad que desde hace casi un año no existe, me tiene en vilo siempre de esperar lo que está por llegar.

Mientras llega toca disfrutar de los momentos, mantener la mente ocupada para no sobrepensar y compartir con aquellos que no se apartan de mí para estar cerca cuando llegue el momento.

B.D.E.B.

Paula Mattheus – Cuando nadie mira