Desde abajo

Desde abajo

Hace unos días llegó esta planta a casa. No la conocía, me llamaron la atención sus flores (vistas desde arriba) y se vino conmigo.

Desde ese día se han caído un par de flores pero se han abierto unas cuantas más y la verdad que no puedo dejar de observarla cada vez que se abre una nueva y hoy se me ocurrió tomar una imagen desde abajo. Siempre la veo desde arriba o de frente, si me acerco y agacho un poco, pero desde abajo no las había observado.

Desde abajo se ven diferentes pero me atrevería a decir que hasta más bonitas incluso y es que cuando miramos desde abajo hacia arriba, la mayoría de veces lo que vemos nos resulta bonito.

He recordado cuando de niña miraba a mis padres, desde abajo, ellos inclinaban su cabeza hacia mí y yo levantaba la mía hacia ellos, era un punto de vista diferente pero mi mirada se cruzaba con la suya, hoy les miro de frente aunque la mirada que recuerdo sea la de entonces.

También cuando nos tumbamos al aire libre de noche y vemos el cielo con su multitud de estrellas y, como no, esa luna que a tantos de nosotros nos tiene embelesados.

En mi tierra, donde la pólvora tiene un lugar tan importante, esos fuegos artificiales y mascletás que nos hacen mirar el cielo lleno de mil colores.

Las nubes con su infinidad de formas y de colores cuando en ellas se reflejan los rayos del sol.

Y me gusta mirar desde abajo los árboles, sus copas, cubriéndonos y ofreciendo su sombra esos calurosos días de verano, o las palmeras con sus palmas meciéndose con el viento.

Despertar y que unos ojos castaños me observen desde arriba, con la mirada fija en mi rostro y una sonrisa…

B.D.E.B.

Love of lesbian – Donde solíamos gritar.
¿Por qué a mí?…

¿Por qué a mí?…

Cuántas veces nos hacemos esta pregunta ¿verdad? Y la mayoría de esas veces es porque nos ha ocurrido algo malo y no creemos merecerlo, aunque las cosas creo que ocurren porque sí, porque tienen que pasar y no porque las merezcamos o no, salvo aquellas cosas que uno se busca claro, pero eso ya es otra historia.

Pero también deberíamos fijarnos esas otras veces en que nos ocurre justo lo contrario algo bueno y dentro de esas cosas buenas las que nos suponen algo bueno en lo personal, en lo emocional, en aquellas personas que nos eligen, nos rodean, están y nos demuestran su apoyo.

Hoy ocurrió algo con una persona con la que tengo una relación solo en el tema laboral, profesional, una relación cordial y amigable pero fuera del trabajo nada más. Hablando con ella de papeleos y de historias administrativas ha salido otro tema, ella conoce de primera mano la situación y se ha ofrecido a acompañarme si lo necesitaba en algún momento, sus palabras han sido «sé que tienes gente para no ir sola, pero si tienes que ir finalmente y quieres que vayamos juntas yo te acompaño «.

Hoy ha sido uno de esos días en los que me he hecho esa pregunta «¿por qué a mí?», pero me la he hecho para bien, esas palabras se han quedado rondando en la cabeza y después he pensado en multitud de cosas, en las palabras de otra persona que me está ayudando a asimilar toda esta situación, a quitarme de encima ese sentido de la culpabilidad que me eché encima hace meses. He pensado en aquellos que no me han soltado de la mano en ningún momento, en quienes se siguen acercando a mí y en quienes me permiten estar cerca de ellos.

Y es que la vida creo que se trata de eso, no sé si de merecer o no merecerlo, de que llegan las cosas y tenemos que aceptarlas como lleguen, que posiblemente en ocasiones nos hagan soltar lágrimas, pero que a la vez nos manda también a las personas adecuadas para acompañarnos, cogernos de la mano y ofrecernos ese pañuelo con el que sequemos las lágrimas derramadas.

B.D.E.B.

Kany García – A mis amigos
Oculta

Oculta

Te ocultas tras las ramas pero tu brillo te delata. Quizás solo sea un juego en el que esperarás a quien te vaya a buscar, quien te eche en falta, quien quiera saber de ti.

Un juego peligroso porque es posible que las cosas no salgan como tú crees o quizás te sorprendas y quien menos lo esperas está dispuesto a jugar, a buscarte, a encontrarte…

Te ocultas pero no por esconderte, no para jugar, lo haces porque siempre te gustó estar en un segundo plano, observar desde atrás y salir cuando te sientes segura, y a pesar de ello en ocasiones también te equivocas y muestras tu brillo a aquellos que quisieran apagarlo.

Ella se oculta entre las ramas, tú lo haces tras las sombras y solo cuando la noche se adentra, desaparecen las sombras, tú avanzas y ella se alza arriba de esas ramas y desde allí ofrecéis vuestra luz a quienes temen la oscuridad.

B.D.E.B.

Leiva – En el espacio
Al otro lado…

Al otro lado…

En mis paseos suelo mirar hacia el mar o de frente, donde además del mar veo ese faro que me sirve de guía hacia mi rincón favorito, pocas veces miro hacia el otro lado. Pero la otra tarde, miré hacia allí, comenzaba a oscurecer y la ciudad comenzaba a iluminarse, y allí estaban ellas, esas majestuosas palmeras vigilantes del mar, adornando el paseo y con el aire abanicando sus palmas.

Mirar hacia el otro lado, que pocas veces lo hacemos ¿verdad? Quizás porque estamos acostumbrados a mirar hacia el lado cómodo, bonito, el que ya conocemos y nos es familiar, el que no importa cuantas veces miramos que seguimos haciéndolo, fotografiando y guardando esos momentos cada vez que podemos.

Pero ¿y el otro lado? Ese que no es tan bonito, tan llamativo, el que no es tan cómodo y nos es desconocido…

Ese otro lado deberíamos de mirarlo de vez en cuando, porque dentro de su «aspecto común» de repente nos podemos sorprender con una imagen maravillosa que solo podremos descubrir si nos atrevemos a mirar un poco más allá de lo que vemos habitualmente, sólo si miramos a ese otro lado…

B.D.E.B.

Beret y Melendi – Desde cero
Cuando al final lo haces…

Cuando al final lo haces…

Ayer tarde, al final, decidí hacerlo. Me calcé mis zapatillas, cogí la mochila y me fui a dar ese paseo por el mar que tantas ganas tenía.

La tarde estaba fresca, aquí vamos al contrario, después de un mes de febrero con máximas de hasta 25° llega un marzo un tanto frío para lo que estamos acostumbrados, pero no importó, seguí paseando con esa brisa (más que brisa aire) fría azotando en el rostro y alborotando el cabello.

La playa estaba prácticamente desierta con algunas chicas jóvenes posando mientras la amiga le sacaba la «foto ideal» para subir a redes y alguien tan «raro» como yo, paseando por la orilla con ese frío y sin mucho abrigo, creo que nos dejamos abrigar por un atardecer precioso al otro lado del mar mientras la luna aparecía queriendo reflejarse en él, pero el oleaje se lo impidió.

Resultado de ese paseo fueron unas cuantas imágenes y un vídeo cortito, con la tentación de enviarlo a alguien y al final…

Otro resultado fue despejar la mente, pensar y una vez más, utilizar ese mar como terapia que buena falta hace.

Al final lo hice sí, y hoy he seguido haciendo, sacar lo que pesa, lo que es necesario decir, traer de nuevo la paz, decir las cosas despacio, desde el corazón pero haciendo saber lo que siento y el porqué de las cosas.

En ocasiones tenemos que hacer las cosas sí, sobre todo cuando nos hacen sentir mejor, cuando nos traen paz, tranquilidad. Aunque no nos atrevamos del todo, aunque ese vídeo se quede sin enviar…

B.D.E.B.

Míriam Rodríguez – Desperté