Un café…

Un café…

Un café delante y alzo mi mirada, la observo moverse, capturo el momento y regreso al café. Mientras lo saboreo lentamente sigo observando todo lo de mi alrededor, en ese lugar de costumbre.

Enfrente mía en una mesa y solitario como yo, un hombre joven, lee un libro y no puede contener la risa. De vez en cuando suelta una pequeña carcajada, intentando que no sea muy fuerte pero lo suficiente para que llegue a mis oídos, me sonrío, me encanta ver a la gente reír así, con una lectura o con alguna imagen o con un chiste que le contó su acompañante… es bonito ver reír, y más bonito aún hacerlo.

En el otro lado una pareja desayuna, parecen ajenos al resto, confesiones entre sorbos de café, miradas que lo dicen todo, un croissant compartido. Me da un poquito de esa envidia sana, luego recuerdo que en alguna ocasión yo también he estado viviendo una escena parecida, vuelvo a sonreír.

Un sorbo a ese café que se va quedando frío, no importa, me gusta caliente o frío, lo importante es saborearlo.

En el centro hay una mesa grande, redonda y con unas siete u ocho sillas alrededor, todas ocupadas. En ella varias conversaciones a la vez algunas parecen más serias, otras divertidas, solo hay que fijarse en sus rostros, hablan por si solos.

Al fondo una pareja mayor, van acompañados de su perrete, está quieto sentado al lado del señor y con su mirada suplicando un bocado de esa tostada que tiene una pinta deliciosa. El señor parece que lo ha intuido y disimuladamente agarra un trocito y acerca la mano al peludo para dárselo.

El último sorbo de café y mi mirada se dirige arriba de nuevo, hacia ella. Es curioso que nunca me había fijado en su presencia. Ese sitio que visito habitualmente los domingos y hasta ese día no la había visto, es como si ese día hubiese aparecido al igual que las personas que estaban allí, siempre extraños, rara vez coincido con alguien al que haya visto anteriormente, o quizás no me fije lo suficiente en sus rostros.

Quizás esté más pendiente de ese café y de mirar hacia el mar.

B.D.E.B.

Ricardo Arjona – Sólo quería un café
Caminar…

Caminar…

Las huellas de dos que caminan juntos, alineadas, con el mismo paso, el mismo camino, van dejando ese bonito pasillo a orillas del mar.

Un caminar que a veces se vuelve complicado, no siempre termina con esas dos hileras de huellas una al lado de la otra.

En ocasiones se divide en dos caminos diferentes, o uno se cansa y decide dar la vuelta, o incluso una piedra en el camino hace que uno de ellos la bordee, la salte o intente quitarla, el otro sin embargo no se atreve y decide abandonar el caminar.

Desde atrás observo esas huellas, me atrevería a decir que con un poquito de envidia, las mías en la arena siempre forman una sola hilera, pero en la vida caminamos por más lugares, en algunos solo quedarán mis huellas, en otros irán acompañadas…

B.D.E.B.

Zona- Labios rotos

Escape…

Escape…

Hoy el día comenzaba así, casi me da tiempo a pillarlo porque cada día amanece más temprano y por ello, y los compromisos de los últimos fines de semana, llevaba un par de semanas sin poder ir a cazarlo.

Hoy tocaba, a pesar de que la noche no ha sido todo lo buena que debía de ser, hoy madrugué y llegué justo cuando acababa de asomar por el horizonte.

Es curioso porque cuando vas aún más temprano que de costumbre, ya no coincides con los de siempre, la playa aún estaba más solitaria que de costumbre, solo con un par de personas como yo,sacando fotos al horizonte y paseando en silencio por esa orilla que estaba bastante más cerca que de costumbre, últimamente la marea ha subido bastante en toda esta zona de costa y el mar se va apoderando de esa zona de arena donde sentarnos a observarlo y sentirlo.

Llegué hasta mi lugar con el cielo nublado, el sol intentando escaparse y las nubes queriendo impedírselo, al llegar allí yo como siempre «escapé» del mundo y él también de las nubes, sentada en una roca sentí su calor en las mejillas, la caricia de la brisa y me trasladé a ese otro lugar en el que me siento libre, segura, donde nada preocupa y solo se siente paz.

Ese ratito creo que fue suficiente, que es suficiente, a veces nos hace más que una hora de otro tipo de terapias, es capaz de sanar esas cicatrices que llevamos dentro, detener las tormentas y hacer que brille el sol y cambiar las pesadillas por sueños aún por cumplir.

Más tarde, el sol fue atrapado de nuevo por las nubes y yo por este mundo, pero con una sonrisa recordé que todavía queda en este mundo mucho(s) que merece(n) la pena.

B.D.E.B.

Maldita Nerea – Mira dentro
A ti, a ellas…

A ti, a ellas…

Imagen de Tinta violeta

Tuviste la «gran suerte» de ser la mayor de las hembras en una familia de siete hermanos.

Desde niña aprendiste a hacer las tareas de la casa, a cuidar de tus hermanas y hermanos, y en tu «tiempo libre» a recolectar en el campo las verduras de la temporada.

Esa fue tu escuela…

Cuando nadie te veía, tu sola y sin ayuda, probablemente con algún cuaderno usado de tus hermanos, te enseñaste a leer y escribir, a sumar y restar, lo básico…

Creciste, te enamoraste, de un hombre que no era del agrado de tu padre «te merecías más» quizás seguir ayudando en la casa por el resto de sus días, pero te plantaste, desobedeciste sus órdenes y te casaste con el amor de tu vida. Creaste tu propia familia.

Junto a él luchaste contra todo, peleaste y trabajaste para que no faltara nada en tu hogar, sin grandes lujos pero siempre hubo lo básico y mucho amor.

Hoy quizás tú no puedas contar tu historia porque no la recuerdes, pero yo sí, me la contaste en muchas ocasiones y aprendí de ti, a ser fuerte, a luchar por mis sueños, a amar y a crear una familia bonita.

Hoy mis letras van para ti y para todas aquellas que como tú, en la sombra de su hogar o en público, lucharon por algo mejor, por una vida sin órdenes, sin sumisión, por compartir y no obedecer, por quererse, por ser iguales, andar al lado y no detrás.

A ti, a ellas, a nosotras…

Feliz día de la mujer.

B.D.E.B.

Imágenes de la Red, letra y voz B.D.E.B.
Sigo aprendiendo

Sigo aprendiendo

Porque hay lugares que siempre son especiales y volver con quienes nunca habías ido, aún lo son más…

¿Qué ha sido lo último que has aprendido?

Y un año después sigo aprendiendo, porque en la vida nunca dejamos de hacerlo.

En este año he aprendido a soltar lo que nos hace daño, a alejarme de aquello que en lugar de aportar me quita tranquilidad.

He aprendido lo importante que es el apoyo de otros, que pasar de las lágrimas a la sonrisa a veces se consigue con un abrazo.

Que las letras unen por muchos kilómetros que hayan de distancia.

Que las experiencias compartidas se disfrutan aún más, que regresar a lugares con otras personas es crear nuevos recuerdos.

He aprendido a valorar aún más el poder de un abrazo, de un mensaje, de una llamada, a valorar el estar, quienes están…

También aprendí que no todos son lo que dicen ser, que no todos están cuando deberían y que no todos somos «iguales» por mucho que nos digan que sí lo somos.

Que las palabras se las lleva el viento y que los hechos son los que permanecen.

Que tú, y tú, y también tú, estuvisteis, estáis y sé que estaréis.

Y por eso siempre…Gracias.

B.D.E.B.

Kany García y Natalia Lafourcade – Remamos